Sus detractores -o como mínimo los que ponen en cuestión la inusitada irrupción de Solya Ava Lowe- no se ponen de acuerdo: están los que la despachan como imitadora de la primera Lana del Rey, y luego van otros a que a lo que más le recuerda es a la de la etapa post-"Norman Fucking Rockwell!", echando por tierra cualquier atisbo de originalidad. También parece que es un inconveniente de cara a valorar en su justa medida "Queen of Texas" el hecho de que seis de las diez canciones que lo componen fuesen lanzadas previamente a la edición del primer largo de la, cómo no, tejana, derritiendo la expectación generada desde 2023 con más adelantos incluso.
Pero la realidad es tozuda, y "Queen of Texas" se sobrepone desde la primera escucha a pesar, cierto es, de la limitada paleta de recursos. Solya mezcla todo el tiempo el pop tradicional cincuentero con ribetes de Brill Building, de cierta estética crooner-rocker, con algo de efluvios country (saludos a Lesley Gore y Roy Orbison). Al haber compuesto las canciones en un momento muy post-adolescente -hace pocos días cumplió los veinte años- es lógica todavía la herencia teen-pop en las modulaciones vocales y en la temática de las letras, pero eso no quita para que la pegada de cada uno de los cortes tenga un claro efecto persuasivo.
Es el gótico americano teñido de dulzura post-indie que no creo que le haga ascos a un hipotético impacto mediático -o de culto considerable-, ese mismo al que incluso los que de momento le niegan el pan y la sal creen que puede optar en un futuro quizá no muy lejano. De momento ahí están sus conexiones con las canadienses Nicole Dollanganger, Vanille -y no solamente por las reminiscencias estéticas- o k.d. lang, con la primera Molly Burch o Alexandra Savior.
Desde los tímidos pero sugerentes sintes de la canción homónima -cuya mayor utilización debería marcar una senda para próximas entregas- a los estribillos tan rabiosos como dramáticos de "Born Wicked" o "Tell Me It's Over", pasando por las erguidas baladas del tipo "Silver Swan", "Movie Star", "And I'll Ask", por la entrega enardecida de "Is This Love?", o por el groove de fiesta de graduación (con acusación firme incluida) en "Aim to Kill", el conjunto de "Queen of Texas" desentierra una vez más esos ambientes áridos y fantasmales de los Estados Unidos más profundos, mas con solvencia y con una plasticidad irreprochable en la aplicación de esos prominentes acordes nervudos tan característicos.
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