Algunas de estas canciones fueron reseñadas hace unos meses en el artículo que escribí sobre retrowave publicado en Caninomag. Las demás son, igualmente, irresistibles gemas synthpop de (pen)última generación. Incluye figuras del electro-trash como NAOMI ELIZABETH o COMPUTER MAGIC, aspirantes al mainstream como CAPITAL CITIES o MIAMI HORRORo nostálgicas del sonido de ZE Records como NINA MIRANDA. Los enlaces con todas ellas y su correspondiente secuencia aquí y aquí. Keep driving and enjoy!
Tracklist:
Naomi Elizabeth - Smooth Like Power Steering
Computer Magic – Fuzz
Future Trends - On The Edge
Vince Riviera - Club Mirage
Tommy '86 - Why did I say goodbye (feat. Sally Shapiro)
Tennis - No Exit
Orlando Gloom - Nervous Conditions
Futurecop! - Venice Beach (feat. Cavaliers of Fun)
Let Em Riot - Let's Stay Out
Capital Cities - Kangaroo Court
Miami Horror – Leila
TV Girl - (Do The) Act Like You Never Met Me
Pictured Resort - Head West (Heef remix)
Nina Miranda - I Am...
Tinpong – Jabberwock
Saffari - Bodytalk (Ft. Carolina Ross)
Vincenzo Salvia feat. Giorgio Danke - Le strade di Cortina
Enne - Al centro di una guerra
Robert Parker - '85 Again (feat. Miss K)
FM Attack - Magic (feat. Kristine)
Ksmtk - Reborn (feat. Madelyn Darling)
Nouvelle Phénomène - Au Fond De Mon Coeur
Peter Zimmermann - Luv Like Fire (Luv in 1979 version ft. OsCar)
Confirma la tendencia de asociar su
fórmula a la de uno de los grandes heterodoxos de la segunda mitad del siglo
XX: John Cale, en concreto esa que habla
de normalizar la música de cámara dentro de los márgenes del consumismo pop.
Con Brian Eno como testigo –chamán en la sombra-, la producción un tanto mate
de entregas anteriores ha dado paso en la que nos ocupa a una mayor efusividad
en la edificación. El disco va ganando en intensidad especialmente en el tramo
final, a modo de catarsis camuflada de fanfarria electrónica pseudo-ruidista, dejando
en el cuerpo una sensación de arrojo y plenitud como nunca hasta ahora había
logrado con la marca que fuese. (Ya) más que un alumno aventajado. Más
información aquí.
Papooz – “Green Juice” (Jive Epic, 2016)
Luminosidad y savoir faire. Precedido
por esa infecciosa tonadilla canicular titulada “Ann Wants Do Dance”, el debut
de estos franceses nos retrotrae de llenoal sophisti-pop de los años ochenta: Matt Bianco versus Sade, las más
íntimas del “Café Bleu” de The Style Council, los reflejos de Prefab Sprout,
Aztec Camera o Martin Stephenson & The Daintees -época “Gladsome, Humour
& Blue”- y revisionistas del asunto como Dominant Legs. Cadencias jazz –a las que se les
ha aplicado convenientemente el blanqueador-, coros refulgentes y enjundiosa
distinción en armonías y arreglos. Producto para oídos precavidos no exentos de
exigencia eufónica. La mejor noticia pop del país vecino desde Orwell. Más
información aquí.
Parade – “Demasiado Humano” (Jabalina, 2016)
Una difícil elección. Antonio
Galvañ podría estar batiendo un extraño record, al menos en lo que se circunscribe
a la escena nacional: ningún disco claramente superior al resto dentro de una
discografía que ya empieza a ser –afortunadamente- abultada. En “Demasiado
Humano” siguen diáfanas las obsesiones del murciano: la ciencia-ficción –literaria
o cinematográfica-, el humor particular, el (tecno)pop pluscuamperfecto, la
cultura popular o la ternura. Desbordante de cariño en cada rasgo. Aquí su bandcamp.
Part Time – “PDA” (Mexican Summer, 2013)
La fijación de Davida Loca, líder
de los angelinos Part Time por The Cars se siente de manera palmaria en
canciones como “Night Drive”, “Staring At A Sun” o la propia “PDA”. El resto de
esta juerga lo-fi sale a cuarto y mitad de psicodelia -¡cómo me recuerdan a los
ninguneados The Chrysanthemums!- y a otro tanto de indie ochentero con sintes
diletantes. Incluye la estrafalaria canción del verano “Soñando de Ti”, que
parece sacada del repertorio de Peor Imposible… Aquí en Youtube.
