Si por algo se ha distinguido el auvernés Benjamin Biolay a lo largo del tiempo es por la desmesura compositiva a la hora de afrontar buena parte de su discografía, que ya sobrepasa la quincena entre álbumes convencionales, bandas sonoras y trabajos colaborativos de diversa índole. Ese exceso de cantidad de canciones por cada nuevo lanzamiento tiene hasta la fecha en "La Superbe" (Naïve, 2009) su máximo estandarte, pero me atrevo a asegurar que el reciente "Le Disque Bleu" (editado bajo el paraguas de Virgin) debería asumir un destino similar a aquél -que también era doble-, incluso mejor, por esa desbocada creatividad que, pese a algunos altibajos -en "Le Disque Bleu" se cuentan tan solo en algunas decisiones estructurales puntuales- deja un remanente de aciertos más que superior a la media.
El eterno heredero 'natural' de Serge Gainsbourg ha dispuesto de dos conceptos que se imbrican entre sí: por un lado los “Résidents” y por el otro los “Visiteurs”, dependiendo si juega en casa (París) o lo hace en su otro destino recurrente actual (Buenos Aires) por condicionamientos familiares. De hecho el concepto de 'disco azul' que da título a todo hace referencia a ese Atlántico que separa ambos entornos. El primer volumen está destinado a su lado más fogoso de chanson paradigmática, donde caben no obstante fogonazos de art rock -"15 octobre"-, zarandeos glam -"Morpheus Tequila", "Résidents, Visiteurs"- o prospecciones rocosas tipo The Cure -"Soleil Profond", "Au Ranch"- de más que solvente intensidad.
"Juste Avant de Tomber", con sus arabescos de cuarteto de cuerda, su estribillo sobrevolando y su barroquismo easy-listening en el tramo final, es otra de las grandes destacadas. El contrapunto oscuro a esta -saxo incluido- lo pone "Mon Pays". Más incomprensible es la incursión de una alteración tonal a mi juicio no demasiado bien resuelta que rompe bastante el climax en "Pauline Partout, Justine Nulle Part", destinada a ser la más gloriosa de todo el listado y que, aun así, queda retenida en la memoria.
El segundo bloque está marcado por un más acusado intimismo, con efluvios aguardentosos y marineros de Brel -"Adieu Paris", "Les Trois Amis"-, la bossa nova de crucero vía Henri Salvador -"Mauvais Garçon", "Ooooooo", "La sieste", "Où As-tu Mis L'été"-, la balada de coctelería -"Tout Nu et Tout Mouillé", "Chanson de Pluie"- o la canción valseada -"Kika"-, e incluso una versión del clásico de Brassens "Les Passantes", dedicado a todas las mujeres que dejaron de alguna manera una huella indeleble en nuestras vidas, y de la que Biolay sale más que airoso.
Para saborear con calma: obtendrán réditos plausibles a largo plazo.
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