Mostrando entradas con la etiqueta Marisa Monte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marisa Monte. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de septiembre de 2025

Artículo recuperado: Guía para Principiantes, Música Popular Brasileña (Canino)




El magazine digital Canino dejó de actualizarse en 2020, pero hasta hace bien poco todavía podía consultarse todo su contenido en la red. Al darme cuenta de que esto último ya no es así, decido recuperar para el blog los siete artículos que escribí para ellos. Cuelgo los contenidos íntegros con muy puntuales correcciones, fotos diferentes de las que acompañaban la publicación original y, en los casos donde así sea, con otros vínculos de videos si los que se insertaron en su día ya no están disponibles. 


Tratar de sintetizar en unas líneas la música de un país puede resultar, aparte de imprudente, una locura. Hacerlo en el caso de Brasil es, directamente, una quimera. Brasil es uno de los dos o tres territorios más ricos, sugerentes y superpoblados –ciñéndonos al binomio calidad-cantidad- de la música popular. Me atrevería a decir que el que más, si se tienen en cuenta por contra sus atávicas dificultades económicas, geopolíticas y sociales, compensadas sin embargo con el talento, la naturalidad y la solicitud de sus innumerables propuestas artísticas, que rozan lo sobrenatural.

Y es que en Brasil la música se respira en cada esquina, se intuye prácticamente en cada conversación y se celebra en cada gesto. Hacer, por tanto, un somero resumen con la vista puesta en su aprendizaje, sin ni siquiera entrar en excesivas honduras, resulta siempre intimidante. Teniendo en cuenta, además, que cualquiera que haya penetrado en su frondosa floresta de ritmos, melodías y palabras posee su propio itinerario, muchas veces considerablemente diferente al del vecino o, cuanto menos, con un punto de vista apreciablemente dispar al abordar semejante materia.

A continuación unas cuantas pistas (dejémosle la exhaustividad a los enciclopedistas) para situarse en el fascinante universo de -digámoslo ya sin cortapisas o falsa moderación- la primera potencia de la música popular.


GRANDES CORRIENTES DEL SIGLO XX

Que siguen siendo, desde luego, las más importantes e influyentes en lo que llevamos de siglo XXI. Gracias a esa capacidad innata del brasileño para el sincretismo -ya sea desde el punto de vista religioso o musical-, que le hace conjugar con pasmosa espontaneidad –y singular voracidad- casi cualquier influjo con el que tenga a bien inmiscuirse, la música brasileña regurgita de aquí y de allá influencias, insinuaciones y hábitos, envolviéndolo todo después en un sello único y fácilmente distinguible allá por donde pasa.


1. Samba-Canção

De la samba (cuyo origen etimológico hunde sus raíces en los ancestrales sonidos del semba, procedente del suroeste africano, aproximadamente lo que es la Angola actual) tenemos la imagen impactante y multicolor de los carnavales, de sus bailes interminables y del desenfreno exuberante y aventurado. Sin embargo, como en toda disciplina que se precie –y la samba evidentemente lo es- hay detrás una copiosa historia de claroscuros y rivalidades a través de los nombres de compositores que ayudaron a conformar para la posteridad la formulación de un estilo fundamental en la primera mitad del siglo veinte, albergando a su vez multitud de géneros y sub-géneros para mayor gloria de su riquísimo acervo artístico.

La samba-canção supone la gran estilización de una corriente musical que aglutinó en sus inicios –años 20 y 30- efluvios del maxixe (tango brasileño), la modinha (su particular versión del bolero) y el compás africano. Su eclosión discográfica, sin embargo, no se produce hasta bien entrados los cincuenta –después de la denominada “época de ouro”: 1930-1945-, en grabaciones de pioneros como Ismael Silva (fundador de la primera escuela de samba), Mario ReisSilvio Caldas, a los que se fueron sumando otros como Dorival Caymmi, Pixinguinha o Ary Barroso (autor de los clásicos tan indiscutibles como Aquarela do Brasil o “Na Baixa do Sapateiro”, reinterpretadas una y mil veces por innumerables artistas), que vieron gran parte de su cancionero llevado al éxito gracias al poderío de vocalistas como Orlando Silva, Elizeth Cardoso, Francisco Alves o la más furibunda a nivel estético y publicitario: Carmen Miranda.


1.1. Tres grandes nombres de la samba-canção: Noel Rosa, Wilson Batista y Aracy de Almeida

Los dos primeros protagonizaron uno de los duelos ‘a muerte’ más épicos del samba-canção: para la posteridad quedará precisamente el disco “Polêmica” de 1956, donde los cantantes Roberto Paiva y Francisco Egydio homenajearon todo el material surgido de los desencuentros entre Rosa y Batista, los cuales solventaban sus dimes y diretes escribiendo cada uno la canción que más pudiera molestar al otro, incluyendo el insulto personal: si Noel Rosa tenía de nacimiento un defecto físico por el cual contaba con el maxilar inferior atrofiado, Wilson Batista corría a escribir “Frankenstein da Vila”, osea, el monstruo de Vila Isabel, barrio de Rio de donde era originario Noel, regodeándose en la fealdad de éste:



Rosa, por su parte, le dedicaba a Batista “Rapaz folgado” donde, entre otros cariñosos epítetos le dedicaba el famoso “malandro” que, adaptado a los tiempos actuales, vendría a ser como llamar a alguien macarra, lumpen o alguna otra cosa por el estilo:




