sábado, 30 de mayo de 2015

Nothing Good Comes Easy – An Electropop Compilation 1





En mi búsqueda de nuevas sensaciones musicales, la actualidad ha venido a confirmarme definitivamente una realidad aplastante: ya no es tiempo para perder ni la energía ni la paciencia en escuchas de álbumes enteros a cargo de artistas más o menos recientes dentro de la jungla insondable de sonidos y expresiones que proporciona la red. En un momento en que los movimientos y corrientes pujantes e influyentes son una cosa del pasado a nivel mediático –industrias hegemónicas como la inglesa o la estadounidense a duras penas pueden ya seguir imponiendo como antaño lo que se debía escuchar, cómo se debía escuchar y en compañía de quién se debía hacerlo-, y agotada la veta de sorpresas estilísticas e inusitadas modas, queda la canción como esencia, como artefacto artístico y popular de futuro frente a seguidismos, vestuarios y fanatismos hueros que ya sólo son ruido anacrónico sobrevolando nuestras existencias.


Estos últimos meses, imposibilitado para encontrar apenas unos pocos discos completos realmente valiosos, he ido tomando de aquí y de allá –muchas veces con la sensación de rebuscar en un contenedor infinito de basura- unas cuantas perlas de grupos y solistas fundamentalmente MENORES que pululan por el mundo virtual. En muchos de los casos he escogido la única canción destacable dentro de obras ubicadas bajo parámetros estilísticos de sobra conocidos, nada revolucionarios. El mínimo común denominador ha el pop bailable electrónico, siempre desde un punto de vista abierto y desprejuiciado con el que finalmente tratar de trazar una panorámica de lo que se está haciendo en los últimos años en esas coordenadas. Algo así como unos “one hit wonders” que nunca existirán pero que en otras épocas –al menos algunos de ellos- podrían haberlo sido.






Sin entrar a detallar las características de cada uno de los artistas aquí expuestos, la recopilación comienza de la mano de artistas inclasificables dentro del lo-fi como JAMES PANTS o MISTABRAZIL, de quienes he seleccionado respectivamente alguna de sus piezas más vaporosas, con someras influencias de los sesenta bajo un prisma arty –piensen en la sombra alargada de Stereolab, sus órganos, sus Moog y, como en el caso de Mistabrazil, patentes proclamas marxistas en sus letras-. DREAM SAFARI se sitúan entre Animal Collective… y, sobre todo –afortunadamente- los Russian Futurists más hedonistas.  AMY AND THE DANCEBOX, proyecto liderado por la malograda –y muy interesante- Amy Luxenburger (no pudo ver terminada primera colección de canciones por deceso prematuro) pone la cuota de pop tropical de la selección, para dar paso después a CARO KISSA y NEGICCO, la conexión japonesa. Ya saben: shibuya kei a borbotones, plasticidad y eficiencia como la de Pizzicato Five y todo eso. De orígenes orientales pero afincada en California es PASTEL GHOST, con una especie de shoegaze electro impenitente y neo-gótico. LUST FOR YOUTH son un cruce perfecto entre Depeche Mode y… Tears For Fears. Bien considerado entre los tecno-kids de nuevo cuño pero a su vez nostálgicos de los principios de la era electrónica –son patentes los guiños tanto musicales como estéticos-, MARTIAL CARENTEL coge un poco de OMD en las voces y un mucho de My Bloody Valentine en la suciedad de las soluciones atmosféricas, consiguiendo una mixtura bastante atractiva. Post-punk aseado, sensual y con un puntito de acritud infecciosa es lo que ofrece el dúo WE WERE LOVERS. De gran esperanza blanca tildan algunos a PRIEST, cuyo debut para este mismo año gana enteros a cada escucha gracias a estribillos pegajosos de melancolía épica y sensibilidad indie. Más orientados al mainstream de hace veinte años están MOOD ROBOT: imagínense, aunque sea sólo cuatro minutos, a unos Garbage (glups) haciéndolo bien. 






