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sábado, 21 de julio de 2018

Diez años en Vailima: Discos 2008-2018 (III)





Dominique A – “Éléor” (Cinq7, 2015)

“Éléor” es un disco más de Ané y, por lo tanto, no uno cualquiera. La vuelta a la inmediatez y accesibilidad de “La mémoire neuve” o “Auguri”, transpirando una vez más el desbordante romanticismo existencialista, la firme musculatura declamatoria y la pulsación indestructible de siempre. Driblando la chanson, el post-rock, el art-punk o el pop de cámara hasta hacerlos inclinarse sin remisión a sus deseos. No hay más que acercarse al aguijoneo juguetón de los teclados de “Central Otago”, a la pericia en los movimientos cinemáticos de “Celle qui ne me quittera jamais” o a los claroscuros henchidos de turbadora prospección confesional de “Cap Farvel” -descolgando a compañeros de viaje como Tindersticks- para darse uno cuenta de que el estado de gracia sostenido en el tiempo existe. Más información aquí.





Dulce Neves – “Mundo Rabida” (IEFE, 2014)

El gumbe de Guinea-Bisáu es, como otros colindantes del África occidental –la coladeira caboverdiana o el makossa camerunés- un género proclive a la retroalimentación con ciertos cánones del primer mundo en cuestión de arreglos y recursos técnicos, muy especialmente los que se refieren a la aplicación electrónica en sus formas. La representante máxima del primero de ellos es Dulce Neves, pionera femenina en un país dominado musicalmente hasta la extenuación por varones. “Mundo Rabida” enfatiza si cabe aún más esos presupuestos sintéticos de lo que lo hacía en el imprescindible “Nha Distinto” (Sonovox, 1997) manteniendo además los influjos de flamenco, de soukou o de pop mediterráneo de este. El resultado es un disco todavía más bailable y más impetuoso: una fiesta continua. Aquí en Spotify.





Elzbieta Adamiak – “Zbieram Siebie” (4ever Music, 2009)

Este disco de la en otro tiempo denominada ‘Elis Regina polaca’ contiene algunas de las partituras más terriblemente hermosas y profundamente serenas de los últimos diez años. Pianos y acordeones en ristre que, inevitablemente, llevan billete directo a varios puntos indeterminados del Mediterráneo más mágico. Son baladas no exentas de complejidad armónica, algunas nuevas y otras ya conocidas anteriormente y que funcionan como complemento perfecto a su histórico debut –“Elzbieta Adamiak”- de 1980. Insondable hermosura. Aquí una pequeña muestra.





Emilio José – “Agricultura Livre” (Foehn, 2015)

Tropicalismo paria e iconoclasta en una hercúlea exhibición consistente en 52 canciones que, extraordinariamente, apenas flaquean en su conjunto. El de Quins sigue disparando contra todo y contra todos mientras se le aparece el ángel de la inspiración con sorprendente  fluidez. La propuesta musical más valiente e insobornable hoy por hoy sobre la piel de toro: tres discos en uno para paladear con calma: milagrosamente algunos aún seguimos tratando de digerir semejante belleza apenas abarcable. Aquí su bandcamp.




  
Enjoy – “Another Word For Joy” (Burger, 2016)

El proyecto personal del californiano Wyatt Shears es más directo y accesible que el que, por ejemplo, mantiene a medias con su hermano Fletcher en The Garden. “Another Word For Joy” es la cúspide de otra de esas trayectorias irrefrenables al calor de la red -13 álbumes en apenas seis años-: un desvergonzado catálogo de ocurrencias a ritmo de dance-punk latoso, new wave ratonera y rap informal. Bendecido de alguna manera –o no- por Mark E. Smith, Shaun Ryder o Carter the Unstoppable Sex Machine, Enjoy es lo que debería estar escuchando ahora mismo y over the world cualquier pijo alternativo que se precie. Aquí su bandcamp.




  
Espanto – “Fruta y Verdura” (Austrohúngaro, 2016)

Acertadísima producción de Hidrogenesse, acercando el ascua a la sardina de lo sintético, logrando un muestreo definitivamente más maduro, expresivo e ilustre que de costumbre. Teresa Gimeno (que aquí canta como nunca) y Luis F. Bayo jamás hasta entonces habían decepcionado, pero faltaba este empujoncito definitivo para que su propuesta acabara en ovación incontestable. Aplicadísimos alumnos de Single (o Le Mans), Dinarama y, sobre todo, Vainica Doble, sus historias costumbristas con retranca hasta los bordes e interpretaciones solo en apariencia desapasionadas han ganado una barbaridad en precisión y seguridad. ¡Benditos zalameros! Aquí en Spotify.





