viernes, 27 de julio de 2018

Diez años en Vailima: Discos 2008-2018 (IX)





Owen Pallett – “In Conflict” (Domino, 2014)

Confirma la tendencia de asociar su fórmula a la de uno de los grandes heterodoxos de la segunda mitad del siglo XX: John Cale, en concreto  esa que habla de normalizar la música de cámara dentro de los márgenes del consumismo pop. Con Brian Eno como testigo –chamán en la sombra-, la producción un tanto mate de entregas anteriores ha dado paso en la que nos ocupa a una mayor efusividad en la edificación. El disco va ganando en intensidad especialmente en el tramo final, a modo de catarsis camuflada de fanfarria electrónica pseudo-ruidista, dejando en el cuerpo una sensación de arrojo y plenitud como nunca hasta ahora había logrado con la marca que fuese. (Ya) más que un alumno aventajado. Más información aquí.





Papooz – “Green Juice” (Jive Epic, 2016)

Luminosidad y savoir faire. Precedido por esa infecciosa tonadilla canicular titulada “Ann Wants Do Dance”, el debut de estos franceses nos retrotrae de lleno  al sophisti-pop de los años ochenta: Matt Bianco versus Sade, las más íntimas del “Café Bleu” de The Style Council, los reflejos de Prefab Sprout, Aztec Camera o Martin Stephenson & The Daintees -época “Gladsome, Humour & Blue”- y revisionistas del asunto como Dominant Legs. Cadencias jazz –a las que se les ha aplicado convenientemente el blanqueador-, coros refulgentes y enjundiosa distinción en armonías y arreglos. Producto para oídos precavidos no exentos de exigencia eufónica. La mejor noticia pop del país vecino desde Orwell. Más información aquí.





Parade – “Demasiado Humano” (Jabalina, 2016)

Una difícil elección. Antonio Galvañ podría estar batiendo un extraño record, al menos en lo que se circunscribe a la escena nacional: ningún disco claramente superior al resto dentro de una discografía que ya empieza a ser –afortunadamente- abultada. En “Demasiado Humano” siguen diáfanas las obsesiones del murciano: la ciencia-ficción –literaria o cinematográfica-, el humor particular, el (tecno)pop pluscuamperfecto, la cultura popular o la ternura. Desbordante de cariño en cada rasgo. Aquí su bandcamp.





Part Time – “PDA” (Mexican Summer, 2013)

La fijación de Davida Loca, líder de los angelinos Part Time por The Cars se siente de manera palmaria en canciones como “Night Drive”, “Staring At A Sun” o la propia “PDA”. El resto de esta juerga lo-fi sale a cuarto y mitad de psicodelia -¡cómo me recuerdan a los ninguneados The Chrysanthemums!- y a otro tanto de indie ochentero con sintes diletantes. Incluye la estrafalaria canción del verano “Soñando de Ti”, que parece sacada del repertorio de Peor Imposible… Aquí en Youtube.





Paul Buchanan – “Mid Air” (Newsroom, 2012)

Si dijese que este es posiblemente el mejor disco de todos en los que ha intervenido el de Glasgow, los fanáticos –entre los que me encuentro, por otra parte- de “A Walk Across the Rooftops” (1984) o “Hats” (1989) se me lanzarían a la yugular. Pero es que “Mid Air” –una vez disueltos ¿definitivamente? The Blue Nile-, primer disco en solitario de Paul Buchanan, tiene algunas cosas de las que carecen los anteriores: mayor concreción instrumental –o dicho de otra manera: nula densidad atmosférica-, minutajes más ajustados y, por tanto, una limpieza de concepto que permite darnos cuenta hasta qué punto Buchanan es un compositor excepcional,  sustancial y emotivo. Incluye “Buy a Motor Car”, otro clásico como lo fueron “Tinseltown in the Rain” o “The Downtown Lights”: sin necesidad de reinventar nada, solo dejándose llevar una vez más por la noche, los cristales empañados y la soledad más descarnada. Qué típico, sí, pero qué bueno. Aquí en Spotify.





Pet Shop Boys – “Yes” (Parlophone, 2009)

El último arranque de genialidad del dúo maravillas, justo antes de que se hundieran en la irrelevancia en la que, a día de hoy, preocupantemente se encuentran. Nadie como ellos cuando se trata de dar con la tecla y engarzar lo melodramático con lo eufórico en un compendio -o “Pandemonium”- que, cuando alcanza como aquí en numen, resulta invencible. Así sí: más musicalidad y menos beats gratuitos. Aquí en Spotify.