Para YES NICE he escogido una remezcla que les corrige y acelera -por fortuna-, justificando en este caso de verdad esos falsetes contagiosos. STRAWBERRY KING es demasiado indie –de la escuela de Sarah o Max Eider y todo aquello-, pero a veces se descuelga con gemas más electrónicas con querencia por el drama y el cabaret post-apocalíptico. En una línea similar estaría ALEXANDER GEIST, que ya podría venir a abrir para Marc Almond la próxima vez en lugar de Baby Dee. La canción escogida es puro “Tenement Symphony”. Lo de TWINS NATALIA va con algo de trampa, ya que no se trata precisamente de unos novatos: algunos de sus miembros proceden de uno de los grupos ocultos de referencia entre la tecnofilia ochentera: Poème Électronique. He seleccionado de la nueva reencarnación una pieza que hubieran firmado sin pestañear los mejores Human League: un must. DATA TWINS, si persistieran en la línea aquí propuesta podrían ser los herederos directos de uno de los mejores grupos europeos de todos los tiempos: Gangway. La sobriedad del polaco TOMASZ MAKOWIECKI entronca en buena parte con las matemáticas afterhour de Junior Boys. El dúo JOHN CYRUS quizá sea la mejor baza de todo el recopilatorio: más que dignos continuadores de las enseñanzas de Stephin Merritt vía Future Bible Heroes, de momento todas y cada una de las canciones publicadas es más que notable y hacen concebir muchas esperanzas, impacientes por degustarlos en tiempo real con su próxima referencia. TEEL y SONS OF MAGDALENE son dos ejemplos fidedignos de la asunción de géneros como el hasta hace poco denostado italo-disco dentro de los márgenes del pop sintético anglosajón. Esto nos lleva irremediablemente a una última parte de esta antología dominada por nuevos artífices del spaghetti disco para este milenio. ANDERSEN es un misterio total; aun así y a pesar de carecer de dato alguno, su pronunciación da para reflexionar sobre el furor que ha tenido el italo en los últimos tiempos en la Europa del este, no ya a la hora de albergar mil y una fiestas remember dedicadas al género, sino por lo que se ve también para hacer sus propios pinitos de manera más que aceptable.  De las excelencias de CRISTALLI LIQUIDI ya hablé lo suficiente aquí y, para acabar, VICENZO SALVIA, a quien no pocos comparan ya con Bobby Orlando, Gino Soccio o Mauro Farina; es decir, un voraz instrumentista y productor que últimamente está en todas partes, ya sea para liderar la facción vaporwave o para facturar absolutas obras maestras rompepistas como la aquí incluida. Disfruten.






Tracklist:

James Pants – Clouds Over The Pacific
Mistabrazil – With My Hands (The Lenin Song)
Dream Safari – Emerald
Amy and The Dancebox – What Becomes A Boy Genius
Caro Kissa – Parallel World
Negicco – Anata To Pop With You!
Pastel Ghost – Shadows
Lust For Youth – Epoetin Alfa
Martial Canterel – Unwritten
We Were Lovers -  The Pressure
Priest – Day Drinking
Mood Robot – Singin’ Like I’m Crazy
Yes Nice – White Washed Walls (Remix Radio Version)
Strawberry King – My Sleeping Animals
Alexander Geist – Malediction
Twins Natalia – Into My Arms Again
Data Twins - Ava
Tomasz Makowiecki -  Holydays In Rome
John Cyrus – Nothing Good Comes Easy
Teel – Temple Of The Sun
Sons Of Magdalene – Hold On Hold Still For A Second
Alexander – Iva (Italo Disco Mix)
Cristalli Liquidi – Canzone Registrata (Radio Edit)
Vincenzo Salvia (feat. Chrissy Valentine) – Summer Love


Aquí y aquí los accesos a la sesión

domingo, 22 de marzo de 2015

Madame Putifar, de Pétrus Borel






“¿Qué es, después de todo, la vida (…) sino una larga serie, una larga multiplicidad de dolores entre dos enigmas, entre el enigma del nacimiento y el enigma de la muerte?”


