Si necesitan saber el estado actual de la música de fuego de campamento, aquí tienen el ejemplo más evidente de óptima salud al respecto. Ashley Eriksson, tanto en solitario como compartiendo liderazgo en Lake junto a su pareja Eli Moore, ya tiene a sus espaldas una nutrida discografía de indie-pop disciplinar -con grabaciones de más o menos enjundia presupuestaria-, de mayor desnudez a su nombre y con arreglos más empacados con grupo, como cabría esperar en cada caso.
"Drop Drop Lane" nunca llama a engaño: la tonadilla que lo abre y que da título genérico a la colección, por ejemplo, bascula entre la candidez neoclásica de la Virginia Astley de "Hope in a Darkened Heart" -pero sin la sofisticación de esta- y las armonías sepia de Charlie Hilton, marcando todo el minutaje posterior. Hay ecos referenciales más o menos adquiridos por todos los lados -Alison Statton, Maureen "Mo" Tucker, Dolly Mixture, The Softies-, todos ellos bien traídos y con gracia más que suficiente para asomar la cabeza por encima del batallón de pusilánimes que suelen engrosar mayoritariamente un género como el que practica esta estadounidense. Ashley, por lo menos en este disco -no conocemos en profundidad el resto de su obra- consigue escapar de la mera simulación.
Se puede hablar de sentimientos sencillos, de la impresión más novicia con respecto a la naturaleza, hacer llegar a todo con melodías entre lánguidas y encantadoras, y no caer en simplicidades o reduccionismos pueriles. Adornar cada canción con el arreglo justo y necesario y evitar la sensación de pobreza o dejadez. Cuando eso se alcanza la complicidad viene sola. "Drop Drop Lane" está hecho de ese aura y, visto el panorama, no es poco.
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