Paul Buchanan – “Mid Air” (Newsroom, 2012)
Si dijese que este es
posiblemente el mejor disco de todos en los que ha intervenido el de Glasgow,
los fanáticos –entre los que me encuentro, por otra parte- de “A Walk Across
the Rooftops” (1984) o “Hats” (1989) se me lanzarían a la yugular. Pero es que
“Mid Air” –una vez disueltos ¿definitivamente? The Blue Nile-, primer disco en
solitario de Paul Buchanan, tiene algunas cosas de las que carecen los
anteriores: mayor concreción instrumental –o dicho de otra manera: nula
densidad atmosférica-, minutajes más ajustados y, por tanto, una limpieza de
concepto que permite darnos cuenta hasta qué punto Buchanan es un compositor
excepcional,sustancial y emotivo.
Incluye “Buy a Motor Car”, otro clásico como lo fueron “Tinseltown in the Rain”
o “The Downtown Lights”: sin necesidad de reinventar nada, solo dejándose
llevar una vez más por la noche, los cristales empañados y la soledad más
descarnada. Qué típico, sí, pero qué bueno. Aquí en Spotify.
Pet Shop Boys – “Yes” (Parlophone, 2009)
El último arranque de genialidad
del dúo maravillas, justo antes de que se hundieran en la irrelevancia en la que,
a día de hoy, preocupantemente se encuentran. Nadie como ellos cuando se trata
de dar con la tecla y engarzar lo melodramático con lo eufórico en un compendio
-o “Pandemonium”- que, cuando alcanza como aquí en numen, resulta invencible.
Así sí: más musicalidad y menos beats gratuitos. Aquí en Spotify.
Physical Media – “Towers In The Dark” (autoeditado, 2016)
Cuarteto de Brooklyn adscrito a
la más austera independencia (logísticamente hablando). Pueden moverse entre
unos Ladybug Transistor sintetizados con el rasgueo pseudo-funky de Dislocation
Dance, los Jazz Butcher con Max Eider o los Sneaky Feelings, así como entre los
remilgos de The Lotus Eaters o Microdisney. Sabia utilización de buenos
recursos del indie canónico –con variabilidad y sin caer en el tópico- y un
buen ramillete de melodías-gancho a la manera de la mejor escuela del género.
Más información aquí.
En la línea del mejor indie de
finales de los ochenta y principios de los noventa (The Hit Parade, Blueboy o
Field Mice) pero, además, con especial énfasis en dotar a casi todas sus
composiciones de teclados planeadores y decididamente retro que les hacen
entroncar con el city pop de principios de la primera de las décadas citadas.
El proyecto liderado por Koji Takagi no conoce apenas fisuras o puntos ciegos
en el conocimiento de los entresijos del mejor pop de sofisticadas guitarras
jangle, aquí convenientemente licuadas y embadurnadas de sintetizadores en
primerísimo plano. [extraído del post (Más) discos recomendables de pop
japonés].
Pleasance House – “Any Gracious Heart” (autoeditado, 2016)
Connor Burnett tiene una especial
habilidad con la guitarra –arpegia que da gusto, así que la correlación
subconsciente con Nick Drake no se antoja ninguna tontería- pareja a su timidez
sobre el escenario –otro punto en común con inglés-. Ha ido evolucionando hacia
una sencillez y minimalismo próximos a las caricias prístinas de The Innocence
Mission o a las confidencias suspendidas de Trembling Blue Stars, cinceladas
con sutiles armonías psicodélicas y resoluciones cinematográficas. Más
información aquí.
Porches – “Pool” (Domino, 2016)
El auto-tune ya es,
definitivamente, una de las últimas plagas que asolan la planificación de buena
parte de la producción contemporánea, a la altura del sonido fairlight de
aquellos ochenta. Aaron Maine, sin embargo, logra reprimir el abuso del juguete
con un empleo algo más sutil, apenas estridente: en sintonía con el destello
lánguido de neón del que se nutren los arreglos de las canciones. Partiendo de
un sonido conceptual –una especie de ralentí chic- entre lentos terminales y
hits contenidos. ¿Hype, oportunistas?. Como mínimo consiguen condensar
plasticidad y consistencia expresiva. Algo que no muchas veces se da con la
publicidad agresiva. Más información aquí.