Controversias aparte, ambos fueron dos autores que se acabaron rindiendo mutua admiración, a pesar de los momentos tensos que vivieran a través de las partituras o en persona, como recoge puntualmente el biopic dedicado a Rosa -“Noel – Poeta da Vila” (2006)-. Noel está considerado autor nacional –no hay carnaval que se precie que no interprete alguna suya, como el clásico con el que irrumpiría en el panorama sambista “Com que roupa?”, y su cancionero es revisitado al minuto en los songbooks dedicados a su labor por decenas de discípulos y discípulas.
Una de las primeras fue Aracy de Almeida, considerada junto a Dolores Duran y Maysa una de las principales intérpretes del género. Metódica, puntillosa y fiel a la tradición del samba-canção, su disco “O Samba em pessoa” (Samba en persona) es crucial no solo por ver representados en él a gran parte de la plana mayor de los mejores compositores –entre ellos Rosa-, sino como muestra de ese respeto por las maneras más depuradas del género.




2. Bossa Nova

El Brasil de finales de los años cincuenta está marcado en lo social por el desarrollismo y en lo cultural por la irrupción de una nueva generación de jóvenes de clase acomodada (principalmente blancos y pardos) que empiezan a copar los campus de las pujantes universidades del país y a empaparse de las influencias anglosajonas (rock’n’roll, jazz) que empiezan a colonizar las incipientes telecomunicaciones. Todo ello sin dejar de lado el acervo heredado de la samba-canção que, gracias a esta nueva hornada, verá maleados sus reglamentos básicos, atenuando su ritmo y sofisticándolo con la irradiación del cool-jazz, cálido y sensible.

Carlos Lyra, la malograda Sylvia Telles o el “niño prodigio” Marcos Valle son algunos de los primeros espadas de una corriente que se alzó en el subconsciente mundial como el género más exportable y reconocible de Brasil. Muchos de ellos ya con formación de conservatorio y profundas convicciones poéticas –inevitable el influjo del escritor Vinicius de Morais: anfitrión, instigador y sparring de la escena literaria y musical en aquellos días-.


2.1. Tres grandes nombres de la bossa novaJoão Gilberto, Nara Leão y Jorge Ben

Considerado el intérprete por antonomasia de la bossa nova, João Gilberto y su disco de 1959 “Chega de saudade” supusieron la sublimación del zeitgeist que respiraba la escena musical del momento. Había nacido un nuevo sonido que en un primer momento fue considerado como una “desviación” del samba-canção y que originaría no pocas suspicacias y recelos. Un cantante que apenas cantaba (aunque luego influiría a todo el planeta precisamente por ese tono vocal entre indolente y susurrante) además de guitarrista que a su vez retorcía los preceptos en cuestión de armonías con acordes complejos pero definitivamente mágicos, de una evocación palmaria. Sus valedores principales fueron el citado Vinicius y Tom Jobim, que le cedieron auténticas declaraciones de principios como el caso de “Desafinado” (una nada disimulada respuesta a la crítica más inmovilista), con estrofas como “si tú insistes en catalogar mi comportamiento como anti-musical, yo muy relajado debo argumentar, que esto es bossa-nova, que esto es muy natural”. Y más tarde “Garota de Ipanema”, sin duda la canción más famosa de la bossa nova, estandarte del disco “Getz/Gilberto” de 1963, donde se daban cita entre otros Jobim, Gilberto y el saxofonista estadounidense Stan Getz, apuntalando para la posteridad el sonido refinado, avanzado, eterno y quintaesencial de la segunda mitad del siglo XX. Todo ello mientras a nivel mediático empezaba a despuntar el sonido tosco y elemental de unos tal Fab Four de Liverpool.

Gilberto ayudó de manera determinante a dar con un sonido mil veces saqueado, frivolizado y mal imitado, dedicando el resto de su vida –es un reconocido perfeccionista y maniático ad nauseam- a conservarlo como en formol a través de exclusivos conciertos, estudiadísimas colaboraciones y una discografía selecta de muy pocos álbumes originales pero infinidad de refritos y compilaciones ad hoc.




Considerada en un primer momento junto a Telles la musa de la bossa nova, Nara Leão apuntaló su merecido prestigio gracias a sus dos primeros discos, ambos de 1964: “Nara Leão” (para el distintivo sello Elenco, del cual solo su línea de diseño daría para un artículo) y “Opinião de Nara”, grabado con motivo de una serie de espectáculos en teatros donde en varias de las canciones incluidas en él la temática se escoraba hacia la reivindicación popular, justo en un momento en el que la dictadura militar cristalizaba tras el correspondiente golpe de estado. Dichos discos incluían canciones ineludibles como “Berimbau” o las explícitas socialmente “Opinião” y “Deixa” o “Diz que fui por aí”:





El carioca Jorge Ben fue quizá la figura más determinante a la hora de actualizar el método del samba tradicional y depurarlo hasta llevar dicha revisión a un estadio diferente, donde la negritud adquiriese un poso distintivo. No es extraño, por todo ello, que su primer álbum recibiese el nombre de “Samba Esquema Novo”, de 1963, con la sempiterna “Mas que nada” como arranque y emblema del disco.