Aprovechando el paralelismo entre el personaje de la esposa adúltera del comandante del faraón del –supuestamente- Medio Imperio egipcio –Putiphar-, y la marquesa de Pompadour, conspiradora sexual y querida del rey Luis XV de Francia, Pétrus Borel –también conocido como “El licántropo”, autor maldito por excelencia del Romanticismo tardío y pre-simbolista- traza alrededor de la segunda las venturas y, sobre todo, desventuras de un oficial irlandés –Patrick Fitz-Whyte- en la corrupta corte francesa –al fin y al cabo como todas las cortes- de la segunda mitad del siglo XVIII.

Cameo del marqués de Sade incluido, no esperen sin embargo de esta obra una suerte de novela libertina con escenas explícitas y disipación moral a borbotones, sino más bien todo lo contrario: una trágica historia de amor entre el oficial y su mujer, separados por el infortunio, la diferencia de clases, la ruindad palaciega y la coacción carcelaria.





De hecho el primero de los siete libros que componen “Madame Putifar” –que, a pesar de dar título genérico a la obra finalmente será un personaje secundario: fundamental pero secundario- está más bien emparentado con el drama shakesperiano, en concreto en la correspondencia con “Romeo y Julieta” –para hacerlo más intencionado arrancarán todos los libros con una cita famosa de dicho libreto-.

Al margen de intrigas y pasiones insondables (“más vale ser el fruto de un amor que el fruto de una costumbre”), Borel aprovecha para hacer una crítica despiadada a un Antiguo Régimen decadente, falsario e inútil, reparando –a través del personaje de Fitz-Harris, compañero de celda y penurias de Fitz-Whyte- en un valiente y exacerbado argumentario anti-monárquico y pre-libertario, lo que condujo al ostracismo la novela de Borel durante demasiado tiempo.





“La ley (…) al principio era justa, como todo lo que viene de Dios o del pueblo; pero la monarquía desfloró su castidad, la monarquía la sobornó, la monarquía la habitó; y de ese incesto salió una raza de hijos de perra, una nidada de bastardos que han sustituido a su madre después de haberla ahogado. ¡Ésa es la horrible camada que nos rige! ¡En su nombre se nos despedaza y se nos roe!,…!”


Atmósferas sórdidas para un caldo de cultivo pre-revolucionario que acabaría dando lugar al asalto a la Bastilla –donde habían acabado previamente con sus huesos ambos prisioneros- gracias en gran parte a la descomposición gubernamental e imperial de un sistema político manipulador hasta la náusea y, a la vez, ahogado en su prepotencia necia y enloquecida.

domingo, 22 de febrero de 2015

Fährmann Maria (Frank Wisbar, 1936)






La evolución artística, política y vital de Frank Wisbar se antoja paradigmática de otros tantos realizadores alemanes de su tiempo. Primero, ayudaron a dar prestigio a una industria de la que fueron primera potencia mundial –por encima de Estados Unidos- fundamentalmente entre los años 20 y los primeros años 30, después empezaron a sufrir el marcaje y la condena por parte del establishment administrativo del momento –ergo nazismo-, para a continuación acabar emigrando a otros países europeos o a América, y regresar después a Alemania para firmar en muchos casos estimables otras de madurez –en el caso de Wisbar el más que correcto drama periodístico “Asfalto húmedo”, de 1958- y terminar ahí sus carreras.





Wisbar inicia su andadura como realizador cuando la etapa silente ha pasado a la historia y el sonoro es una gran realidad de posibilidades infinitas. “Fährmann Maria” se integra en esa primera de las tres etapas del autor, cuando aún dirigía en Alemania y el nacional-socialismo trataba de atraerle a su maremágnum ideológico y del que, afortunadamente, acabaría huyendo. La personificación franca y rotunda de la muerte aquí sería sin lugar a dudas motivo de influencia para “El séptimo sello” de Ingmar Bergman, así como la mitología griega lo es para “Fährmann Maria” al integrar la figura del barquero –en esta ocasión desde el punto de vista femenino- a través de las reminiscencias financieras del propio Caronte. Además, comparte con Dreyer esa obsesión por la luz, un tratamiento que aquí nos recuerda especialmente al misticismo en exteriores que luego desarrollaría el danés sobre todo en “Ordet”. En el polo opuesto nos encontraríamos con la casi contemporánea “La muerte de vacaciones” de Mitchell Leisen, donde se desarrollaría la idea de la encarnación de una manera mucho más superficial y distendida.





