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lunes, 30 de julio de 2018

Diez años en Vailima: Discos 2008-2018 (XI)





Single – “Rea” (Elefant, 2014)

No se escuchaba mejor aplicación de géneros jamaicanos con verso en castellano desde “La Canción de Juan Perro” (1987) de Radio Futura. Algo de raggamuffin y de lovers rock, embadurnados de arreglos electrónicos y pop de fantasía que, sumados a su acostumbrada habilidad para las letras mordaces significaron una zancada de especial magnitud en la carrera de Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin. Gente que sigue adaptando adecuadamente su vasta cultura para hacernos más felices. Aquí en Spotify.





Slowdive – “Slowdive” (Dead Oceans, 2017)

¿Era necesario un disco de Slowdive en 2017? A priori muy posiblemente no, pero visto el desenlace de su reunión más de veinte años después de su disolución, si no necesario sí que acabó resultando una inesperada buena noticia. Por varios motivos: se resarcían con muy buena nota de la anterior despedida, coronada por uno de los fiascos –a todos los niveles- más grandes de los noventa -el álbum “Pygmalion” (1995)- gracias a un “Slowdive” mucho más centrado y edificante: basado en CANCIONES con aura. De paso, daban una lección de humildad y honradez volviendo por la puerta pequeña –al contrario que otros compañeros de generación que, de tanto vender motos, sacaron a la venta el último modelo de la suya estropeado-, sin aspavientos ni jactancias. Los de Neil Halstead consiguieron reconstruir su leyenda y firmar la verdadera resurrección de un género –el shoegaze- que parecía ya irremediablemente amojamado. La gravedad resituada. Aquí en Spotify.





Sobs – “Telltale Signs” (Middle Class Cigars, 2018)

Junto con Hanging Up The Moon la gran revelación singapurense de los últimos tiempos. Sobs tienen el talento y Alvvays la maquinaria de propaganda. Power pop de estructuras con escuadra y cartabón y guitarras encrespadas. Ocho canciones que, si bien no vienen a descubrir nada nuevo, parecen señaladas con la varita mágica del fulgor adolescente y la urgencia más contagiosa. Aquí su bancamp.





Stornoway – “Beachcomber’s Windowsill” (4AD, 2010)

En la más pura tradición del pop-rock anglosajón con sabor a pub, a campiña y, en fin, a todo el paisanaje que lo alimenta a base de canciones y honestidad brutal –desde Pogues a Hefner, pasando por The Jazz Butcher, The Waterboys o The Bitter Springs- podemos añadir a Stornoway y, sobre todo, este debut que, de momento, todavía no han superado. Jurarías que vienen de algún bosque perdido de Escocia, pero son de la más prosaica Oxford. Aun así lo tienen: lírica, sencillez y temperatura. Folk sin edad pero con una súbita sabiduría. Aquí en Spotify.





Tabanka Djaz – “Depois Do Silêncio” (autoeditado, 2014)

El grupo más carismático de Guinea-Bissau volvió al estudio de grabación después de más de una década alejados de sus paredes -de ahí el título del último álbum-. Son los máximos representantes del gumbé, género musical eminentemente urbano con influencias autóctonas mezcladas proporcionalmente con el zouk antillano, el reggae jamaicano y el pop internacional. En “Depois Do Silêncio” despliegan de fábula arreglos nutritivos y edificantes a base de trompetas bruñidas, grandiosos coros, simbiosis de electrónica y samba global: ultracomerciales y altamente sensuales. Su disco definitivo. Más información aquí.





Thelemáticos – “Thelemáticos” (Discoteca Océano, 2010)

Sergio Pérez García es uno de los personajes más activos de la escena barcelonesa: Anticonceptivas, Joe Crepúsculo… “Thelemáticos” recoge la mejor herencia del pop-billy estatal: desde Los Trogloditas -los buenos, los de los ochenta-, Lidia Damunt y hasta Patrullero Mancuso (o Cohete). Canciones cortas y elementales con una frescura fuera de toda duda. La que perdieron en las sucesivas formaciones –Pegasvs, Svper- tras los vericuetos de una indietrónica como mínimo bastante discutible. Aquí su bandcamp.





