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lunes, 23 de julio de 2018

Diez años en Vailima: Discos 2008-2018 (V)





Ichiko Aoba – “Kamisori Otome” (Sinonome Recordings, 2010)

Virtuosa de las seis cuerdas, la desarmante belleza de sus composiciones nos invita a viajar al Brasil de los cantautores de los años sesenta o al folk ácido anglosajón de la misma época. Apadrinada ni más ni menos que por gente como Taeko Ohnuki, Ryuichi Sakamoto -como pianista-, Haruomi Hosono o Cornelius, que han requerido sus servicios para sus propias producciones fascinados por el subyugante potencial de la de Urayasu. “Kamisori Otome” (osea, “Razor Maiden”) fue su primer disco, el más inusitadamente místico, compuesto a los 18 años. Aquí en Spotify.





The Innocence Mission – “My Room In The Trees” (Badman, 2010)

Ya estaban ahí antes de que el pop cristiano se acabase convirtiendo en una etiqueta tan oportunista o reduccionista como descriptiva de una forma muy concreta de entender determinadas posturas vitales a través de las canciones. La estela de la Vashti Bunyan menos espectral en “The Happy Mondays” o los coros anochecidos que parecen enlazarlos secretamente con Belle & Sebastian (“God is love”) mientras sientes en la nuca el aliento de Carpenters son, a modo de ejemplos, algunos de los estremecimientos que produce este disco y este combo siempre tan especial, empeñado siempre en hacerlo cada vez más puro y más bonito. Más información aquí.





Jacqueline Fortes – “Terra D’Nhas Gente” (Harmonia Mundi, 2010)

Senegalesa de nacimiento pero caboverdiana tanto musicalmente como por rama materna, y residiendo en la actualidad en París, Jacqueline Fortes regresó después de un silencio de más de diez años para entregar un soberano disco de coladeira repleto de canciones adorables y risueñas, con especial habilidad para los estribillos pegadizos. Aunque el grueso de este repertorio corrió a su cargo, también contó puntualmente con la colaboración en la composición de históricos colegas caboverdianos también residentes en la capital francesa como Teofilo Chantre. Aquí en Spotify.





Jamaican Queens – “Wormfood” (Notown, 2013)

Letras entre la depresión y la violencia, o entre la turbación y la piedad, que acaban desembocando en un liviano sentido de la redención. Afortunadamente, la esquizofrenia de los textos encuentra en su coraza musical un espejo donde formalizar la sana heterogeneidad de su propuesta. The Beach Boys -“Water”-, Marc Bolan -“Kids Get Away”- o Damon Albarn –“Asleep At The Wheel”- podrían ser los psicoanalistas invocados para tratar el asunto. Brit-pop glamuroso –y algo trendy- desde el corazón de Detroit. Más información aquí.





The J. Arthur Keenes Band – “Mighty Social Lion” (autoeditado, 2013)

Glam, pop tórrido, cadencias ‘beatle’, country-pop informal… todo ello en perfecta simbiosis con programaciones de 8-bits que cuecen y enriquecen. El canadiense Daniel McLay se encarga de todo: también de contar con una paleta de recursos interminable consecuencia de una palpable erudición. ‘Casio soul’ y otras finas hierbas. Aquí su bandcamp.





Jens Lekman – “Life Will See You Now” (Secretly Canadian, 2017)

Queda un pelín lejos de “Night Falls Over Kortedala” (2007), pero tiene suficientes ingredientes para corroborar que el sueco sigue siendo alguien a quien confiarle muchas horas de atención. Especialmente extrovertido en ritmos y melodías –se agradece bastante-, entre lo tropical y lo discotequero, “Life Will See You Now” sigue derrochando inspiración y maleabilidad. Otro fiable que, con buen criterio, planea con mucho tiento cada nueva referencia. Aquí en Spotify.




  
Jerry Paper & Easy Feelings Unlimited – “Toon Time Raw!” (Bayonet, 2016)

En este disco Lucas W. Nathan aparcó los redundantes sincopados electrónicos que de seña de identidad corrían el riesgo de convertirse en definitivo lastre y cargante mochila. Por fortuna “Tom Time Raw!” da el giro hacia lo acústico internándose en texturas jazzie y modos de crooner que, precisamente, no le aleja demasiado de gente como Jens Lekman -o Sondre Lerche-. Ahora sí: Big Pop For Chameleon World. Aquí su bandcamp.





Jimmy Turturici – “Lost Encoded Memories” (Bayonet, 2015)

Synth-pop espectral de mínima fidelidad. Jimmy Moonboots atiende normalmente más a la elaboración de piezas instrumentales, pero cuando se ha puesto a dar voz a alguna de ellas el resultado es atractivamente abisal –la canción titular- e indómito –“You'll Have To Kill Me”-. Echa un cable Lili de la Mora, que hiciera con Ryan Francesconi aquel clásico de la década pasada, “Through the Trees”. Aquí su bandcamp con una muestra.