María, protagonista de la historia (interpretada por Sybille Schmitz, que ya había trabajado precisamente a las órdenes de Dreyer en “Vampyr”), es una joven desposeída en búsqueda de empleo que aterriza en un pueblo donde el barquero oficial acaba de morir. Su llegada provoca tantas suspicacias, pasiones y sentimientos encontrados como ocurre con la presencia de la protagonista de otra de las cimas del cine germano de la década de los treinta: “Luz azul”, de la proselitista Leni Riefenstahl. Ambas, dotadas de una belleza incuestionable y un temperamento fuerte pero también extremadamente sensible, personifican a la heroína incomprendida y aislada en un mundo ahogado en convenciones reaccionarias e inanes. Una de estas últimas es la proclama patriótica que expone el combatiente al que María acoge en su cabaña y con el que acabará intimando inexorablemente. Un discurso que felizmente mantiene aún hoy una interpretación final lo suficientemente ambigua como para sobrevivir a un cuestionamiento doctrinario que hubiese afectado de algún modo a la película.






Fantásticas imágenes de turbia belleza en las apariciones crepusculares y acechantes de la Muerte (Peter Voss), para el que no valen las plegarias. Y un final tan aparentemente correcto como insondable y abierto a todo tipo de criterios.


El propio Wisbar, en su etapa norteamericana donde se especializaría en serie B de cartón piedra, recurirría a parte de este mismo guión para perpetrar una especie de remake de su propia película bajo el nombre de “Strangler of the Swamp”, aún inédita para el que esto suscribe.

lunes, 19 de enero de 2015

En busca de Cabo Verde (VI)






¿Es DJOSINHA el más brasileño de los artistas procedentes de Cabo Verde?. Le delata la pronunciación y esas exquisitas versiones seleccionadas con mucho mimo de los cancioneros de artistas del otro lado del charco, como el maestro sambista Paulinho Da Viola. Precisamente hemos escogido la lectura que José Duarte (nombre real de Djosinha) hizo  del “Coração Volgar” del carioca en 1963 junto con A Voz De Cabo Verde, uno de los conjuntos musico-vocales más importantes del país en aquellos años. Todavía en activo y en plena forma, Duarte tuvo que dejar su otra gran pasión, el fútbol, por una accidente fatal en el tendón de Aquiles.






El Conjunto Voz de Cabo Verde (junto con Paulinho Vieira) también están detrás –como grupo de acompañamiento y arreglista respectivamente- de SÉRGIO GÓMES, notable compositor que navegó entre la coladeira y el morna más apegado a la canción melódica. “Sozinho” destaca por un solo de trompeta inconmensurable y ese romanticismo a flor de piel en forma de ‘sodade’ que parece volatilizarse a cada instante.






Discos Monte Clara fue un sello crucial que albergó a muchos de los artistas más interesantes de las islas, caso de Bana, Sérgio Gómes, Luis Morais (miembro de Voz de Cabo Verde) o el propio Djosinha. También a DIONISIO MAIO, que dejó para la posteridad un par de álbumes editados a principios de los ochenta y hoy en día considerados de culto. Influido por el funk, la coladeira y el funaná, ha sido recientemente rescatado por Alma Negra, uno de los colectivos europeos más comprometidos con el mestizaje total, tanto en sus recopilatorios para Sofrito Records (donde se incluye el inédito de Maio “Corpim Sabe” en diferentes versiones, a cual más excitante) como en sus propias creaciones. La citada remezcla es un cóctel explosivo, pero el resto de canciones (con un sonido más acústico) no se quedan atrás, lo cual, unido al misterio que rodea a este músico de un talento que casi se puede palpar, le otorga la etiqueta de joya oculta para paladares refinados y amantes desbocados de la pista de baile más inteligente.