They Might Be Giants – “Join Us” (Idlewild, 2011)

Incombustibles, insobornables, totales… John Linnell y John Flansburgh son la auténtica –y merecida- institución del indie norteamericano. Como en la mayoría de sus álbumes, “Join Us”, es una exhibición de erudición al servicio de beldades pop refrescantes, inmediatas, lúcidas y, claro, lúdicas. El mejor grupo new wave que ha existido después de la new wave, el que mejor ha sabido aunar su espíritu pujante con la amplitud de miras que le ha llevado a coquetear con prácticamente todos los estilos de los últimos cincuenta años, saliendo ileso en todo momento. Ahí están lecciones como “Canajohaire”, “When Will You Die” o “Never Knew Love” para refrendarlo. ¡Únete! Aquí en Spotify.





Tia Blake and Her Folk-Group – “Folksongs & Ballads” (Water, 2012)

Publicado originalmente en 1971, se trata del eslabón perdido entre Vashti Buynan y Sibylle Baier. Algo de country y mucho de canción intimista a la que nunca le podría hacer ascos un buen vampiro de folk confesional y preciosista: otra para la saca. El disco estuvo mucho tiempo escondido por haberse grabado originalmente en una ignota discográfica francesa, pero la magia acaba saliendo a la superficie tarde o temprano. “Wish I Was a Single Girl Again” como bandera e imperdible en cualquier buena recopilación del ramo que se precie. Desgraciadamente no habrá comeback: Christiana Wallman (nombre real) pasó a mejor vida en 2015, al poco de empezar su reivindicación. Aquí en Spotify.





Travis Bretzer – “Waxing Romantic” (Mexican Summer, 2015)

Indie-guitar-pop de excentricidad controlada y recursos a tutiplén. Bregado previamente en la composición de jingles para la radio en su ciudad natal –Edmonton, Canadá- mutó de los residuos de power-pop y garage melódico de su primer disco al refinamiento de los arpegios altivos a la manera de Felt, a la fanfarria orquestal propia de los Beatles, al balancé de Marc Bolan, al pop angelical de Pilot, al apetito estelar de Prefab Sprout o bubblegum al heterodoxo de The Hit Parade en este “Waxing Romantic”, soft-pop con vocación de gramola. Más información aquí.




  
Tulipa  – “Efêrmera” (YB, 2010)

Un disco que, desde los primeros compases, despierta las ganas de vivir. Hacer pop en Brasil implica tarde o temprano terminar meciéndose entre cadencias tropicalistas con ese sexto sentido para dotar a las composiciones de un colorido irrefutable, por mucho que en el fondo estés haciendo más bien indie. Tulipa Ruiz, voz deliciosa, escritura cabal, evolucionó después hacia armaduras más complejas con el funk y el samba soul como horizontes, así que se impone recomendar por encima de todos este debut que tenía todavía la inocencia de la revelación. Aquí en Spotify.





TV Girl  – “French Exit” (autoeditado, 2014)


El proyecto de Trung Ngo, Brad Petering y Joel Williams, francotiradores del pop exótico, bailable y algo psicodélico, se dio a conocer más que con sus primeros eps con –cosa curiosa- la mixtape de culto “The Wild, the Innocent, the TV Shuffle” (2012), donde reverdecían los sonidos vintage del pop tropical de principios de los sesenta. “French Exit” –con portada que parece robada a Saint Etienne- persiste en la cultura del sampler naturalista, en el trote panorámico, en cierto groove hip-hop y en cierta desidia calculada: entre Arrested Development, Martin Denny y los Happy Mondays. Aquí su bandcamp.


sábado, 27 de diciembre de 2014

Tabanka Djaz






“El grupo más carismático de Guinea-Bissau”  ha sido noticia durante estos últimos meses por partida doble: primero gracias a su vuelta a los escenarios y al estudio de grabación después de más de una década alejados de él (de ahí el título de su último álbum, “Depois do Silêncio”) y, en segundo lugar, por haber firmado el que casi con toda seguridad sea el mejor disco de toda su carrera.

Formados a finales de los ochenta, se han convertido con el paso de los años en uno de los máximos representantes del gumbé, un género musical eminentemente urbano procedente de su país con influencias autóctonas mezcladas cabalmente con el zouk antillano, el reggae jamaicano y el pop internacional. Ya desde el propio nombre del grupo se sugiere un mestizaje sin rodeos: juntar el tabanca (género caboverdiano muy practicado en carnaval e importado a su propia idiosincrasia) con el jazz, aquí transcrito a la manera criolla de Haití.






