Vaya por delante el hecho de que no tengo especial sintonía con el denominado (pop)rock argentino casi en cualquiera de sus manifestaciones más reconocibles. Empezando por el santoral supuestamente intocable de los García o Spinetta, y siguiendo con los fenómenos comerciales y/o más o menos de culto de Soda Stereo, Virus, Sumo o Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Escena(s) sobredimensionada(s) gracias a su poder mediático en buena parte de Latinoamérica (llegando hasta México), sobre todo en los años ochenta, del que cuesta impresionarse -si no has vivido de cerca ese contexto- a poco que se tenga conocimiento de lo que se cocía a la vez (o unos pocos años antes) no solamente en Inglaterra o Estados Unidos, sino mismamente en España, Francia, Chile o Brasil.
Baste recordar que el grupo de Gustavo Ceratti era en su primera etapa otro de esos cuasi-clones de Simple Minds -en España sabemos bastante de eso: ahí están los enfáticos Danza Invisible, que en algunos momentos se parecían como dos gotas de agua a los propios Soda Stereo; por no hablar de Héroes del Silencio, con los que los autores de "Signos" comparten una similar e irritante épica- para apuntarse después al carro de la pasteurización shoegaze y acabar representando como pocos ese indie-rock flácido de tonalidades neutras, en castellano, que todavía tenemos que padecer en pleno siglo XXI a través de cualquier campaña publicitaria, festival de verano o pabellón 'arena' que se precie.
También es interesante subrayar que de los malogrados Virus sobrevuela la leyenda en la que cambiaron su simpático power-pop-rock nuevaolero, con alguna propensión a sonidos ska, por el afectado sonido new-romantic tras una revelación mariana después de una visita a España, sospechamos, tras presenciar o descubrir a grupos de la escena valenciana del ramo como Glamour o Video, o de la capital del reino como Mecano.
Un caso diferente, por identificable y más asumible en los códigos que manejaba, y marcado por un cierto malditismo a nivel de difusión fue el de Los Encargados, grupo liderado por todo un visionario del synth-pop austral sudamericano como es Daniel Melero. Formados a principios de los ochenta, Los Encargados tuvieron que padecer la típica incomprensión del personal cuando se presentaban en escena con los primeros sintetizadores y con actitud no-rockista, lo que les valió acabar sumidos en el ostracismo, ver abortados nada menos que dos discos inéditos y acabar publicando uno solo (hipotéticamente el tercero), que acabó ostentando el marchamo de disco de culto, pionero, no pudiendo evitar sin embargo la inmediata disolución del trío (con Mario Siperman que después pasó a formar parte de Los Fabulosos Cadillacs, y Luis Bonatto), a los que se añadían Alejandro Fiori, Sergio Mariani y Hugo Foigelman, disolución un año después del lanzamiento de "Silencio", que el próximo mes de agosto cumplirá su cuarenta aniversario.
Podemos ubicar dicho álbum en un sonido electrónico refinado, a veces oscuro, algo indescifrable en el apartado lírico (o, si se quiere, ambiguo) que muchos aficionados de, por ejemplo, el pop español avant-garde de los ochenta pueden detectar y hasta apropiarse con total naturalidad. Empieza con "Orbitando", un clásico instantáneo en la línea de las canciones más evocadoras de La Mode, con la afortunada inclusión en la parte final de saxo. Su mejor canción.
"Trátame Suavemente" había pasado previamente a la historia por culpa de la versión de Soda Stereo incluida en el debut de estos de 1984, haciendo de ella de paso un imperdible de su repertorio. La conexión Cerati-Melero no solamente quedó en esta cesión inicial, sino que continuó con el propio Melero participando en el álbum de Soda en calidad de teclista y asistente, así como en futuras producciones de los autores de "De Música Ligera" como "Canción Animal" o "Dynamo" e incluso en un disco conjunto de ambos líderes como "Colores Santos", de 1992. No obstante, hay que dejar constancia de que la lectura de Los Encargados de "Trátame Suavemente" es claramente superior a la de Soda Stereo.
"Sangre en el Volcán" o "Un Disparo de Luz", inquietantes y perversas, recuerdan temáticamente, y en texturas, a las intrigas en "La Muralla China" de los Zombies de Bernardo Bonezzi o a algunas de las "Canciones Profanas" de Dinarama + Alaska.
"Líneas", como las dos primeras del disco, es otra de las imperdibles -en un itinerario muy similar al que transitaba aquellos años otro argentino, este exiliado, como Ariel Rot- con esa emoción volátil, conteniendo algunas de las frases más precisas y memorables de la evocación sentimental: "Hay canciones que se llevan algo de uno cuando terminan (...) / No puedo recordar la primera estrofa/ de la canción que siempre quise cantarte/Pero no importa, pues veo que nada altera/Este viejo romance". Esta canción -que les emparenta como nunca con los Virus de aquel tiempo- abre una segunda cara todavía más sombría y etérea que la primera, con un par de instrumentales, para acabar el conjunto con "Creo Que Estamos Bailando", y vuelta al tecno-pop elegante y a algo del ímpetu inicial.
No puedo dejar de llamar la atención sobre otro disco de la época, complementario a "Silencio", donde la sombra de Daniel Melero fue bien alargada, y es el disco de Carlos Cutaia Orquesta de 1985. Cutaia fue, entre otros, teclista de formaciones míticas de los años setenta como La Máquina de Hacer Pájaros de Charly García o Pescado Rabioso de Luis Alberto Spinetta. Coincide a mediados de los ochenta con Melero, quien le seduce para introducirse en el pop sintético del momento, dando lugar a un disco fantástico, donde el propio Melero ejerce de cantante -y co-compositor junto a Cutaia-, generando un curioso híbrido entre Satie, el manierismo ambient de John Foxx, la fantasía electro-jazz-funk de The RAH Band o el pop industrial del Aviador Dro y Sus Obreros Especializados. Incluye gozadas futuristas y sofisticadas como "Visiones Incomunicadas", "Murmullo Atonal" o "Sensación Melancólica".
Melero continuó después de Los Encargados con una carrera en solitario realmente fructífera, muy a menudo en los márgenes, coqueteando con lo experimental pero sin perder nunca de vista a la vez el pop más selecto, y tejiendo complicidades por doquier. Hasta nuestros días.
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