FRANK DE PINA tiene una dilatada carrera desde sus inicios en Os Vulcánicos -competidores folk de Os Tubarões- a principios de los setenta. En los ochenta inicia su carrera en solitario donde da rienda suelta a todo tipo de sonoridades: morna, reggae, zouk, coladeira y pop de toda la vida. Por ahí sigue.






El compromiso abiertamente político tiene en TULIPA NEGRA uno de sus principales estandartes. No hay más que escuchar “Viva F.A.R.P.” (homenaje a las “Forças Armadas Revolucionarias do Povo” que combatieron con todo por la independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde con el fin de liberarse de las cadenas portuguesas), a ritmo de merengue infeccioso y teclados alucinógenos.

NHÚ DE PED’BIA fue otro valiente y poco conocido artista que mezcló a mediados-finales de los ochenta tambora y funaná con sintetizadores. Imparable y pegadizo desde el primer compás.






Por último FERRO GAITA, uno de los grupos más importantes del último funaná. Han devuelto el acordeón a primera línea de actualidad, recuperando de paso un sonido más clásico que prescinde por completo del maquillaje tecnológico para dotar al baile una intensidad y vibración irrebatibles desde una perspectiva más electro-acústica y orgánica: fiesta asegurada.


domingo, 18 de enero de 2015

En busca de Cabo Verde (V)





Tutura Évora (o Dona Tututa, como es conocida popularmente) es una figura más que legendaria dentro de la escena caboverdiana desde los años treinta. Fallecida recientemente (protagonista de un sentido documental que repasa su vida y las reacciones de todos los que la amaron y la aman), esta pianista superdotada aglutinaba aplausos sólo con levantar la tapa de su teclado. Fue la primera mujer de su país en tocar en los night-clubs del país (en Mindelo, su ciudad natal) y hasta el último momento hizo disfrutar a la audiencia con su enorme talento y carisma sin igual. Hija de Antone Tchitche, el primer compositor de coladeiras de la historia, hizo sus grabaciones más apreciadas junto al guitarrista Taninho Évora, con el que compaginaba férreos instrumentales con primorosas coladeiras de arreglos mínimos pero sumamente persuasivos. Por tanto, del disco que firmaron en 1966 como TUTUTA & TANINHO (y reeditado en 1999, cuyo nombre fue “Air Mail Music”, grabado en EEUU) hemos elegido dos de las canciones cantadas, de una modernidad y fuerza insultantes.






Considerado uno de los pintores más sobresalientes de su país (puede recordar indistintamente a Sorolla o a Gauguin), KIKI LIMA ha tenido también en la música otro de sus habituales canales de expresión. “Tchuva”, de 1985 y grabado en su prolongada estancia en Portugal, es un excelso disco de morna con arreglos de cuerda elegantes y una ternura a la hora de cantar fuera de toda duda. A pesar de ser, como él bien dice, una actividad exclusivamente íntima –sólo toca de vez en cuando para círculos muy reducidos), tuvo tiempo de regalarnos este “Tchuva” y “Midj Má Tambor” (ambos ilustrados con sus magníficos lienzos) para la posteridad.

BETINA LOPES publicó un solo disco (“Messagem”, de 1988) y fue una protegida de Paulino Vieira, uno de los músicos más importantes, requeridos y todo-terreno de las islas. De hecho Vieira toca muchos de los instrumentos del álbum. Retirada durante décadas, a partir de 2008 retomó sus apariciones en directo basándose siempre en su única y deliciosa grabación, donde alternaba morna-habanera y coladeira.






El nombre de MIRRI LOBO va ligado inexorablemente al éxito sin paliativos en su país. Ganador de numerosos premios desde sus primeros pasos en la música (como integrante del grupo Djarama), fueron las décadas de los ochenta y noventa las de actividad más incesante. He escogido dos piezas bien diferentes de sus dos primeros discos: la festiva “Cartinha d’Holanda”, con la que arrancaba su debut “Alma Violão”, y uno de los mornas más excelsos, “Matchamor”, que daba título genérico al segundo.