Prefab Sprout – “Let’s Change the World with Music” (Kitchenware, 2009)
No deja de sorprender que un
disco así llegara a estar criando polvo durante más de quince años. Pero
seguramente es solo una de las muchas travesuras –por decirlo suavemente- que aún
nos tiene reservadas su responsable, Patrick Joseph McAloon, alias “Nadie sabe
la mitad de las cosas que he escrito”. El eslabón perdido entre “Jordan: the
Comeback” (1990) y “Andromeda Heights” (1997) sucumbió a principios de los
noventa al encontronazo con la multinacional de turno, siguiendo el camino de
tantos discos perdidos pero compuestos que, asegura su autor, esperan su momento.
El de “Let’s Change the World with Music” (¡alabado sea el Señor!) fue en 2009,
cuando McAloon ya se había convertido en el ermitaño que es hoy mientras sigue
buscando con las mínimas interferencias posibles la sinfonía pop perfecta. “Let’s
Change” es la constatación de que las cosas, cuando son sólidamente bellas, no
tienen ningún problema en traspasar cualquier época, porque contienen el
anhelado néctar de lo intemporal. Habla de una vocación, tratada en tono
alegórico, y de una intención espiritual, fatalista y sanadora. Ante todo la
música y la obsesión por sublimarla hasta las últimas consecuencias. Utilizando
el escalpelo para entretejer una colección de canciones inconmensurable, donde
las melodías perfectas y los arreglos de fantasía campan a sus anchas. Desde la
turbadora “Music Is A Princess” (otro tótem de McAloon) al –no tan- velado
homenaje a Marvin Gaye en “Earth: The Story So Far”, pasando por ese impresionante
tour de force melódico que es “Met The New Mozart”, este disco es ante todo
combustible para el alma. Del Premium, oiga. Más información aquí.
Prefab Sprout – “Crimson/Red” (Kitchenware, 2013)
Ni los graves problemas de vista
y de oído pueden hacer que Paddy McAloon se aleje de estado de gracia (casi)
permanente en el que se halla cuando agarra una guitarra o conecta un teclado.
“Crimson/Red” fue –exceptuando el rescate de “Let’s Change the World with
Music”- la primera noticia de ¿nuevas? composiciones desde su brillante y
complejo disco en solitario “I Trawl the Megahertz” (2003). Contiene, entre
tantas (estupendas) cosas, un hit como no lo hacía desde “If You Don´t Love Me”
-“The Best Jewel Thief in the World”-. El resto –detenerse en ello daría para
varios folios- vuelve a sentar cátedra: filigranas armónicas por doquier y un
sexto sentido para captar momentos extrasensoriales parece que solo proclives a
ser interceptados por este viejo médium esquivo pero maravilloso. Aquí en Youtube.
Después de dedicar en este blog cinco
entradas a discos imprescindibles de la historia del pop japonés (más una
entrada posterior complementaria con los dos mejores discos del gran Eiichi
Ohtaki) hace ya un par de años, retomamos el pulso de alguna manera sumando cinco álbumes
destacados en estos últimos veinticuatro meses: cinco buenos ejemplos de la imperturbable
vitalidad del país oriental, ese territorio que sigue tan comprometido con el
efecto placebo y con la irrenunciable y edulcorada plasticidad que tanto nos
reconstituyen en Vailima.
Fujin
Club - Fujin Color (Grand Pacific Work Inc., 2016)
Enigmática formación proveniente de Sado (isla del
oeste de Japón) integrada casi con toda seguridad por cuatro chicas y un chico.
Practican un pop muy cuidado y detallista –obsesionado además con temas marítimos y
vacaciones interminables- que hunde sus raíces en el shibuya-kei de los años
noventa. Alternan temas cortos un poco a la manera de jingles –destaca en este sentido esa especie de interludio con los
neo-tradicionalistas Bakurocho Band llamado “Chin-don”- con irresistibles
rodajas de easy-listening (“Take a boat”) y funk –“Rhapsody of Nagisa” recuerda
poderosamente a Nona Reeves-. Pero sin duda sus canciones más memorables son la
elegantísima “Gourmet Travelogue” o el ultrahit
“I will go to my bride”, que tanto recuerda a los Pizzicato Five de discos como
“Playboy & Playgirl” o “The Fifth Release From Matador”. Todas las piezas anteriormente citadas están incluidas en el que es, de momento, su único largo -“Fujin Color”-,
pero lo escuchado por el momento del ep más reciente -“Travel &
Ferry”, de 2017- certifica las buenas sensaciones de refinamiento y travesura. Algo
más que una promesa en ciernes.