A pesar de los exquisitos –y aventurados- efectos en la voz y de acompañarse de una más que eficaz orquesta,  fue acusado de ser otro ‘desafinado’ por su forma de tocar la guitarra y la crítica no dio por él ni un duro en sus primeros pasos. Sin embargo siguió grabando discos arriesgados e inspiradores (“Africa Brasil”, de 1976, contiene “TajMahal”, saqueada literalmente por Rod Stewart en su mayor éxito), sigue en activo para desgracia de aquellos oráculos, y (super)estrellas como Gilberto Gil o Santana reconocen su influencia por activa y por pasiva.


3. Tropicalismo

A finales de los años sesenta Brasil continúa sumergida en la dictadura militar, pero eso no será óbice –al contrario- para que la renovación de la escena musical prosiga su curso, en algunos casos acentuando su carácter de exigencia democrática, compromiso vanguardista y actitud irreverente. La psicodelia, Dylan o el incipiente interés por el reggae se incorporan a los intereses de una nueva generación irrepetible que tendrá en el disco colectivo “Tropicália” de 1968 su escaparate definitorio. Allí está parte de lo más granado del momento: una repescada Nara Leão (que no duda en meterse en todo fregado que tenga que ver con la protesta y la insaciable curiosidad artística), el grupo alucinado Os Mutantes o el inclasificable Tom Zé (una referencia muy presente en las (pen)últimas generaciones de artistas tipo Rodrigo Amarante), además de los tres protagonistas del siguiente apartado.


3.1. Tres grandes nombres del tropicalismo: Gal Costa, Gilberto Gil y Caetano Veloso

El tropicalismo (movimiento al que indefectiblemente recurre en exclusiva el hipster para darse un barniz cosmopolita) está marcado por la asunción de modelos anglosajones imperantes en ese momento –The Beatles, la psicodelia y el hippismo, principalmente-, por la transversalidad estilística y por una necesidad urgente de enfrentarse al régimen autoritario e incluso a parte de la izquierda de su país que, como en la de la mayor parte del mundo, relacionaba rock con alienación burguesa y marketing imperialista. La necesidad de expresarse con total desparpajo a nivel estético y moral provocó que Gilberto y Caetano fueran expulsados del país atendiendo a razones caprichosas –desprecio por la bandera en uno de sus shows- y nulamente contrastadas. Antes de eso a Veloso le había dado tiempo no solamente a participar en “Tropicalia”, sino a demostrar de manera precoz su compatibilidad con la tradición sonora más inmediata. El disco “Domingo” (1967), realizado a medias con Gal Costa y totalmente escorado a la bossa nova, perfecciona ésta aún más, gracias a piezas ya clásicas de la aflicción como “Coração vagabundo”:





Caetano Veloso es una de las fuerzas mayores de la música popular brasileña. Como en el caso de David Bowie en Gran Bretaña actúa como aglutinador, aquí extra-oficial de tendencias anglosajonas, clasicismos sudamericanos y, en general, casi cualquier cosa que se le ponga por delante. Destacar discos, teniendo en cuenta la dilatada y proteica trayectoria que ostenta a sus espaldas es poco menos que tarea imposible, pero ahí van algunos: el primero de sus discos homónimos “Caetano Veloso” (68) -coincidiendo con el manifiesto de “Tropicalia”, entre el bolero, la bossa nova y la psicodelia-, “Cinema trascendental” (79) –entre el funk tropical y el soul-, “Estrangeiro” (89) –producido por el adalid de la no-wave Arto Lindsay: una feliz mixtura entre tropicalismo y vanguardia neoyorquina- o “Livro” (97) –con ecos de capoeira, de samba y del pop barroco al que nos tenía acostumbrados hasta no hace mucho- podrían ser, a bote pronto, algunos discos que nunca fallan para iniciarse en su legado. Su influencia no deja de ser patente en la actualidad, incluida la generación indie con grupos como Graveola e O Lixo Polifônico o Telebossa.




Gal Costa es una de las voces más deliciosas y cualificadas de la escena brasileña de todos los tiempos. La exuberancia de su registro vocal es prácticamente inigualable y sus facultades para interpretar cualquier clásico brasileño que tenga a bien cruzarse en su camino –Ismael Silva, Caetano, Joge Ben, Tim Maia, Roberto y Erasmo Carlos…- son indiscutibles, además de una dicha segura.




Gilberto Gil, conocido en los últimos tiempos por su protagonismo político –ministro de Cultura en el gobierno de Lula da Silva-, no ha dejado de ser desde sus inicios –inevitablemente emparentados al de su “hermano” Caetano- un idealista empedernido con una capacidad innata para engarzar magistralmente samba, pop, reggae o funk nuclear con una frescura y plasticidad admirables. Escuchen “Louvacão” (67), “Realce” (79), el directo “Unplugged” (94) o “Quanta” (97) para confirmarlo.





4. Nombres ‘fora do tempo’: Tom Jobim, Elis Regina, Milton Nascimento y Chico Buarque

El compositor brasileño superdotado. El Cole Porter de Rio: Antonio Carlos Jobim. Es EL HOMBRE inexcusable para entender el paso de la samba-canção y el neoclasicismo a la eclosión de la bossa nova, y su nombre está en la mayor parte de los créditos de cualquier intérprete de Brasil que quiera darle algo de empaque y credibilidad a su repertorio y, en general, cualquier artista del mundo que pretenda ir de fino y elegante. Por mucho que se quiera descafeinar su legado y arrinconarlo al paquete de la música de ascensor, casi todos los caminos nos llevan a Jobim, desde la banda sonora de “Orfeo Negro” (Marcel Camus, 1959) a “Antônio Brasileiro” (1994), pasando por sus colaboraciones con Frank Sinatra, Edu Lobo o Nelson Riddle, el álbum “Wave” (67) –cabecera para Carlos Berlanga, hasta tal punto que fusilara la portada en su “Indicios”-. La reconstrucción constante de un cancionero inmarchitable, increíble y harto sugerente (mayormente en comandita con Newton Mendonça), marca un antes y un después en la vinculación de la música popular con la exquisitez extrema y el encanto, con la pérdida y la sensualidad.





