No siempre se debe desperdiciar el aliento a los grupos más veteranos por el entusiasmo ciego hacia la pura novedad. Aunque el concepto de "disco de madurez" sea a menudo tan irritante como el fervor por el mero hype, la labor de los analistas debe ser el de manejar y ensalzar con tacto y buen criterio el espacio que unos y otros van dejando en sus aciertos y conquistas en todo momento, o por lo menos en el tiempo que a esos mismos críticos les deje el contacto sereno con sus obras.
El dúo japonés de querencia alternativa formado por Chinatsu Shoyama y Shinichi Ogawa, con hiato pronunciado a sus espaldas -momento en el que Shoyama, por ejemplo, montó Celebs junto a, ni más ni menos, Eiko Ishibashi-, alcanza ya los más de treinta años de trayectoria. Arrancaron mimetizando -sin demasiado lustre, todo hay que decirlo- las enseñanzas de formaciones como Galaxie 500, Seam o Guided by Voices en sus tres discos de los años noventa, lo que les llevó, eso sí, a contar con el apoyo y la simpatía de pujantes próceres de la siguiente camada de corrientes del slowcore y derivados como Low, que ejercieron de anfitriones de Sugar Plant en giras de estos por Estados Unidos.
Un cambio a hacer notar se produjo con su cuarto disco, el aclamado "Dryfruit" (2000), que estrenaba milenio, década y una evolución dentro de su paleta sonora por una parte hacia ritmos aún más sosegados y por otra hacia una sofisticación en sus arreglos, acercándoles incluso a formaciones de pop adulto como Dip in the Pool. "one dream, one star", editado por KiliKiliVilla reincide en el refinamiento de los últimos lustros pero, a la vez, en un corte como "Travelling", retoma en parte los sonidos más adustos de su primera etapa con una claridad de ideas que no se terminaba de plasmar en aquellos días. Es en la secuencia de cortes donde se observa -desde la inicial "Sunrise"- ese viaje del dream-pop pulido, cristalino y preciosista -"Calling" o el cuasi-hit "Anything" recordarán a The Sundays o a los The Innocence Mission de "Umbrella"- con ocasionales adornos electrónicos, a una progresiva 'velvetización' en el tramo final del repertorio que desemboca en "Only to Know You" o la citada "Travelling", que parece salida del tercero de los de Lou Reed.
La suya no es una propuesta ni original ni arriesgada, pero lo que hacen lo perpetran a la perfección, redondeando unas melodías y unos ambientes con mucho oficio -es diferencial el exquisito tratamiento de los colchones de teclados en todo el metraje- y sensualidad (siendo el sumun "Blue Submarine"). Impecables desde cualquier punto de vista.
Como se han superado en mimo y delicadeza respecto a sus habituales coordenadas, no queda otra que proclamar sin titubeos que Sugar Plant han publicado el mejor disco de toda su carrera.

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