A pesar de haber sido grupo revelación a tener muy en cuenta desde su primer lp (“Tabanka”, de 1990), paradójicamente les ha costado siempre ser profetas en su propia tierra, teniendo mucho más éxito en otros países como Angola, Cabo Verde, Portugal, Mozambique y, de manera residual, hasta en Estados Unidos que entre los suyos. Formados originalmente por los hermanos Cabral -Micas, Juvenal y José Carlos-, TJ se distinguió desde el principio por la aguardentosa y sentida voz de Micas y, ya en ese primer disco, por los teclados y cajas de ritmo de suplían una instrumentación más “naturalizada” pero que, a cambio, otorgaba a sus canciones una sonoridad refrescante y liviana, tan al modo de tantos otros artistas africanos de aquel momento acuciados por la falta de presupuesto. También estaban ahí otras constantes en las que profundizarían en el resto de su discografía: los muy imaginativos y pimpantes arreglos de teclados –culpa de Caló Barbosa-, sus progresiones melódicas –que les llevan a gestionar en una misma canción diferentes partes que se van solapando de manera intuitiva y sorprendente- y los agradecidos y rotundos coros femeninos, aportando finalmente una riqueza armónica fuera de toda duda.






Canciones más intimistas como “Caçabi Di Mundo” o “Padass Di Minino” (esta segunda incluida en su segundo álbum “Indimigo” de 1993) empiezan a dar cuenta de la sensibilidad del combo siempre, además, con una considerable carga combativa en casi todas sus letras. Tabanka Djaz tiene formalmente mucho de grupo romántico, aunque sus textos no se correspondan las más de las veces con el embelesamiento gratuito que premeditadamente cabría esperar.

Otras, desde un prisma afro-pop realmente irresistible como “Bácu”, focalizan sus palabras de historias de líos amorosos desde una óptica más costumbrista y liberada. También en “Indimigo”, que guarda muchas concomitancias sonoras con el debut pero donde ya se percibe una evolución considerable, recuperan el clásico popular “Tira Mão Da Minha Xuxa”, que también traería a colación su (por otra parte) buen amigo el brasileño Martinho Da Vila.





Hasta la aparición de “Depois do Silêncio” era “Sperança”, de 1996, el considerado como su cumbre creativa. No era para menos: una instrumentación más sólida (cercana a lo que son actualmente), más rigurosidad y madurez en los ritmos y una colección de canciones en definitiva más compensada que en sus dos entregas previas. Guitarras soukous (“Brincadera D'Aós”) mezcladas con soluciones electrónicas (“Lisa Cherry”) y una inmediatez melódica más sofisticada de lo que pudiera parecer a primera vista. Impagables y muy tácticos detalles con las teclas marca de la casa (“Rusga Di 7.30h”) sazonados con certeros apuntes de saxo, sin olvidarse jamás de los tempos más lentos y melosos.

“Sintiminto” (2002) quizá supuso un paso atrás en su ascensión. “Paixão Criola”, por ejemplo, se escora de manera no especialmente brillante ni significativa hacia el soul y, mayormente, las canciones no tienen el gancho de anteriores capítulos, dejando en el aire una sensación de transición y agotamiento de ideas. Tan sólo “Gardicimente” mantiene algo la temperatura a nivel rítmico –esos caracoleos de Barbosa- y dialéctico.






Un Barbosa que, precisamente, se convierte tras este disco en la ostensible baja por defunción dentro del grupo, lo cual, sumado a la preocupante y desestabilizada situación política y social en la primera década del siglo XXI en Guinea-Bissau hace que Tabanka Djaz entre en una particular travesía en el desierto que durará 11 años, con idas y venidas intermitentes a su patria. A finales de 2013 se anuncia el retorno, “Depois do Silêncio”, que supone no sólo un revulsivo necesario en su carrera, sino el disco definitivo por el que se deslizan materiales quizá no especialmente renovados, pero sí contundentes y muy inspirados.


Trompetas bruñidas en su punto justo de cocción (“Silêncio”) y un Micas Cabral controlando a la perfección su papel de frontman expresivo y sin red. Grandiosos coros (“Foi Assim”) siempre protagonistas, influencias brasileñas –sobre todo del Carlinhos Brown de “Alfagamabetizado” (1996), gracias a perfecta simbiosis de electrónica y samba global-, medios tempos muy emocionantes (“Bo D'zem”, “Mancebo”) y, en todo momento, un despliegue fabuloso de arreglos nutritivos y edificantes. Una colección completísima, ultracomercial, altamente sensual y bailable. Una fiesta sincera y apabullante: lo mejor de este año confuso y convulso que ya nos va diciendo adiós.