miércoles, 27 de mayo de 2026

Tom Ribeira, "Pedaço"

 



A riesgo de contradecirme respecto al comentario con el que comenzaba la reseña anterior, la de Ana Roxanne, creo que en el caso del debutante Tom Ribeira resulta conveniente desde ya recomendar encarecidamente su primer ep, ratificadas la inusitada madurez y así como la esplendorosa solvencia de las seis canciones que integran "Pedaço", su carta de presentación, tras ir desgranando previamente varias de aquellas en una proactiva campaña en redes sociales.

Arranca con una crónica de las venas abiertas de América Latina tomando como centro de operaciones el lugar de origen de este compositor, es decir, Botucatú -en la región de São Paulo-, que es como se titula propiamente la primera canción. El tono grave y robusto de su voz no es lo único que llama la atención haciendo una prospección inicial, sino igualmente la curtida instrumentación que lo acompaña. En la propia "Pedaço" adquieren un protagonismo destellante los coros de las más que prometedoras cantantes Agnes Nunes o Bruna Black -de la segunda, sospecho, tendremos que hablar en este blog más pronto que tarde-, transicionando con total naturalidad hacia el reggae de la siguiente, "Baião de Dois". En el slow samba "Marroquina" se atreve incluso con alguna frase en francés, remanente idiomático de su aventura por tierras galas en intercambio durante un tiempo.




Pero lo mejor está reservado para las dos últimas piezas, como son "Juba" y "Vênus ou Urano". La primera se vale de unos arpegios -y un acompañamiento de sinte idiosincrático- cuyo molde ha explotado hasta la saciedad Djavan, logrando sin embargo Ribeira en todo momento evitar el plagio o el mero cliché. Más inclinada a la samba-canção puramente clásica se encuentra la última, dejando un inmejorable sabor de boca en lo que concierne a los contrastados activos artísticos de este joven valor.


viernes, 22 de mayo de 2026

Ana Roxanne, "Poem 1"

 



Cada vez resulta más sabio no precipitarse a recomendar a artistas que, más allá de la pura novedad, al principio no llegan a dar con la tecla de una iniciativa en la que, no obstante, se intuyen algunos mimbres. En aquel momento quedas muy bien de cara a restregar al personal tus descubrimientos, simples revelaciones, pero acabas generando un ruido que, vista la sobreabundancia de oferta, no hace sino malgastar un tiempo precioso en detrimento de discos contemporáneos más valiosos.

La californiana de orígenes filipinos Ana Roxanne saltó a la palestra en 2019 con el ep -o mini-álbum- "~~~", donde la espiritualidad planteada entre sonoridades vagas de grabaciones de campo se confundía con una new age de aerolínea aérea y, finalmente, un ejercicio de meditación un tanto vacuo que no llegaban a cuajar por ningún lado. Un avance resultó ser "Because of a Flower", editado un año después, que parecía dejar más poso lírico a varios niveles, pero sin convencer todavía en exceso. Igualmente el disco homónimo de Natural Wonder Beauty Concept, grupo paralelo de Roxanne junto Brian Piñeyro, más conocido como DJ Python, donde se internaban en una algo inquietante indietrónica echando mano de auto-tune y de resultados aún dispares (siempre mejor cuanto más escorados al pop, como en "World Freehand Circle Drawing").




Ahora llega "Poem 1", editado por Kranky (como todo lo anterior suyo en solitario), que ha supuesto el primer aldabonazo serio a su carrera, más allá de la inyección de márquetin -subterráneo- pertinente. Su disco, de largo, más maduro e incisivo, justo cuando ha decidido apostar sin titubeos por la expresividad y depender ya menos de la mera inmanencia reverberante. Y es en cortes como "Berceuse in A-flat minor, Op. 45", en la procesional "Untitled II" o en la solemne "Cover me" (una especie de góspel cataclísmico) donde se destapa definitivamente como una alumna aventajada de Mimi Parker, transitando con convicción entre partituras que no por ser de apariencia sencilla quedan exentas por otro lado de certera sublimidad. También se me ocurre plantear a modo de apunte el rastro de la británica Anne Clark en el sugerente spoken word visionario "One Shall Sleep".

Si en aquel primer ep titulaba una canción "It's a Rainy Day on the Cosmic Shore", ha merecido la pena esperar pacientemente a que escampara para verlo todo con una profundidad anhelante. Para disfrutar de los contornos y de todo su peso placentero. Corazón perfilado.


lunes, 18 de mayo de 2026

Juçara Marçal & Thais Nicodemo, "Dessemelhantes"

 



Muy lejos de acomodarse en un rol de intérprete al uso, la fluminense Juçara Marçal desafía las normas de la música popular brasileña para internarse por vericuetos imprevisibles, esos que aúnan (o compaginan) experimentación y reinterpretación, con carácter, de sonoridades clásicas. Adscrita desde hace décadas, y en concreto, a la escena paulistana -en los tiempos de Vésper Vocal, su primer grupo relevante-, Marçal ha ayudado muy mucho a poner en solfa los preceptos de aquella tradición sonora con discos en colaboración -"Padê" (2008), junto a Kiko Dinucci-, discos en solitario como "Encarnado" (2014) o rock de alto voltaje con su otro grupo Metá Metá, formando alineación con el propio Dinucci o con Thiago França. Por no hablar del delicioso (de momento) díptico "Sambas do absurdo" junto a Rodrigo Campos y Gui Amabis, cuyo segundo volumen fue destacado en nuestro blog en 2022. Todos ellos nombres relacionados con la escena Clube da Encruza, inquieta agrupación dedicada a explorar la colisión entre el propio samba, el art-rock, el drone o el jazz más volcánico.