Los duetos de Jobim con Elis Regina forman parte del subconsciente de cualquier aficionado de estas músicas maravillosas. Pero también los que la segunda hiciese con Jair Rodrigues a través de la trilogía “Dois Na Bossa” entre los años 65 y 67, o la colaboración con Zimbo Trio en el esencial “O fino do fino” (65), catapultando a Regina como una de las reinas de la canción brasileña de todos los tiempos, dueña de un voz poderosa y escalofriante. Prototipo de superestrella destruida por la no siempre fácil digestión de un éxito considerable, su muerte a los 36 años sirvió para escenificar conspiraciones en el marco de una dictadura agonizante (ocurre en 1982) quizá meramente especulativas.





Prototipo de artista hecho a sí mismo, Milton Nascimento fue el principal representante de una pequeña pero sustanciosa escena denominada Clube da Esquina, que finalmente diera nombre al disco homónimo en colaboración principalmente con Lô Borges –y clave tanto para sus carreras como para el devenir del rock mestizo brasileño de los setenta-, algo así como el “Tropicalia” de Minas Gerais, lugar de origen de ambos. Milton es otro autor inagotable del que es tarea complicada recomendar discos, así que en este caso tiraré de criterio puramente personal para animar a introducirse en su obra con un directo como “O planeta Blue na Estrada do Sol” (91), amén del referido “Clube da Esquina” (72) que llegaría a tener una jugosa continuación unos pocos años después. Todos ellas son grabaciones complementarias, aviso. Trovador de copiosos repliegues armónicos y de un swing jazzeado inconfundible, podemos ubicarle dentro del folk barroco de infinitos –y paradisíacos- recursos.




Sobre Chico Buarque siempre parece haber una rotunda unanimidad en cuanto a reconocimiento a lo largo del tiempo. Salvando las distancias que se quieran, vendría a ser como el trasunto –generacional, que no estilístico- de Joan Manuel Serrat allá en Brasil. A nivel literario quizá sea el poeta más elocuente después de Vinícius de Morais, como demuestran textos del calibre de “Construção”, canción que diera título genérico a la que está considerada como su obra maestra (71) y que sorprendentemente pasara el escollo de la censura hablando con conmovedora precisión sobre las pésimas condiciones del proletariado:





Una canción emblemática, oscura, desafiante, dura. La cara b de la belleza exportada por el país del fútbol, el carnaval y los sambódromos. Pocos, muy pocos, han sabido retratar con tanta destreza el agobio contemporáneo como Buarque, que hiciera precisamente con “Construção” la transición entre una depurada pero trivial bossa nova (la que se comprende en sus primeros cuatro discos) hacia una canción de autor comprometida y sin concesiones, con la samba-canção más visceral y el pop más contenido como sostenes de su imaginario.


5. Los últimos ‘clásicos’: Djavan, Marisa Monte y Carlinhos Brown

Djavan es ejemplo notorio de post-tropicalismo, canción romántica sin contemplaciones, sophisti-pop en vena y, en definitiva, una sensualidad a prueba de bombas. Desde mediados de los setenta, momento en el que hace acto de presencia en la industria discográfica del país, ha dado más que sobradas muestras de un virtuosismo pop que bebe del funk, del groove africano y de la elegancia más desaforada. Cualquiera de sus discos –principalmente los que comprenden desde el debut “A Voz – O Violão” a “Malásia” (96)- se pueden aconsejar, pero me comprometo hoy aquí a destacar “Lilás” (84), y más con la portada que se gasta el protagonista, que podría ahuyentar a cualquiera:




Marisa Monte personifica el mainstream deseable: inteligente olfato pop, consideración a los mayores (ya sea pulcra bossa nova ejecutada con impronta más que convincente o recuperando samba para eruditos) y la casi inevitable conexión neoyorquina –Lindsay, David Byrne-, todo ello sin dejar de ser superventas y de llenar sus recitales una vez tras otra. Espacia la publicación de sus discos –que empezó a editar a finales de los ochenta- de manera inteligente y posee la voz más dotada de su quinta. Tiene un control milimétrico de su carrera, lo que le permitirá sobrevivir a arrebatos y caprichos varios por muchos más años.




Sacar a colación el nombre de Carlinhos Brown es perfecto para hacer una completa recolección de prejuicios, ignorancia y rancio hipsterismo entre los que solo conocen los pasacalles patrocinados por determinada empresa de la telefonía móvil con el que Brown se hiciera engañosamente popular. ‘Enfant terrible’ de la escena de Bahia ya desde finales de los setenta –integrante del grupo eléctrico Mar Revolto- y pieza fundamental en el “Estrangeiro” de Veloso citado más arriba, dominó los noventa en su país –sí, antes del circo folclórico-, primero en su etapa con Timbalada y ya después en solitario con discos apabullantes que mezclan con total naturalidad samba, electrónica, pop, funk, reggae o folk. Se trata de un compositor excelente, cuyas canciones han sido requeridas por gente como Caetano, Gal Costa, Sergio Mendes, Marisa Monte –recordemos también el grupo de un solo disco (nota: ya dos) que realizara con ella y el Titãs Arnaldo Antunes: Tribalistas- o Sepultura, entre otros muchos. Carlinhos es una máquina imparable de ritmo, y es dueño de un instinto melódico y una osadía artística inigualables.