La historia de ZÉ LUIS es ilustrativa de la de la mayoría de los músicos de Cabo Verde. Lleva cantando desde principios de los ochenta, pero ya sea por la imposibilidad de acceder con plenas garantías a un estudio de grabación de la zona (lo que implica tener que viajar las más de las veces al exterior), por los pocos recursos para plantearse una producción (el profesionalismo ahí es una quimera) o sencillamente porque no siempre está en las prioridades de estos artistas el registrar sus canciones, la cuestión es que hasta hace apenas dos años que Luis no ha editado su primer disco. Sea como sea, “Serenata” (lanzado por el imprescindible sello francés Lusáfrica) es de una finura apabullante y desprende un cariño sólo al alcance de los mejores. Se incluye su versión de "Ganha Gasta", popularizada por gente como Bana o Djosinha. La reformulación del romanticismo más desnudo.





CEUZANY fue la cantante de Cordas Do Sol (ver ‘En busca de Cabo Verde II’), “divorciándose” de ellos en 2013 y debutando ese mismo año con “Nha Vida”, que mantiene muchas de las constantes de su anterior grupo. Modernidad y tradición fundiéndose con naturalidad entre funanás y sambas. Como Jacqueline Fortes, es natural de Senegal, y como en el caso de la intérprete de “Valor Di Amor” tiene tatuado en el corazón la tierra caboverdiana que la acogió desde pequeña y donde tiene cautivados a sus conciudadanos.


De NEUZA, la última sensación de las islas, apenas nada que añadir a lo que ya conté aquí cuando publicó el que es hasta la fecha su primer y único álbum, monumento tanto a la sensualidad como a la exuberancia rítmica.





jueves, 15 de enero de 2015

En busca de Cabo Verde (IV)






El funaná es el estilo musical por antonomasia del campesinado y las clases más humildes de los núcleos urbanos de las principales ciudades de Cabo Verde. Apoyado desde su origen fundamentalmente en el acordeón y en una percusión “a cuchillo” sobre algún objeto metálico, poco a poco fue evolucionando y ampliando su paleta expresiva con instrumentos eléctricos y tecnológicos.

Uno de sus principales -y primeros- artífices fue el guarda forestal CODÉ DI DONA (1940-2010) -cuyo nombre también admite variar sensiblemente la grafía de la C a la K-, intérprete de al menos tres álbumes con o sin grupo detrás. En el primer caso y en un disco como “Kode Di Dona's Funana” (1996) se advierten esas raíces primigenias del estilo en todo su esplendor: texturas áridas y sinuosas bajo un cielo sofocante de ritmos sincopados y discurso melódico irregular: todo un desafío para los pulcros oídos de cualquier aficionado del primer mundo. Gregório Vaz (nombre real) como involuntario baluarte que debería ser del verdadero sentido del término “anti-folk” según el prisma occidental. Sin embargo, para esta ocasión hemos incluido en el sampler correspondiente dos piezas más digeribles incluidas en su disco homónimo de 1997: “Pomba” -cuyos coros nos recuerdan poderosamente a los Talking Heads de “The Great Curve” o “Houses in Motion”- y “Teresinha”, ambas bendecidas con acertados bajos musculosos. Codé Di Dona es a São Domingos lo que Faustino Oramas “El Guayabero” a Holguín, allá al otro lado del océano: una respetada y señera figura local que funde la hilaridad y la picardía de las historias del terruño con acordes rudos y garganta ufana.