Physical Media – “Towers In The Dark” (autoeditado, 2016)

Cuarteto de Brooklyn adscrito a la más austera independencia (logísticamente hablando). Pueden moverse entre unos Ladybug Transistor sintetizados con el rasgueo pseudo-funky de Dislocation Dance, los Jazz Butcher con Max Eider o los Sneaky Feelings, así como entre los remilgos de The Lotus Eaters o Microdisney. Sabia utilización de buenos recursos del indie canónico –con variabilidad y sin caer en el tópico- y un buen ramillete de melodías-gancho a la manera de la mejor escuela del género. Más información aquí.





Pictured Resort – “All Vacation Long” (Sailyard, 2016)

En la línea del mejor indie de finales de los ochenta y principios de los noventa (The Hit Parade, Blueboy o Field Mice) pero, además, con especial énfasis en dotar a casi todas sus composiciones de teclados planeadores y decididamente retro que les hacen entroncar con el city pop de principios de la primera de las décadas citadas. El proyecto liderado por Koji Takagi no conoce apenas fisuras o puntos ciegos en el conocimiento de los entresijos del mejor pop de sofisticadas guitarras jangle, aquí convenientemente licuadas y embadurnadas de sintetizadores en primerísimo plano. [extraído del post (Más) discos recomendables de pop japonés].





Pleasance House – “Any Gracious Heart” (autoeditado, 2016)

Connor Burnett tiene una especial habilidad con la guitarra –arpegia que da gusto, así que la correlación subconsciente con Nick Drake no se antoja ninguna tontería- pareja a su timidez sobre el escenario –otro punto en común con inglés-. Ha ido evolucionando hacia una sencillez y minimalismo próximos a las caricias prístinas de The Innocence Mission o a las confidencias suspendidas de Trembling Blue Stars, cinceladas con sutiles armonías psicodélicas y resoluciones cinematográficas. Más información aquí.





Porches – “Pool” (Domino, 2016)

El auto-tune ya es, definitivamente, una de las últimas plagas que asolan la planificación de buena parte de la producción contemporánea, a la altura del sonido fairlight de aquellos ochenta. Aaron Maine, sin embargo, logra reprimir el abuso del juguete con un empleo algo más sutil, apenas estridente: en sintonía con el destello lánguido de neón del que se nutren los arreglos de las canciones. Partiendo de un sonido conceptual –una especie de ralentí chic- entre lentos terminales y hits contenidos. ¿Hype, oportunistas?. Como mínimo consiguen condensar plasticidad y consistencia expresiva. Algo que no muchas veces se da con la publicidad agresiva. Más información aquí.





Prefab Sprout – “Let’s Change the World with Music” (Kitchenware, 2009)

No deja de sorprender que un disco así llegara a estar criando polvo durante más de quince años. Pero seguramente es solo una de las muchas travesuras –por decirlo suavemente- que aún nos tiene reservadas su responsable, Patrick Joseph McAloon, alias “Nadie sabe la mitad de las cosas que he escrito”. El eslabón perdido entre “Jordan: the Comeback” (1990) y “Andromeda Heights” (1997) sucumbió a principios de los noventa al encontronazo con la multinacional de turno, siguiendo el camino de tantos discos perdidos pero compuestos que, asegura su autor, esperan su momento. El de “Let’s Change the World with Music” (¡alabado sea el Señor!) fue en 2009, cuando McAloon ya se había convertido en el ermitaño que es hoy mientras sigue buscando con las mínimas interferencias posibles la sinfonía pop perfecta. “Let’s Change” es la constatación de que las cosas, cuando son sólidamente bellas, no tienen ningún problema en traspasar cualquier época, porque contienen el anhelado néctar de lo intemporal. Habla de una vocación, tratada en tono alegórico, y de una intención espiritual, fatalista y sanadora. Ante todo la música y la obsesión por sublimarla hasta las últimas consecuencias. Utilizando el escalpelo para entretejer una colección de canciones inconmensurable, donde las melodías perfectas y los arreglos de fantasía campan a sus anchas. Desde la turbadora “Music Is A Princess” (otro tótem de McAloon) al –no tan- velado homenaje a Marvin Gaye en “Earth: The Story So Far”, pasando por ese impresionante tour de force melódico que es “Met The New Mozart”, este disco es ante todo combustible para el alma. Del Premium, oiga. Más información aquí.