Publicado en Canino el 31 de Mayo de 2016


martes, 7 de septiembre de 2021

Discos Favoritos de 2021

 


Piana, farera mayor del año        



Van, como siempre, por orden alfabético. Los 30 discos más elegantes, sexys y emocionantes de este año que he podido encontrar hasta el momento.











Bastarda & João de Sousa – Fado (Audio Cave)

La colisión intuitiva entre el trío de cámara polaco y el intérprete portugués afincado en Varsovia transpira el salitre y la melancolía abisal que siempre se le deberían presuponer al género que aquí se homenajea ya desde el título, y que se riza en "Estranha forma de vida" con el "Sodade" de Amandio Cabral y Luis Morais que popularizara Miss Perfumado. Valiente y sobria reinterpretación contemporánea del imaginario sonoro luso que consigue con creces su objetivo: dejar el alma en suspenso. Suena aquí.







Beautify Junkyards – “Cosmorama” (Ghost Box)

El sexteto lisboeta ha alcanzado la definitiva plasticidad que entrelaza con pasmosa desenvoltura folk druida, tropicalismo subterráneo, Stereolab, Nico, Raymond Scott o los últimos Talk Talk -"The Collector"- en esta colección altamente narcótica y embaucadora. Acérrimos del otro lado. Suena una parte aquí.







Bo Burnham – “Inside (The Songs)” (autoeditado)

Si descontextualizamos este repertorio del mero producto televisivo -mayormente olvidable este segundo tras un primer visionado- nos queda un surtido de tonadillas chispeantes melódicamente y con sobrado fuste que no desentonaría en los mejores repertorios de clásicos como They Might Be Giants o en los de contemporáneos como Jack Stauber y Bill Wurtz. Opereta bufa a ritmo de synthpop -"Comedy" suena a los Depeche Mode más apetecibles- con la pandemia y la desazón post-moderna en general  como combustible lírico. Ahí quedan títulos tan explícitos como "White Woman's Instagram" o las dos partes de "Bezos" para ponernos en situación. Suena aquí.







Cabiria – “Ciudad de las Dos Lunas” (El Volcán)

El segundo largo -el de la confirmación- de la barcelonesa Eva Valero es un irresistible y más que consistente muestreo de electrónica romántica con pinceladas dream-pop. Resonancias de Violeta Gómez o Sally Shapiro mezcladas con la exacerbada elegancia de neón -los saxos de "Después de medianoche" o "El desencanto" son definitivamente top- para vestir problemáticas sentimentales post-adolescentes llenas de referencias a la cultura pop -imposible no rendirse a sentencias tan exactas del tipo "cansas más que las pelis de Godard"-. Eufóricamente lánguida. Suena aquí.







The Cleaners from Venus – “Penny Novelettes” (autoeditado)

Pones la oreja a lo largo del año sobre un sinfín de grupetes, estrellas flatulentas y géneros estomagantes en pos de la grisácea post-modernidad del clickbait, y cuando vuelves a Martin Newell te acuerdas de qué es lo que estás buscando siempre, de por qué sigues aquí. Otra imprescindible colección de CANCIONES irreprochables gestadas por este incombustible superdotado que solo escucharemos los románticos empedernidos, con el sempiterno aroma a campiña inglesa escondido en la cesta de su bicicleta. Ojo clínico para detectar las inconsistencias que vivimos a nuestro alrededor -"Statues"-, Newell sigue sosteniendo con su arrebatadora e inocente poesía cotidiana el legado más inspirado de Beatles y Kinks. Andromeda Heights. Suena aquí.







The Death of Pop – “Seconds” (Hidden Bay-Discos de Kirlian)

Ahora sí: la "eterna" promesa del jangle-pop británico por fin saca un disco a la altura de las expectativas. Los intrépidos cambios de tonalidad en "The house that we built", el nervio de "First day of six" -que les emparenta con los franceses Papooz-, la finura sensitiva post-new romantic de The Lotus Eaters en "Fade away" y la propia "Seconds" o esa balada  tan gloriosamente retro que es "Miles" son los pilares sobre los que se asienta esta completa gozada de los de Durset. Suena aquí.







Duda Beat – “Te Amo lá Fora” (autoeditado)

La combinación perfecta entre pop contemporáneo y clasicismo autóctono ya fue deslizada con solvencia por Eduarda Bittencourt en su aclamado debut "Sinto muito" de 2018, pero ahora la receta suena en este segundo mucho más expansiva... y explosiva. Duda Beat, fan declarada de gigantes como Djavan -del que ha interiorizado su proverbial refinamiento- parece tener el camino expedito para marcar una época en el mercado brasileño a base de aunar instinto comercial y arrebato inteligente. Un torbellino. Suena aquí.







Espanto – “Cemento” (Austrohúngaro)

Siguen acariciando el legado de Vainica Doble -"La estatua"- como si fuera -y, de hecho, es- uno de los mejores tesoros a los que acudir a la hora de buscar inspiración. Podemos sentir a cámara lenta el regocijante impacto de "La tarta". Y ahí está el refrescante influjo italo-pop de "Ragazzi e noi". Pero la palma se la lleva esta vez "Había un árbol" y su meneo a la insoportable cultura del ladrillo escoltada por "las mismas caras en el puto Telediario". En esto estamos todos de acuerdo: Teresa Jimeno y Luis F. Bayo siguen jugando en otra liga. Suena aquí.