Joe Crepúsculo – “Supercrepus” (Producciones Doradas, 2008)

2008 fue sin lugar a dudas el año de Joël Iriarte. Compatibilizando su labor a las teclas en Tarántula, arrancó en solitario en dicho año ni más ni menos que con dos discos-hito dentro de la prececible escena nacional –este y el aún mejor “Escuela de Zebras”, un comienzo que aún no ha logrado igualar-, un arrebato creativo atiborrado de ideas y desparpajo. Entre la chulería vocal de unos Burning, el deje alucinado de Poch, el tecno-casero de Aviador Dro o los Radio Futura de Herminio Molero. “Nunca creí en los dioses, ni cambiar la sociedad y ahora sé que el fin no fue importante jamás”. Aquí en Spotify.





John Cyrus – “Diskow” (autoeditado, 2014)

Más que dignos continuadores de las enseñanzas de Stephin Merritt vía Future Bible Heroes, en su grabación más larga hasta la fecha -6 canciones-. Abundan las dianas electromagnéticas, la pulcritud en los beats y una singular capacidad para embestir las programaciones con turgentes dibujos de teclado en pos de estribillos diamantinos. Parece fácil, pero hay que saber cuadrarlo todo como en “Diskow”. Aquí su bandcamp.





John Southworth – “Human Cry” (Barnyard, 2010)


El mejor escritor de canciones de los últimos veintipico años recuperó las confidencias más intimistas y hondas del revelador “The Pillowmaker” (2006) –“Sadness Came Back”- tras el capricho synth de “Mama tevatron” (2009) en otra docena de piedras preciosas. Se volvió a dejar mecer por el Donovan y el Cohen más minimalistas o por el Bacharach más primordial. Podría haber elegido en esta selección el aupado –en el mercado alemán- y doble “Niagara” (2014) o el hasta el momento último trabajo –“Small Town Water Tower” (2016)- pero pasa con este británico afincado desde hace la tira en Canadá que este tipo de dilemas son moneda común. Es lo que tienen la clase y el genio. Aquí su bandcamp.

sábado, 30 de mayo de 2015

Nothing Good Comes Easy – An Electropop Compilation 1





En mi búsqueda de nuevas sensaciones musicales, la actualidad ha venido a confirmarme definitivamente una realidad aplastante: ya no es tiempo para perder ni la energía ni la paciencia en escuchas de álbumes enteros a cargo de artistas más o menos recientes dentro de la jungla insondable de sonidos y expresiones que proporciona la red. En un momento en que los movimientos y corrientes pujantes e influyentes son una cosa del pasado a nivel mediático –industrias hegemónicas como la inglesa o la estadounidense a duras penas pueden ya seguir imponiendo como antaño lo que se debía escuchar, cómo se debía escuchar y en compañía de quién se debía hacerlo-, y agotada la veta de sorpresas estilísticas e inusitadas modas, queda la canción como esencia, como artefacto artístico y popular de futuro frente a seguidismos, vestuarios y fanatismos hueros que ya sólo son ruido anacrónico sobrevolando nuestras existencias.


Estos últimos meses, imposibilitado para encontrar apenas unos pocos discos completos realmente valiosos, he ido tomando de aquí y de allá –muchas veces con la sensación de rebuscar en un contenedor infinito de basura- unas cuantas perlas de grupos y solistas fundamentalmente MENORES que pululan por el mundo virtual. En muchos de los casos he escogido la única canción destacable dentro de obras ubicadas bajo parámetros estilísticos de sobra conocidos, nada revolucionarios. El mínimo común denominador ha el pop bailable electrónico, siempre desde un punto de vista abierto y desprejuiciado con el que finalmente tratar de trazar una panorámica de lo que se está haciendo en los últimos años en esas coordenadas. Algo así como unos “one hit wonders” que nunca existirán pero que en otras épocas –al menos algunos de ellos- podrían haberlo sido.