Pictured
Resort - All Vacation Long (Sailyard, 2016)
Están en la línea del mejor indie de finales de
los ochenta y principios de los noventa (The Hit Parade, Blueboy o Field Mice) pero, además, con especial énfasis en dotar a casi todas sus composiciones de
teclados planeadores y decididamente retro que les hacen entroncar con el city
pop de principios de la primera de las décadas citadas. El proyecto liderado
por Koji Takagi –que compagina con su grupo paralelo, los interesantes Danger
Danger, más orientados estos últimos al dance y el funk- y, por ende su único largo hasta la fecha, no conoce apenas fisuras o puntos ciegos
en el conocimiento de los entresijos del mejor pop de sofisticadas guitarras
jangle, aquí convenientemente licuadas y embadurnadas de sintetizadores en
primerísimo plano.
Natsu
Summer - Hello, future day (P-Vine, 2017)
Loable evolución la de esta mujer nacida en Ehime
(al sureste de Japón) pero residente en la actualidad en la capital, Tokio. Se
dio a conocer como integrante del intrascendente cuarteto de punk-rock de
los noventa Mummy the Peepshow y, tras un prolongado silencio de casi quince
años, reapareció en solitario a la altura de 2016 reciclada -por fortuna- en una
artista de pop inteligente y muy dúctil. Tras dos eps en ese mismo año –“夏・NATSU・夏” y
“Tropical Winter”- donde coqueteaba sin ambages con el lovers rock electrónico,
dio la campanada a finales del pasado con “Hello, future day”, una joya de ocho
canciones –considerado también ep: está visto que esta denominación ha perdido
definitivamente su significado originario- que reactualiza por completo el city pop
ochentero con sonoridades prestadas de cierto vaporwave, además de poseer un
olfato pop certero y tremendamente imaginativo. Caben además talentosas
aproximaciones a los ritmos más calientes como en “Moment of love” –no muy
lejos del “Tropical Brainstorm” de Kirsty MacColl- o irresistibles festines de
synth-pop enhebrado con cadencioso primor, caso de “TA・RI・NA・I”.
Orfebrería sintética.
Hitomitoi
– Ecstasy (Billboard, 2017)
A pesar de no debutar precisamente con buen pie
–el inicial “360º”, de 2003, era un producto mainstream
tremendamente aburrido y convencional- la norteña Hitomi Amano (natural de
Sapporo) se ha ido labrando poco a poco una trayectoria cada vez más valiosa,
compuesta hasta el momento de diez álbumes, la mayor parte de ellos con buenas
razones para seleccionar de entre los mismos auténticas joyas en bruto. El
último de estos lps, “Ecstasy” es, sin lugar a dudas, el más completo y rotundo,
orientado concisamente al shibuya-kei. Hits incontestables como “Serpent
Coaster” –entre Pizzicato y Negicco- o ese broche final inmejorable que es “Varadero
via L.A.”; también hay perlas de electro-swing -“Flash of Light”-, baladones
lujuriosos –“Discotheque Sputnik”, “Swept
Away”- o remembranzas del mejor sophisti-pop –“Blue, Midnight Blue”, con Matt
Bianco/Basia en el recuerdo- ayudando a situar definitivamente a Hitomitoi
entre las realidades más contrastadas del pop nipón actual.
Sayonara
Ponytail - You Are My Universe (T-Palette, 2018)
Si no me fallan los cálculos, se trata del quinto
disco de este quinteto femenino, parece que también –algo- receloso con sus
verdaderas identidades. Como en el caso de Hitomitoi, sus obras anteriores
contenían piezas más que salvables, pero igualmente no ha sido hasta este mismo
año que han facturado el trabajo que más se acerca a la excelencia. "You are my universe" abre con “Sentimental” y sus arreglos tan philly sound, para pasar a
continuación a “Facing the wall!”, su canción más clara para hacernos bailar
irremediablemente, escoltada por flechazos pop como “Beyond the world” o “Skyscraper
and critical point”, esta última en la línea idol de, por ejemplo, Koto. Pero quizá a la vez se trate del disco
más clásico de nuestra selección: para certificarlo están ejemplos como “Fireworks
on a distant day” o “Message”, que no esconden su querencia por tonalidades
‘beatle’, o “Love in a broom” y “Your Treasure”, que supuran techno-kayō
por los cuatro costados. Otra
golosina infecciosa.