Eve Adams – “Metal Bird” (autoeditado)

Si eres de las que no le convence del todo el giro electrónico-disco de Molly Burch, esta es la oportunidad de saciar tu apetito de pop retroactivo -"You're Not Wrong"- sin colorantes. Entre el country-pop (Tift Merritt, por ejemplo), Low -"Butterflies"-, The Innocence Mission -"The Dying Light"- o Badalamenti-Cruise -"Woman on your mind"-, la angelina Eve Adams maneja como nadie la atmósfera confidencial en medio de un campo abierto donde (tratar de) desprenderse de todas nuestras pesadillas. Suena aquí.







Fabio Viscogliosi – “Camera” (Objet Disque)

"Dolce song" es, sin lugar a dudas, el arranque del año. Pero seríamos muy injustos si  despacháramos el cuarto disco de este polifacético artista francés solo por esta (excelente) canción. La pulsación cinematográfica tan conseguida que recorre el resto de piezas -especialmente fronteriza en "Giorni dolci"- hace que merezca mayor reivindicación este spaghetti folk tan escrupulosamente moldeado. Suena aquí.







Geoffrey O'Connor – “For As Long As I Can Remember” (Chapter)

Este descubrimiento de mi buen amigo Luis Moner hunde sus raíces en el sonido más aseado de los años ochenta, ese que aspiraba a dar pedigrí a las FMs de qualité. Solo hay que escuchar los primeros compases de canciones como "What a Scene", "Renee", "Catwalk" o "Love Is Your Best Friend"  para querer aguardar a continuación al Bryan Ferry más desaforado. El criterio de elegir cantantes diferentes para cada canción -acompañando al protagonista- no deja de ser una solución ingeniosa y de agradecer, pues oxigena unas creaciones que no se distinguen demasiado por su complejidad melódica. La única invitada que repite es ni más ni menos que nuestra Sarah Mary Chadwick, a la que le queda fenomenal el traje de seda en "Strange Feeling", en principio lejos de sus texturas habituales. Suena aquí.







George Sauma Jr. – “George Sauma Jr.” (Favorite Recordings)

Sophisti-pop sorprendentemente inédito desde 1985. En la línea de Djavan o Ed Motta y con el cult hero Arthur Verocai como padrino, "George Sauma Jr." es la reedición de una cassette que solo encontró en su momento la más absoluta de las incomprensiones. Pero aquí se conservan encapsuladas la sensualidad, la dulzura y la vitalidad del satén carioca bajo un synth-funk refrescante y candoroso. Por fin podemos hacer (algo de) justicia a tanta paixão. Suena aquí.







José Carlos Schwarz & Le Cobiana Djazz – “Lua Ki Di Nos” (Hot Mule)

Zé Carlos fue uno de los intelectuales marxistas más destacados en la lucha por la independencia de Guinea-Bissau a mediados de los años setenta del siglo pasado. Ejerció como embajador de su país en La Habana, donde acabaría sus días. También fue emisario del gumbe, el género por excelencia de su tierra natal, y tanto su participación al frente de Le Cobiana Djazz como su "Djiu di Galinha" en solitario de 1978 abrieron el camino a grupos históricos como Super Mama Djombo o N'kassa Cobra. "Lua Ki Di Nos" es una imprescindible compilación envuelta en el espíritu combativo y la sobriedad estilística que compagina folk confesional con semba, que entremezcla naturalmente el pegadizo gumbe con el inevitable influjo caribeño de sus hermanos de lucha al otro lado del Atlántico. Suena aquí.







Josh Fudge – “Fun Times” (19th Street)

Descubierto en el interesante canal de Youtube The Daily Dose junto a otros nombres a tener en cuenta como killkiyoshi o Aaron Joseph Russo. Fudge, procedente de Oklahoma, hizo con 18 años "Fun Times", que es el disco 'placebo' de la temporada, precedido por unos cuantos singles no incluidos en el mismo. Los falsetes y parte de los recursos sonoros nos recuerdan a Video Age, a Benny Sings, al blue-eyed soul más reverberante o el bedroom-pop más meloso. La capacidad para hacerlo todo tan compacto y maduro nos hace temer que tengamos enfrente a un auténtico niño prodigio.  Se cierra con la rotunda y definitoria "Losing Time". A seguir. Suena aquí.







吉澤嘉代子 [Kayoko Yoshizawa] – “赤星青星 [Akaboshi Aoboshi]” (Victor)

Art-pop tan puntilloso y barroco como la propia portada que lo acompaña. Aunque "Yaneura Juu" (2017) sigue siendo su trabajo más considerado, este quinto muestra a Kayoko más asentada que nunca, empezando por las eficaces guitarras tan noventas de "Gumi" hasta el shibuya-kei juguetón de "Oni" y "New Hong Kong" y pasando por "Sābisueria", el hit infalible. La segunda mitad es decididamente más intimista, volcando el remanente jazzístico hacia pulsiones más etéreas. Suena aquí.