Prefab Sprout – “Crimson/Red” (Kitchenware, 2013)


Ni los graves problemas de vista y de oído pueden hacer que Paddy McAloon se aleje de estado de gracia (casi) permanente en el que se halla cuando agarra una guitarra o conecta un teclado. “Crimson/Red” fue –exceptuando el rescate de “Let’s Change the World with Music”- la primera noticia de ¿nuevas? composiciones desde su brillante y complejo disco en solitario “I Trawl the Megahertz” (2003). Contiene, entre tantas (estupendas) cosas, un hit como no lo hacía desde “If You Don´t Love Me” -“The Best Jewel Thief in the World”-. El resto –detenerse en ello daría para varios folios- vuelve a sentar cátedra: filigranas armónicas por doquier y un sexto sentido para captar momentos extrasensoriales parece que solo proclives a ser interceptados por este viejo médium esquivo pero maravilloso. Aquí en Youtube.

jueves, 26 de julio de 2018

Diez años en Vailima: Discos 2008-2018 (VIII)





Molly Drag – “Deeply Flawed” (Hellur, 2015)

Dream-pop con alma punk en un despampanante tour de force -20 canciones- que bien parece el grito desesperado de alguien atrapado en una gruta inaccesible soñando con paisajes lunares y fantasmas personales. Como un Patrik Fitzgerald conspirando al lado de Bark Psychosis y los primeros Mercury Rev. Es un disco (denso) que exige atención y tiempo –por tanto en las antípodas del tipo de objetivos y resistencia de un oyente actual-, pero la propuesta de Michael Hansford recompensa y acaba atrapando. Aquí su bandcamp.




  
Molly Drake – “Molly Drake” (Bryter, 2011)

De acuerdo, si no fuera quien es seguramente no hubiera tenido apuntado el foco de atención como lo tiene. Pero hay un tic tac que resuena durante todas las piezas de esta entrega inesperada: por una parte la inspiración directa hacia un pequeño Nick Drake –con todo lo que ello conlleva- y por el otro la autonomía de una inusitada personalidad regalando arrullos como flores que jamás se marchitarán. Impagable. Aquí en Spotify con la reedición extendida.





Natsu Summer – “Hello, future day” (P-Vine, 2017)

Del punk-rock de los noventa con Mummy the Peepshow al pop inteligente y dúctil del presente. Y del lovers rock electrónico de los ep’s previos a la reactualización del city pop ochentero con sonoridades prestadas de cierto vaporwave. Ritmos calientes y festines de synth-pop enhebrados con cadencioso primor. [extraído del post (Más) discos recomendables de pop japonés.





Negicco – “Melody Palette” (T-Palette, 2013)

Una de las sensaciones dentro del fenómeno teen nipón en la última década. Mezclan todo tipo de influencias para la pista de baile con absoluta desenvoltura, logrando una concatenación de dianas pop deslumbrante. Canciones PERFECTAS de innegable aroma shibuya con arreglos soul en la línea del “Shout To The Top” de The Style Council, Barry White vía Lisa Stansfield, pero también en la de Stock, Aitken & Waterman, del rap melódico y, en general, de un delicioso dejà vu de los sonidos de finales de los ochenta y principios de los noventa. [extraído del post Discos imprescindibles del pop japonés (V).





Neuza – “Flor di Bila” (Lusáfrica, 2013)

Pertenece más bien a la “nueva ola” de figuras femeninas procedentes de Cabo Verde como Mayra Andrade, Nancy Vieira o Jenifer Solidade. Combina con inusitado poderío y franca consistencia géneros tan secretamente concatenados como la coladeira, el fado negro o morna, el funaná, la escuela sambista o el folk-pop transnacional que busca presencia y pide paso internacionalmente más allá del ámbito lusófono. Letras en torno a la nostalgia, el trabajo, la potencia medioambiental, el culto sobrenatural o directamente a las ganas de vivir, dentro de un marcado costumbrismo bastante lejos de ser impostado. Música encendida más allá de coartadas especulativas y acomodaticias. Más información aquí.