En "Dessemelhantes", realizado a medias con la pianista Thais Nicodemo, ambas realizan un loable ejercicio de desestructuralismo dentro del ámbito de la Modern Classical, valiéndose del repertorio ajeno de esa troupe variopinta que es a su vez la Nova Vanguarda Paulistana. Regado por un minimalismo elegante y sentido, Marçal y Nicodemo reorientan esa serie de versiones hasta dotar a las originales de una profundidad y una magia que, en muchos casos, brillaban un tanto por su ausencia o eran pergeñadas de inicio desde un punto de vista mucho más convencional.

"Isso é o que se diz, irmão", escrita a medias entre Eduardo Climachauska y Guilherme Heild, e incluida en el disco pre-pandémico "Corpo Nós" (2020) del segundo y con la voz de Maria Gadú, prescinde del aire tropicalista de aquella lectura para adentrarse en una especie de tango post-modernista de tacto contundente. "Dessemelhantes" es la única composición donde interviene Marçal, a medias con su parteinaire de Metá Metá França, y donde se suma a las teclas de Nicodemo un sinte de  pulso dramático verdaderamente conseguido.




"Cavaquinho" estaba en el primer disco solista de Rodrigo Campos, "São Mateus não é um lugar assim tão longe" de 2009, y ahora gana en versatilidad vocal por parte de Marçal, así como en gracia ejecutante por la de Nicodemo. "Maria", original de Maria Beraldo, se arriesga en "Dessemelhantes" a una textura mucho más espectral y soterrada.

En "Eu não duro" volvemos a Clima, o lo que es lo mismo, Eduardo Climachauska, que la incluyó en su "La Commedia é Finita" de 2019 en clave de rock mestizo derivativo: Marçal y Nicodemo la reducen al esqueleto con el mismo garbo con el que habían enfrentado "Cavaquinho". Para "Eu Lacrei" reordenan el bolero deformante que su autor Negro Leo había acometido en "Desejo de Lacrar" de 2020.

El maximalismo improvisado del que ya venía insuflado el "Merecedores" de Caxtrinho -con una letra esquinada en la tradición del Caetano Veloso más cáustico- adquiere aquí un cuerpo más ligero pero no por ello menos incisivo. "É Mesmo Assim", con esa referencia melódica circular que es el "Parabolicamará" de Gilberto Gil venía en el disco de debut, homónimo, de Passo Torto (2011), por cuyas filas pasaron Dinucci, Campos y Marcelo Cabral. Para terminar "A Gente Se Fode Bem Pra Caramba" sustituye el aire de reggae pop a la manera de Titãs que emulaba Kiko Dinucci en su "Cortes Curtos" de 2017, para simular un canto de pájaro metalizado en la reinterpretación de nuestras protagonistas.

Qué manera de agitar el avispero de la penúltima hornada afrobrasileña: encomiable.


viernes, 8 de mayo de 2026

Present Nature, "Present Nature"

 



Hay ocasiones en las que no hace falta explayarse en antecedentes, en detenerse en biografías, para poner en contexto una serie de canciones que hablan por sí solas. El británico Johnny Woolnough -de Leeds, para más señas, y afanado en la escena jazz local- pertenece a esa categoría de alquimistas pop que moldean y vuelven a moldear hasta alcanzar el sumun del detallismo en cada una de sus composiciones, siendo todo su objetivo imbuirse de la ansiada intemporalidad. Una más que suficiente carta de presentación.

Con una producción -tan esmerada como quizá demasiado homogénea- del ex-The Coral Bill Ryder-Jones, el debut de Woolnough al frente de Present Nature carga las tintas en el mismo proceso de artesanado de otros prebostes de flema idiosincrática de las islas: clásicos ya como Trashcan Sinatras en "Picaresque", "Columba" o -vía John Barry- "Never Let Me Be", The Lilac Time en "Man Knows", Roddy Frame en "Bluebird", Michael Head en "There'll Come a Time" o "A Mother to a Girl" (en esta última con gotas de Paddy McAloon), pero también combos más actuales como sus medio tocayos Nature TV en "Spun On a Miracle" o "God Help Me Please" se antojan nombres que sirven sobradamente para situar a Present Nature en el mapa. Eso sí, sorteando en todo momento con prestancia la imitación o la caída en el mero cliché.




Cierran la ponencia con esa purificante y demoledora "These Are The Ways I Pray" que redondea una concepción de la música popular a día de hoy poco menos que medieval, pero que logra descollar, todavía, a base de honestidad y aplomo en pos de una belleza compartida todavía reconocible.