Laufey – "Typical of Me”  (autoeditado)

Si partimos del "I Wish You Love" de Chauliac y Trenet, la versión del disco -popularizada por Sinatra, Nat King Cole o Julie London o Chet Baker entre otros muchos-, ahí está la pista fidedigna sobre la que se asienta este breve álbum rendido al standard y a sus métodos de composición bien equipados de filigranas armónicas. Canciones hermosísimas de cualquier tiempo que transitan entre Cole Porter, Patsy Cline y, en definitiva, el romanticismo estadounidense al que esta chino-islandesa afincada en Boston rinde tributo con cariño inmenso y cuidados de orfebre. Suena aquí.







Liance – This Painting Doesn't Dry” (autoeditado)

Una más que apreciable continuación de su aclamado -por aquí- ep "The Rat House" de 2018.  James Joshua Li funde el lirismo vocal de Jens Lekman con el pop ambiental del Owen Pallett más 'conflictivo'. Guiños a la escena de los noventa ("and if you were Pavement I was the Silver Jews/and in this arrangement I’m living under random rules" canta en "Untitled 92 at the NPG") que dan paso a la ambiciosa letanía de space-disco country "TAMSY" que, pese a la abundancia de minutaje, para nada se hace pesada. Suena aquí.







Linda Smith – Till Another Time: 1988-1996” (Captured Tracks)

Si hace dos años nos hacíamos eco del “Scattered Thoughts” de Gary Davenport, ahora le toca el turno a otro de los nombres más destacados de nuestro recopilatorio fetiche "Sky girl" de 2016. El "Till Another Time" de Smith recoge (parte de) lo mejor de sus primeras cassettes en solitario y de su primer disco "oficial" -"Nothing Else Matters"- después formar parte del deep indie con los neoyorquinos The Woods.  The Byrds, el ye-yé más psicodélico, Dolly Mixture, The Space Lady o la primera Alison Statton se pasean por esta docena de canciones ejecutadas desde la más pura dejadez "mesmérica". Suena aquí.







Male Tears – Male Tears” (Pacific Plaza)

"Blind Eye on the Mess" -el rompepistas lo-fi de su anterior disco- ya tiene continuación en "Chained up" o "Future X": más pelotazos para el porvenir. James Edward, el artista conocido en otra vida como Flores, aparece más escorado que nunca en "Male Tears" hacia el scary italo. Aunque a veces tenga un deje tropical -"Let's Pretend"-, títulos como "Good In The Dark" o "Creep Distance" no dejan lugar dudas: se trata de mezclar el tintineo de clásicos del spaghetti-disco como M Like Moon o Wish Key con textos existenciales y desencantados. Post-gothic retrowave. Suena aquí.







Marinero – Hella Love” (Hardly Art)

Jess Sylvester ha escuchado desde su niñez a Love -"Fanfare"- y a The Beach Boys -"Outerlands"-; también mucha bossa nova -"Through the Fog", "Maritime"- y soft-pop -"Nuestra Victoria"-. "Hella Love" (la canción) nos descubre un falsete como los mejores de Sean Nicholas Savage y "Frisco Ball" el groove infalible para rematar las mejores fiestas. Helado Chicano. Sobre la espeluznante portada hablaremos otro día. Suena aquí.







Marisa Monte – Portas” (Sony)

Después de los muy discretos "O que você quer saber de verdade" (2011) y el "Tribalistas" de 2017 resurge la megaestrella carioca con un "Portas" que es tan completo y redondo que bien podría pasar por un Grandes Éxitos. Ya desde la canción homónima se nos predispone para el  mismo dulzor de aquel "Memórias, crônicas e declarações de amor" (2000), sensación que no nos abandonará hasta la decimosexta canción. Los valsecitos de "Medo de Perigo", "Em Qualquier Tom" o "Fazendo Cena", el tropicalismo extrasensorial de "A Língua dos Animais"... lo verdaderamente complicado es no destacarlas todas, tal es el arsenal de melodías sensacionales que se van acumulando. Marisa Monte despliega plenitud y savoir faire por los cuatro costados, sostenida a través de un método ya intransferible y -aquí- majestuoso. Un escándalo de disco. Suena aquí.







Mart'nália – Sou Assim Até Mudar” (Biscoito Fino)

La hija de uno de los sumos sacerdotes del samba -Martinho Da Vila- se ha sacado de la manga uno de esos discos que transpiran sabiduría, vigor y puro soul en cada surco. Una selección tremendamente acertada que incluye versiones de canciones popularizadas por gente tan dispar como Roberta Flack o Adriano Celentano y que Martnália Mendonça hace SUYAS -culpa compartida con Nelson Motta, otro clásico, en la labor de adaptación- junto con otros números caseros de plasticidad análoga. "Sou Assim Até Mudar" o cómo refinar hasta el infinito el bendito magisterio del samba-enredo y el pagode. Suena aquí.







Mon Laferte – SEIS” (Universal)

La cantante chilena se sitúa entre Paquita la del Barrio ("no soy tuya, no soy tu souvenir [...] te odio más que nunca") y Natalia Lafourcade. Mariachi insurrecta que traspasa al oyente con una intensidad a prueba de balas. Ranchera de espíritu punk, bolero insondable, bossa nova de redención... Casi ninguna interpretación vocal más apabullante hoy en día que la que Montserrat afronta en "Aunque te mueras por volver", y muy pocas orquestaciones tan poderosas como las que recorren todo este "SEIS" que pone el listón muy alto en lo que se va cociendo a este lado de la música popular latinoamericana. Suena aquí.







