Este no es un caso habitual. Me explico: suelo elegir los discos de los que hablo aquí por la consistencia general de los mismos. Dicho de otro modo: me tienen que gustar de principio a fin, porque si no tengo pocos reparos a la hora de defenestrarlos. "Oh Yeah?", el tercer disco en solitario de Steve Lacy, guitarrista de los californianos The Internet, sin embargo, aunque corra el peligro de bordear la irrelevancia artística durante varias fases de su duración, inesperadamente logra salir a flote gracias a una inusitada capacidad de atracción, cuando a menudo los ingredientes utilizados podrían hacernos pensar en un trabajo falto de concreción, algo espurio o desganado.
La fórmula de Lacy, ya desplegada con más músculo en "Apolo XXI" y "Gemini Rights" -sus anteriores trabajos-, apuesta más que nunca en "Oh Yeah?" por rebajar tensión sonora -que no lírica, aunque en dicho apartado domine mayormente la estupidez y el descargo afectivo más ramplón- en una especie de r&b acústico, alisado a conciencia, con barnices de neo-soul por aquí y otros más de indie-rock noventero (que otros, precavidos, lo verbalizan dentro de la neo-psicodelia) por allá. Simplificando quizá demasiado, diríamos que esa dicotomía de texturas se reparte coincidiendo con la primera mitad por un lado y la segunda por el otro. Y para entendernos en términos genéricos: más cerca de la sutilidad que capitalizaba el "Essex Honey" de Blood Orange que de cualquiera de las producciones de Frank Ocean.
El meollo del disco, a mi parecer, se encuentra claramente en aquella primera mitad. Cuando Lacy juega más con la electrónica y el sentimiento intimista, ahí es donde se puede sacar más oxígeno y frescura del todo. En ese sentido, claramente, es en "The Feeling" donde pivota dicho favoritismo. La mejor de todas sin discusión, gracias a una melodía hipersexy que va creciendo y ganando en matices según avanza el segundero en el reproductor, hasta desembocar con gran acierto en un espectacular fraseo. "Pure Colour" (con la colaboración estelar de Erykah Badu) se hace valer, y mucho, gracias a un falsete y un minimalismo instrumental como los que hacían de Prince un caso aparte. "Show You Me", mayormente espartana, se acaba gustando a sí misma -y contagiando al oyente- con un maullido a modo de teclado fingido la mar de resultón. Teclado que en la canción homónima del disco pone la osamenta y el clímax por debajo de una melodía que vuela sin dificultad.
Es en la segunda mitad donde surgen más los problemas: "Doom", la más floja del lote, apuesta por hacerse comandar con rasgueos de los de hace treinta años (y más), en una tierra de nadie entre The Breeders, New Radicals y Outkast, aunque gana puntos en el último tramo, transformándose radicalmente en otra cosa más digerible y tierna. "Nothing", la mejor de la cara más pálida, borda un groove con la acústica y luego una melodía encima realmente afectuosa. Del binomio "Nice Shoes/In Your World" nos quedamos sin pensarlo demasiado con la segunda, orientada a la balada sedosa, con el flow de Marvin Gaye o Barry White.
Con pocos mimbres, y muchas veces bastante discutibles, Steve Lacy ha lanzado uno de esos milagrosos artefactos que ganan en la 'foto finish' de la ratificación crítica. Pero puede correr todavía más y mejor, y no dejar en tan suspenso sus muchas aptitudes.
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