Nick Cave & The Bad Seeds – “Skeleton Tree” (Bad Seed-Mute, 2016)

Después de un considerable tropezón creativo –el mediocre y pragmático “Push the Sky Away” (2013)-, el autor de “The Mercy Seat” entregaba un disco expansivo a nivel sonoro pero insondable a nivel lírico. Más cercano a álbumes de crooner mortuorio como “The Good Son” (1990) o “The Boatman's Call” (1997) que a los latigazos punk-rock-blues de otras épocas y otros estímulos, “Skeleton Tree” contó con el impulso -mediático- morboso en el momento de su publicación de la muerte de uno de sus hijos apenas un año antes, aunque las canciones ya estuvieran previamente compuestas al fatal suceso y casi listas para su publicación. Por eso es importante aislar la tragedia real del valor intrínseco de un disco que da la medida del mejor Nick Cave –ese con el que muchos seguimos creciendo, reflexionando y madurando, el que aún es capaz de sacarse de la manga barbaridades como la canción homónima-, independientemente de las circunstancias y de los golpes del destino. Aquí en Spotify.




  
Nouvelle Phénomène – “Glory of Romance” (Other Voices, 2013)

Con el fin de rememorar mestizajes entre el italo-disco y el eurodisco o el tecno-pop a la francesa nada mejor que viajar a la inesperada Hungría para deleitarnos con un synthpop enigmático no exento de fuste pizpireto que lo entronca con el reciente retrowave. Nouvelle Phénomène son los responsables de un único álbum que se revela además como uno de los trabajos más completos y consistentes el penúltimo pop electrónico. [extraído del infome retrowave publicado en Caninomag]





Nunzio Fattini – “Album Primum” (autoeditado, 2009)

Si su anterior proyecto, Fanuelle, se acercaba a otros episodios de pop de altillo como “Rebellion” de Harvey Williams o los Go-Kart Mozart más tiernos (es decir, el clasicismo de uno sumado a la chifladura de los otros), lo de Nunzio Fattini abogaba por subir algún peldaño más en sofisticación. Como Bryan Ferry con pijama y algo de resaca: sonido de saxos, teclados que pretenden ser ora reverberantes ora henchidos, cadencias de bossa nova y una voz con su punto irritante. Un gran ‘disco perdido’: ¿alguien que se atreva a plastificarlo?. Más información aquí.





Orlando Gloom – “David in the Void” (Birthday Tapes, 2017)

Dave Shaw –nombre real- es una especie de Momus del siglo XXI que practica pop electrónico por necesidad y, seguro, por convencimiento. Un Juan Palomo que no desentonaría en absoluto en el catálogo del sello Arbutus, por proximidad geográfica y estética. El dibujo melódico “a una sola mano” de los primeros Depeche Mode, el maridaje entre el primer John Maus y The Russian Futurists , la pátina diamantina de (cómo no) Future Bible Heroes o la melancolía industriosa de New Order, entre teclados ora vaporwave ora shoegaze, pueden servir como pistas para describir su propuesta. Más información aquí.





Orwell – “Continental” (Europop 2000, 2011)

Estos franceses son unos auténticos magos de la orfebrería pop y “Continental” su indiscutible obra maestra. Cantado mayoritariamente en inglés –también suelen darle a su lengua natal-, cada pieza que lo incluye es una joya de impecable acabado que sabe integrar pespuntes electrónicos con suficiencia y devoción dentro de un pop clásico –The Beach Boys, Bacharach- con vocación señorial –cuerdas, xilófonos-. Lo que llevan persiguiendo formaciones como The High Llamas o Wild Honey y todavía andan lejos de conseguir. Aquí su bandcamp.




  
Otto – “Ottomatopeia” (Press Pass, 2017)


Figura clave del rock nordestino del último cuarto de siglo –primero con Mundo Livre S/A-, Otto Pereira de Cordeiro continúa en pleno work in progress hacia un pop equilibrado más preocupado por el formato canción que por injertar de manera forzada estilismos -samba mutante, chill out incandescente y asimilación hip-hop que ya van quedando atrás en su forma de hacer-. En “Ottomatopeia” hay piezas en la línea de Tribalistas, densidad post-punk a la manera de Magazine, rock mestizo entre Los Rodríguez y Los Fabulosos Cadillacs, son y hasta bolero. Más información aquí.