Perfect Angels – Exit from the Ultra-World” (la Loi)

Zach Phillips no para. Además del aclamado "God's Trashmen Sent to Right the Mess" a nombre de Fievel Is Glauque y otras producciones en solitario o con sus incontables sobrenombres (Blanche Blanche Blanche el más conocido), publicó este año la mejor plasmación de esa bossa nova cubista a la que parece adscrito últimamente a través del proyecto Perfect Angels. Se podría sintetizar en que "Exit from the Ultra-World" deconstruye el jazz-pop de Weekend, The French Impressionists o Antena hasta convertirlo en algo completamente maleable. Incluye versiones exquisitas de Steve Kuhn -"The Meaning of Love", muy en la onda laxa de Arto Lindsay- y, extraordinariamente, de artistas de culto uruguayos como Pippo Spera -"Una Palabra"-  o Eduardo Mateo -"Fue Ayer"- que terminan de darle ese barniz insoportablemente erudito que tanto nos chifla.  Suena aquí.







Piana – raula” (guns N' girls)

Los perezosos, indocumentados o maledicentes despacharán este disco, tras una escucha superficial, equiparándolo a vulgaridades como Enya o a petulantes trasnochados como Sigur Rós, pero nosotros preferimos situar la cuestión en propuestas más sutiles del tipo Virginia Astley o los primeros Dip In The Pool. 19 partituras que pasan como un suspiro y que cargan las notas en una belleza sobrenatural de propensión hierática y minimalista.  Transparente pop de cámara en busca de una Arcadia que creemos poder tocar con la yema de los dedos. ¿O será que "North" o "Clocher" no son más que un sueño?. Suena aquí.







Ready in LED – Unreal EP” (Horny City)

La cantante, compositora, productora y presentadora ucraniana Olya Dibrova -ex Gorchitza, un fenómeno en su país- debuta en solitario con cuatro canciones impolutas de synthpop de línea clara. Reminiscencias italo-disco -"Whatever"- o retrowave -"Only Tonight"- con tempos y beats de balada cyberpunk para revivir la añoranza de un futuro que nunca existió. Suena aquí.







Rodrigo Amarante – “Drama” (Polyvinyl)

Los ocho años -que se dice pronto- transcurridos entre el formidable "Cavalo" (primer disco en solitario) y este segundo "Drama" se los pasó Amarante componiendo una canción para la serie "Narcos" y  toda una banda sonora para "7 Days in Entebbe", lo que indefectiblemente ha terminado dejando huella en la orientación de sus últimas canciones. El tono peliculero marca la tanda -y se llega al paroxismo muy pronto: desde "Tanto" en adelante-, manejando con maestría esos subidones apenas perceptibles en una primera toma de contacto. Y luego está "Tara", una obra de arte que solo te sale si te has rebozado desde pequeño por la arena de la playa de Ipanema.  Suena aquí.







Sarah Mary Chadwick –  Me & Ennui Are Friends, Baby (Rice is Nice)

Continúa con sus mórbidas deliberaciones sobre la frustración, el desasosiego y demás sentimientos embarazosos, con esa belleza descarnada habitual como ejecutante y la exigua ayuda de un piano. Unas canciones que parecen compuestas, interpretadas y grabadas sobre la marcha, lo que le da ese plus de riesgo e inocencia que tan bien casa con la neozelandesa, sin perder a la vez nada de vehemencia por el camino. Pocas artistas transmiten ahora mismo tanto carácter y tanta autenticidad como Chadwick, indomable verso suelto. Suena aquí.







Various Artists – Joseph Kabasele and The Creation of Surboum African Jazz” (Planet Ilunga)

El Grand Kalle, líder de l'African Jazz -comprometedor nombre, además de engañoso- fue embajador, desde su Congo natal, de ritmos dispares como los caribeños del chachachá, el bolero, el son o el mambo -tal fue la impregnación que se atrevía a cantar a veces en castellano-, hasta llegar al rock'n'roll primigenio -a través del twist-, inaugurando la música moderna del país. Esta recopilación -fiel reflejo también de su activa labor como editor- deja a las claras que él y su orquesta eran una imparable y efectiva máquina de baile anticolonialista, y se fundamenta en un repaso a las alianzas con compatriotas como Kale Roger o hermanos cameruneses de la talla del primer Manu Dibango, siendo este último el que más impone la estética rocker a la colección. ¡Azúcar! Suena aquí.







유키카 [YUKIKA] – Timeabout,” (Ubuntu Entertaintment)

Muy estimable continuación en formato ep del revitalizante "Soul Lady" de 2020. City pop de fantasía que domina todos los resortes del r&b y de la pegada más disco. Música de consumo inmediato pero pulida con mimo y criterio. "Lovemonth" o "Secret" son tan perfectas e infecciosas que nos obligan a considerar que "Timeabout," es mucho más que un mero trámite a la espera del próximo largo. Suena aquí.




ACTUALIZACIÓN 22/12/2021
El resto de la lista final incluye los siguientes títulos:


Aaron Joseph Russo - Lasagne
Butter Bath - Spectator
Caetano Veloso – Meu Coco
Caliza – El Descenso
Damon Albarn - The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows
Grouper - Shade
Har Mar Superstar – Roseville
Helado Negro - Far In
Kim Areum - Summer City
Marissa Nadler - The Path of the Clouds
Parade - ¿Chispa o Calambre?
Rachel Love – Picture in Mind
Steady Holiday - Take The Corners Gently
Strawberry Guy - Sun Outside My Window