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miércoles, 21 de enero de 2026

Guy Margalit, "A Day Around the Sun" (2025)

  



No nos engañemos: vivimos en unos tiempos donde la melodía cuidada y las canciones bonitas -que no esconden su querencia clásica- quedan penalizadas de cara a las tendencias de turno y al sempiterno oportunismo de esos supuestos prescriptores que se afanan en inundar de reseñas los mediocres medios donde colaboran casi antes de haber escuchado los propios -y muchas veces foscos- discos que pretenden colar al personal.

"A Day Around the Sun", el segundo trabajo del músico residente en Los Angeles (California) Guy Margalit, va a ser otro de esos exquisitos artefactos de bedroom-pop esclarecido que, en el mejor de los casos, contará con la paternalista condescendencia perdonavidas del crítico indie-rockero-urban de rigor. Para nosotros, sin embargo, es un gran disco de ese año 2025 que acabó hace bien poco y cuyo título no entró en nuestro muestreo casi por un suspiro (se publicó el día de navidad, setenta y dos horas después de publicar nuestro resumen).




Margalit -hermano de la artista Dafna que, por su part,e ya ostenta cuatro discos de dormitorio a sus espaldas- juega en la liga del primer Josh Fudge, de Alex Siegel, o de Aaron Joseph Russo, todos ellos artistas ultrapop del underground con muy corto alcance mediático pero prestaciones ya más que contrastadas. Esto es: melodías encantadoras, con su buen porcentaje de nostalgia aprehendida y sonidos caseros mayormente sintetizados que aspiran a emular a su manera a los arreglistas y compositores a sueldo más históricos.

En "Space", interpretada a dúo con la cantante REL, se adivinan unas querencias de muy somero r&b -de principios de los noventa- en las que no estaría de más que profundizase en próximas entregas. Caso similar en "Interlude", con su latin-dance de ascensor tan en plan Matt Bianco -o bien Olly Wallace, por utilizar un referente más contemporáneo- supone otro de los distintivos de este repertorio cuyas canciones pasan como una exhalación -solo una de las doce supera los tres minutos- y nos dejan con una impagable distensión en el ánimo. Bienvenido.