Si desde los tiempos de La Mandrágora de Ewers, o de la Lulú de Pabst, o de las muchas mujeres de la iconografía del cine negro de los años cuarenta o cincuenta se piensa en la figura de la "femme fatale" como un personaje altamente malévolo, calculador, frío o despiadado, intimidante para el patrón repleto de psicosis por parte del hombre, la relectura del mito por parte de la chileno-mexicana Mon Laferte en su décimo disco -noveno si descontáramos un primer paso en falso, bajo el nombre de Montserrat- contraataca en toda su dimensión con la espinosa relación de la mujer en un territorio siempre hostil poblado de atávicas lacras -por costumbres- de consecuencias lamentables que, a aún a día de hoy, permanecen sedimentadas en las sociedades actuales.
No todo es blanco o negro, avisa ya desde el primer corte, que da título al álbum. Aunque Laferte se vista musicalmente de crooner clásica, el mensaje sobre la partitura posee un cromatismo existencial que escapa de clichés vaporosos y comportamientos tendenciosos. La vulnerabilidad que retrata en "Mi Hombre" o en "Melancolía" son odas a esa autonegación a la que, desgraciadamente, muchas mujeres aún se ven sometidas. Autonegación de la que, aunque a veces cueste horrores, se acaba saliendo, como reflejan escrupulosamente las jazzísticas "Otra Noche de Llorar", "Las Flores que Dejaste en la Mesa" o el bolero "El Gran Señor" ("Me conquistó, ni me enteré"). El derecho a vivir un romance en igualdad de condiciones ("Esto es Amor", "Ocupa mi Piel"), aun a riesgo de bordear el imposible ("Veracruz", "Hasta Que Nos Despierte la Soledad") o teniendo el control soberano del cuerpo propio ("1:30"). De todo ello se desemboca en la vindicación feminista de "La Tirana" -devenida en cha-cha-chá, con Nathy Peluso- que tira por tierra ese viejo mito al que al principio de esta reseña hacíamos referencia.
Como ya ocurriese en nuestro celebrado "SEIS" (Universal, 2021), en este "Femme Fatale" publicado esta vez con Sony, Mon Laferte vuelve a convencer con una interpretación global arrebatadora, en plenitud vocal, apoyándose en unos textos de deslumbrante disección y unos géneros no por trillados menos válidos en su capacidad de reformulación, para la que Laferte no solamente está capacitada, sino que dinamita con primor: con honores.
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