Ex-Pat – “Does Life” (autoeditado, 2017)

Patrick Weil juega a ser tu crooner en ese preciso instante en el que se va enfilando la resaca, previo a las primeras luces del día. Como un Prince de vertedero -circa “Purple Rain”: escuchen “Weight of a Thousand Suns”-, reverberado por programaciones de saldo, romanticismo lo-fi y falsetes a troche y moche, el de Harrison (Nueva York) hizo uno de los monumentos de eso tan inconcreto pero a la vez tan socorrido que ha dado en llamarse hypnagogic pop. Aquí su bandcamp.




  
Extraperlo – “Desayuno Continental” (Mushroom Pillow, 2009)

Los niños mimados de la a menudo demasiado vanidosa escena barcelonesa de finales de la década pasada irrumpieron como un pequeño hype con “Bañadores”, rodaja de pop piscinero que servía de adelanto a este debut con influencias de Orange Juice o Armas Blancas en las guitarras y su correspondiente aplicación selvática. Aunque la forma de cantar de Borja Rosal pudiera hacer pensar en un primer momento y superficialmente en Germán Coppini, Extraperlo estaban mucho más cerca del funk aguado y mbaqanga de Ciudad Jardín –aunque con más electrónica- que del 'latineo' de Golpes Bajos. “Desayuno Continental” tenía el desparpajo de jugar con unas herramientas que todavía estaban por controlar, consiguiendo en contraposición algo muy fresco y hasta cierto punto atrevido. Su siguiente paso, “Delirio Específico” -de 2012 y ya con etiqueta Canadá-, supuso un paso atrás importante, mientras que “Chill Aquí” les ha terminado de reflejar, hasta nueva orden, en el espejo de la caricatura ‘cool’. Aquí en Spotify.





Fernando Alfaro – “La Vida es Extraña y Rara” (Marxophone, 2011)

Padre putativo del indie estatal -líder de Surfin’ Bichos y Chucho- Alfaro, después del (más que notable) precedente de “Carnevisión” (Los Enanos Gigantes, 2007) como Fernando Alfaro y Los Alienistas, terminó por decidirse por fin en 2011 a debutar en solitario, con una equilibrada y sustanciosa producción de Raül Refree. “La vida es extraña y rara” es la enésima piedra filosofal de un compositor esencial cuya escritura torcida y bastarda y su pop carnal parece que nunca van a perder fuelle y capacidad de persuasión. Era difícil decidirse entre este y “Saint-Malo” (2015), pero este primero cuenta con varios goles psicológicos que terminan por decidir cualquier tipo de finales: entre los más destacados “Extintor de incendios” y “Camisa Hawaiana de Fuerza”, ambos para la posteridad. De hecho es este segundo el que pasó a formar parte por derecho propio y desde el primer momento, junto con “Gente abollada”, “Fuerte!” y “Magic”, de la exclusiva colección de clásicos intemporales e indiscutibles compuestos por el albaceteño en las últimas décadas, algo de lo que muy pocos de su generación –por no decir ninguno- puede alardear. Aquí en Spotify.





FM Attack – “Deja Vu” (Tonite, 2013)

Ya el mismo nombre con el que fue bautizado este dúo canadiense da la medida de las intenciones retrofuturistas y hertzianas a la manera de los ochenta del proyecto. “Deja vu” solo tiene ocho cortes pero hits por un tubo: “With you Tonight” -un poco a la manera de los primeros Depeche Mode-, “Magic” –himno synthpop de última generación con la voz de la emergente estrella neo-AOR Kristine-, “Activate” –flamante proto-italo-, “Fade Away”, “Runaway”, “Tears Don’t Lie”… irresistibles tonadas sinópticas que parecen escritas hace más de treinta años para asaltar todas las inimaginables listas de éxitos. La Capilla Sixtina del retrowave. Aquí su bandcamp.