Sin entrar a detallar las características de cada uno de los artistas aquí expuestos, la recopilación comienza de la mano de artistas inclasificables dentro del lo-fi como JAMES PANTS o MISTABRAZIL, de quienes he seleccionado respectivamente alguna de sus piezas más vaporosas, con someras influencias de los sesenta bajo un prisma arty –piensen en la sombra alargada de Stereolab, sus órganos, sus Moog y, como en el caso de Mistabrazil, patentes proclamas marxistas en sus letras-. DREAM SAFARI se sitúan entre Animal Collective… y, sobre todo –afortunadamente- los Russian Futurists más hedonistas.  AMY AND THE DANCEBOX, proyecto liderado por la malograda –y muy interesante- Amy Luxenburger (no pudo ver terminada primera colección de canciones por deceso prematuro) pone la cuota de pop tropical de la selección, para dar paso después a CARO KISSA y NEGICCO, la conexión japonesa. Ya saben: shibuya kei a borbotones, plasticidad y eficiencia como la de Pizzicato Five y todo eso. De orígenes orientales pero afincada en California es PASTEL GHOST, con una especie de shoegaze electro impenitente y neo-gótico. LUST FOR YOUTH son un cruce perfecto entre Depeche Mode y… Tears For Fears. Bien considerado entre los tecno-kids de nuevo cuño pero a su vez nostálgicos de los principios de la era electrónica –son patentes los guiños tanto musicales como estéticos-, MARTIAL CARENTEL coge un poco de OMD en las voces y un mucho de My Bloody Valentine en la suciedad de las soluciones atmosféricas, consiguiendo una mixtura bastante atractiva. Post-punk aseado, sensual y con un puntito de acritud infecciosa es lo que ofrece el dúo WE WERE LOVERS. De gran esperanza blanca tildan algunos a PRIEST, cuyo debut para este mismo año gana enteros a cada escucha gracias a estribillos pegajosos de melancolía épica y sensibilidad indie. Más orientados al mainstream de hace veinte años están MOOD ROBOT: imagínense, aunque sea sólo cuatro minutos, a unos Garbage (glups) haciéndolo bien. 






Para YES NICE he escogido una remezcla que les corrige y acelera -por fortuna-, justificando en este caso de verdad esos falsetes contagiosos. STRAWBERRY KING es demasiado indie –de la escuela de Sarah o Max Eider y todo aquello-, pero a veces se descuelga con gemas más electrónicas con querencia por el drama y el cabaret post-apocalíptico. En una línea similar estaría ALEXANDER GEIST, que ya podría venir a abrir para Marc Almond la próxima vez en lugar de Baby Dee. La canción escogida es puro “Tenement Symphony”. Lo de TWINS NATALIA va con algo de trampa, ya que no se trata precisamente de unos novatos: algunos de sus miembros proceden de uno de los grupos ocultos de referencia entre la tecnofilia ochentera: Poème Électronique. He seleccionado de la nueva reencarnación una pieza que hubieran firmado sin pestañear los mejores Human League: un must. DATA TWINS, si persistieran en la línea aquí propuesta podrían ser los herederos directos de uno de los mejores grupos europeos de todos los tiempos: Gangway. La sobriedad del polaco TOMASZ MAKOWIECKI entronca en buena parte con las matemáticas afterhour de Junior Boys. El dúo JOHN CYRUS quizá sea la mejor baza de todo el recopilatorio: más que dignos continuadores de las enseñanzas de Stephin Merritt vía Future Bible Heroes, de momento todas y cada una de las canciones publicadas es más que notable y hacen concebir muchas esperanzas, impacientes por degustarlos en tiempo real con su próxima referencia. TEEL y SONS OF MAGDALENE son dos ejemplos fidedignos de la asunción de géneros como el hasta hace poco denostado italo-disco dentro de los márgenes del pop sintético anglosajón. Esto nos lleva irremediablemente a una última parte de esta antología dominada por nuevos artífices del spaghetti disco para este milenio. ANDERSEN es un misterio total; aun así y a pesar de carecer de dato alguno, su pronunciación da para reflexionar sobre el furor que ha tenido el italo en los últimos tiempos en la Europa del este, no ya a la hora de albergar mil y una fiestas remember dedicadas al género, sino por lo que se ve también para hacer sus propios pinitos de manera más que aceptable.  De las excelencias de CRISTALLI LIQUIDI ya hablé lo suficiente aquí y, para acabar, VICENZO SALVIA, a quien no pocos comparan ya con Bobby Orlando, Gino Soccio o Mauro Farina; es decir, un voraz instrumentista y productor que últimamente está en todas partes, ya sea para liderar la facción vaporwave o para facturar absolutas obras maestras rompepistas como la aquí incluida. Disfruten.






Tracklist:

James Pants – Clouds Over The Pacific
Mistabrazil – With My Hands (The Lenin Song)
Dream Safari – Emerald
Amy and The Dancebox – What Becomes A Boy Genius
Caro Kissa – Parallel World
Negicco – Anata To Pop With You!
Pastel Ghost – Shadows
Lust For Youth – Epoetin Alfa
Martial Canterel – Unwritten
We Were Lovers -  The Pressure
Priest – Day Drinking
Mood Robot – Singin’ Like I’m Crazy
Yes Nice – White Washed Walls (Remix Radio Version)
Strawberry King – My Sleeping Animals
Alexander Geist – Malediction
Twins Natalia – Into My Arms Again
Data Twins - Ava
Tomasz Makowiecki -  Holydays In Rome
John Cyrus – Nothing Good Comes Easy
Teel – Temple Of The Sun
Sons Of Magdalene – Hold On Hold Still For A Second
Alexander – Iva (Italo Disco Mix)
Cristalli Liquidi – Canzone Registrata (Radio Edit)
Vincenzo Salvia (feat. Chrissy Valentine) – Summer Love


Aquí y aquí los accesos a la sesión