Los praianos OS TUBARÕES de Ildo Lobo (ver ‘En busca de Cabo Verde I’, cuando incluíamos a Lobo en solitario en el primer recopilatorio) fue el primer combo destacado tras la ansiada descolonización de Portugal. Practicaron todo tipo de estilos (además de funaná se bregaron en la coladeira, el morna y el pop internacional) y armaron una admirable y muy consecuente discografía que quizá tenga en “Djonsinho Cabral” -su segundo elepé, publicado en 1979- el punto más álgido de su discurso, aunando tradición y atemporalidad sonora de la manera más efectiva posible. No obstante, hemos elegido dos canciones de su disco final, “Porton D'nos Ilha” (1994), dos coladeiras trepidantes como son “Mula Mansa” –ilustrativa muestra de costumbrismo literario apegado a las volcánicas superficies que conforman muchos de sus pueblos- y “Tunuca”, más sofisticada y reivindicativa, celebrando de manera exuberante la emancipación nacional. Lobo aunaba de alguna manera el físico de Juan Luis Guerra con la desbordante retórica de Renato Russo.







Un punto de inflexión en la historia del funaná fue BULIMUNDO. Formados a finales de los setenta, revolucionaron el género ya en los ochenta añadiendo guitarras eléctricas y demás cacharrería contemporánea a sus esquemas. Liderados por su añorado guitarrista Katchás, flirtearon –a su manera- con el art-rock, la música de baile anglosajona y el post-punk de raigambre “étnica” gracias a la utilización de acordes energéticos no muy alejados de lo que hoy conocemos como ‘jangle’, lo que dio a su obra una versatilidad pasmosa y rica en matices. He seleccionado las dos primeras canciones de su obra maestra, Êxodo (1983), donde en muchos de sus cortes no suenan nada alejados en planteamientos “mestizos” de propuestas de la época como los primeros Ciudad Jardín, los Coyotes de “Mujer y sentimiento” –“Di Modis Ki”- o los citados Talking Heads. Una orquesta fundamental y siempre sorprendente.







La escisión más sonada de Bulimundo fue FINAÇON, el grupo liderado por los hermanos ZECA y ZEZÉ DI NHA REINALDA, dos de los primeros cantantes de los de Katchás. Como éstos u Os Tubarões, consiguieron un éxito tremendo tanto en su país como en otros más  o menos con los que los une un profundo  hermanamiento –caso de Guinea-Bissáu-. Finaçon tienen en “Horizonte” (1985) y sobre todo “Dotorado” (1989) los larga duración más definitorios de su carrera. El funaná “eléctrico” se hace con ellos definitivamente más expansivo, llegando a su plena normalización. He incluido de ellos hits tan incontestables como “Indifido” o “Si Manera”, forrados con teclados ‘verbeneros’ absolutamente irresistibles, y con la vigorosa voz de Zeca Di Nha Reinalda por bandera, todo un portento expresivo.

De los hermanos he escogido también dos canciones (por artista) de sus respectivas carreras en solitario. De Zezé tanto la festiva “N Ka Kulpadu” como el morna-vals “Mundu Mas Bunitu” (esta segunda con una intro que haría palidecer a los grupos de pop siniestro de la época en que se publicó: finales de los ochenta), dando muestras de un infatigable y siempre mudable talento afro-pop.





Zeca Di Nha Reinalda, toda una estrella en su país –considerado merecidamente ‘O Rei do Funaná”- tiene ya una larga trayectoria al margen de los fenecidos Finaçon, desembocando en un electro-funaná lindante con la música ‘dance’ al uso (“Engana Deus”), de bases martilleantes, sensibilidad ‘pop’ y plenitud verbal.


Para cerrar, algo alejado del funaná pero que aun así comparte algo del desparpajo de Zeca Di Nha Reinalda en lo que respecta al maridaje de ritmos caboverdianos y música de baile cosmopolita. MARIZIA (DO ROSARIO), que está más cerca de otros estilos como el zouk o el kizomba, fue a finales de los noventa y principios del nuevo siglo la auténtica sensación caboverdiana en las discotecas de las islas. Dance-pop insolente y meridianamente comercial que tiene en “Daily”, de 2003, su disco más celebrado e irrebatible. Colmado de hits potenciales (entre Fantcha y Kylie Minogue) y prístinos arreglos synthpop, “Cabeça No Ar” (incluida en el disco citado) sería el más rotundo. Para acompañar “Taõ piquenin”, canción estrella que diera título genérico a su anterior disco: para gente sin complejos.