Francis E Guinga – “Francis E Guinga” (Biscoito Fino, 2013)


Francis Hime, pianista tan referencial que a día de hoy se le puede considerar, sin temor a exagerar, como uno de los principales mantenedores del clasicismo brasileño post-Jobim, y Guinga -intérprete muy tardío pero autor precoz en cambio y a tener bastante en cuenta- hacen acopio de muestras de sus dos repertorios por separado más algunas inéditas para la ocasión para dar rienda suelta a ese gusto por la filigrana melódica y el ensimismamiento nostálgico que no emplea arreglos acomodaticios. Un disco recio, de instrumentación ajustada y sobradamente competente en todos los aspectos, contiene en su interior una muestra panorámica de creaciones hechas a medias con otros titanes de la talla de Vinicius de Moraes, Paulo Pinheiro o Chico Buarque. A la voz ajada de Guinga por un lado se contrapone por otro la más atemperada y grave de Francis Hime. “La belleza es una quimera junto a ti y la primavera es nada”, canta el segundo en “Nocturna”. “Amor que hasta puede asustar”, replica Guinga a continuación en “Minha”. Cinco años después sigo aconsejando fervientemente semejante rosario de emociones. Más información aquí.

domingo, 22 de marzo de 2009

Extraperlo




Su debut no sólo era de antemano el disco más esperado del año en el apartado nacional, sino que ha devenido en encumbrarse como el principal responsable a la hora de reavivar un estilo musical que, hasta hoy y junto con otros tan mal considerados como el italo-disco, estaba aún pendiente de volver a la superficie: el pop tropical de los ochenta.

No hay más que echar un vistazo a las influencias que decoran su myspace (y las cuales, en un porcentaje tan alto que da pánico, son suscritas por quien publica esto) para darse cuenta de que nos encontramos ante toda una revelación dentro de la inmovilista escena independiente, manejando una gama de sonidos, conceptos e iniciativas afortunadamente alejadas en lo sustancial del “sota, caballo y rey” de lo que, supuestamente, deben ser los materiales con los que puede funcionar un grupo “indie”.

No estamos hablando de la respuesta casera a Vampire Weekend, ni mucho menos. Extraperlo manejan muchas más influencias, mucho más sutiles, amplias y aparentemente menos oportunistas. Son, junto con El Guincho, pero en una versión más accesible que éste, el paradigma de otra manera de entender el pop y su recorrido, desde una mentalidad apátrida, elegante y sensual. La constatación de todo aquello que vinimos reivindicando hasta hace sólo unos meses con fruición en nuestro extinto fotolog (http://www.fotolog.com/lennyleonard), ese universo donde se daban la mano, entre otros, Kid Creole & The Coconuts, Orange Juice, Martin Denny, Lord Melody, Antenna o Cristina, es decir, ese hermanamiento inconsciente entre los sonidos de los años cuarenta o cincuenta y los, a menudo, fugaces y deliciosos proyectos de principios de los ochenta.

Pero hay más que referencias de cara a la galería: “Desayuno Continental” tiene poderosas razones para quedarse aquí y por mucho tiempo. Además de ese primigenio hit que ya conocíamos en versiones previas, “Bañadores”, donde el espíritu de Poch Pinza (vía “La Playa”) está más presente que nunca, hay piezas tan sugerentes como “Negroni” (con ese inicio tan deudor del Edwyn Collins de “Rip It Up”), “Esperando nuevas órdenes” o “¡¡Hahh!!”, por no hablar de canciones clave como “Noche en la montaña”, que ni retrotraen a Golpes Bajos ni a Ciudad Jardín (como algunos ya se han precipitado a indicar), sino a otros momentos más prosaicos de aquella década: “Susurrando”, el maravilloso hit de Peor Impossible.



Cálidos atardeceres, medios tiempos junto a la arena, invitaciones al baile desprejuiciado y vitalista, cadencias antillanas, ritmos profanos, pop inmediato y sentimental que no quede exento de ironía. Un renovado orden en el pop español que promete ser el comienzo de algo muy importante y que pide a gritos reacciones urgentes al respecto.

A pesar de una intragable portada y unos detalles en la composición a mejorar (la oportuna acentuación de las frases dentro de la melodía que tantas veces se descuida por estos pagos), “Desayuno Continental” es, sin duda, disco del año y uno de los principales motivos para desear de una vez por todas que llegue ya el verano.