jueves, 26 de junio de 2014

Juan Luis Guerra y 4.40: 1985-1990





Al grano: la segunda mitad de los ochenta fue el lustro de revelación y consolidación de uno de los estandartes más aperturistas, cosmopolitas y populares de la música caribeña de los últimos tiempos. Gracias al colectivo dominicano 4.40 el merengue –ese género trepidante y porfiado- abandonó gran parte la rigidez de sus estructuras melódicas habituales (con Dioni Fernández y el Fania All Stars Wilfrido Vargas a la cabeza como ejemplos de un estilo algo inamovible) para abrazar un eclecticismo vibrante con un oído puesto en los sonidos anglosajones (The Beatles, el jazz norteamericano) y otro en la siempre despierta conexión con el son cubano, además de otras influencias imprevisibles lejos del más inmediato de los radios de acción.

La secuencia que va del segundo al quinto álbum del grupo es una de las noticias más felices que tuvo a bien el despegue comercial de los sonidos más calientes en gran parte del mundo por aquellos años. Subrayar este hecho y hacer hincapié en él no es sino un acto de justicia poética del que nos sentimos en la obligación de hacernos eco.





Después de un primer lp insustancial y pragmático –“Soplando” (WEA, 1984, también bautizado como “El Original 4.40”-, escorado al jazz latino (con algunas influencias del samba carioca) donde brillaban por su ausencia canciones memorables y tenían mucho más peso las evoluciones ceñidas a lo más prosaico del género, todo cambiaría al año siguiente cuando, gracias a la bendita intuición de Bienvenido Rodríguez, capo de Karen Records –donde Juan Luis permanecería hasta mediados de la década de 2000-, la formación decide abandonar los “purismos” del debut y lanzarse a tumba abierta hacia sonidos más comerciales pero no por ello menos audaces.





“Mudanza y acarreo”(1985) es el primer aldabonazo a tan celebrada transformación. Contiene el primer hit compuesto por Guerra –“Si tú te vas”- con los inconfundibles relevos en las estrofas a cargo de todos los vocalistas del grupo, en especial Mariela Mercado, que con su paso por el proyecto hasta 1989 simboliza en gran parte el periodo más fértil de la formación. Pero además pasará a la historia por ser el disco donde le dieron la vuelta al “Yo vivo enamorao” de Camarón de la Isla –incluida inicialmente en el “Calle Real” de éste-, donde la segunda vocalista femenina, Maridalia Hernández, reconstruye parte de la letra original, dando como resultado un brillante e inesperado ejemplo de ‘nuevo flamenco’ cuando el término apenas había echado a andar a través de la cruzada de Nuevos Medios. José Monge “Camarón” les devolvería el homenaje interpretando su “Amor de Conuco” dentro del “Soy Gitano” de 1989. El apartado de versiones célebres se completa con una sorprendente versión del “Don’t Stop ‘Til You Get Enough” de Michael Jackson –aquí denominada “Dame”- y sus electrizantes arreglos de viento.

Otros dos momentos altamente destacables: “Elena”, donde Guerra empieza a mostrar sus contrastadas dotes como cronista social –siguiendo la estela de autores como Rubén Blades-, narrando las duras peripecias de la inmigración suramericana en pleno Manhattan -con inevitable final trágico incluido-, y “Ella dice”, un medio-tiempo de estribillo rotundo, primer baluarte melódico de la revolución tranquila emprendida por sus protagonistas dentro del merengue.





“Mientras más lo pienso… tú” (1987) afianzará definitivamente la línea emprendida en el disco anterior, si cabe superándolo en la apreciación global de ambos repertorios. Además de la citada “Amor de Conuco” –todo un homenaje a campesinado dominicano, reforzado por una bucólica línea de acordeón- tenemos “Me Enamoro de Ella”, donde Juan Luis describe un amor imposible –y deducimos que no correspondido- que “no sabe de cuentas”, impagable en su destreza melódica y su afinado análisis de una sociedad tan clasista y desigual como la de la república caribeña.

Mi favorita de todo el repertorio de 4.40 viene en este disco e, involuntariamente, da titúlo genérico al álbum: “Tú”, de una contumacia pop rayana en la perfección, un prodigio de canción melódica, romántica y elegante. En una orientación muy similar –aunque algo más inclinada a la bolerización de la bachata- despunta igualmente “¡Ay!, mujer”, impregada de una poesía clara y sencilla siempre acorde al tempo de la canción. “Mientras más lo pienso” es, seguramente, su mejor disco.





“Ojalá que llueva café” (1989) fue el primer éxito planetario del combo, más allá del prestigio que hasta ese momento habían adquirido sus cassettes previas entre las pioneras hordas de recién casados extranjeros a la isla. Milagroso: fue un disco que logró poner de acuerdo a viejos “progres” de la cuerda revolucionaria centroamericana con yuppies necesitados de credibilidad más allá de los predicamentos sintéticos de la new age; a modernos contagiados de la epidemia tardo-ochentera del mestizaje con habituales de las implacables FMs del momento. La canción titular abrió la caja de los truenos de la nueva fiebre por los ritmos al otro lado del atlántico y es, con razón, un clásico a favor de la erradicación de la desnutrición infantil y la pobreza en general: un himno.

La crítica al capitalismo y la alienación laboral de “Visa para un sueño” y la versión de  “Woman del Callao” (“tiene mucho hot, tiene mucho tempo”, original de los venezolanos Un Solo Pueblo) son otros highlights de un disco que ya empieza a incorporar manifiestas influencias de los vecinos marítimos a través del son y la salsa (“Razones”), así como del mbaqanga (“Reina Mía”) y el pop internacional (“De tu boca”).





“Bachata rosa” (1990) cierra el periodo más dulce y fructífero de Juan Luis Guerra y 4.40. Personalizados ya al máximo en la figura desgarbada e idiosincrática de Guerra, “Bachata rosa” supuso otro incuestionable bombazo comercial, un producto repleto de hits a cual más impagable  ahondando en la vertiente más sensible e íntima de la fórmula. Buena prueba de ello es, por una parte, la canción que da título al disco y, por otra “Burbujas de amor”, con esa nada disimulada colección de metáforas eróticas de una osadía no al alcance de cualquiera. Por el lado más festivo están “A Pedir su mano” y “La Bilirrubina”, con esa apoteósica manera de rimar en consonante. Más salsa –“Carta de amor”-, mbaqanga –la propia “A Pedir su Mano”- y denuncia política –“Acompañeme Civil”, que habla a las claras, con una irreverencia cuasi-punk, de la corrupción institucionalizada a base de sobornos y prebendas- en lo que es, junto con “Mientras más lo pienso… tú”, su disco más completo.






Tras este disco terminó por imponerse la individualización de la propuesta, sumando hasta hoy discos con algunos buenos momentos pero ya lejos de la inspiración original que marcó un antes y un después en la revitalización de los sonidos de raíz hispanoamericana a nivel masivo. Sabroso mainstream.

1 comentario:

Amós Leiva Escalante - "Amox" dijo...

Buena reseña. Valió la pena leerlo.