viernes, 9 de enero de 2026

Gumshoes, "Happy New Year"

 



El misterioso Sam Sparks ha convertido lo que es ya tradición -publicar disco en las plataformas nada más empezar el año: así lo hace desde "Dreadnought, Dreadnought" (2023), su segundo álbum- en el tema recurrente de este quinto lp. Un desfile de personajes -que van de los descritos por Dickens a los de Black Mirror, pasando por los de The Pogues- que tienen en común el deambular abrumados por este capitalismo devastador tanto con el medio ambiente como con la salud mental, al que ya nos vemos irrevocablemente abocados sin solución de continuidad, en unas fechas señaladas por el consumismo zombie, la solidaridad de cartón-piedra y la fraternidad homicida.

Que la evolución de los acontecimientos -sean globales o domésticos- nos sobrepasa hasta darle la vuelta como un calcetín y vernos frente al espejo, siendo reproducidos -y amenazados- por aquello que pretendíamos solventarle a los demás (o como simple paja en ojo ajeno) da buena cuenta el (urgente) single de adelanto, "There's No One Out There", en clave de jangle pop clásico -sí, The Smiths o The Bluebells están ahí-, pasando al pop retozón de "The Canary", que podría reactivar hasta a un muerto, hablando de trabajo-basura ("I'm on a forty year long course") y resignación ("We ain't broke, we don't have to fix it") en vena.





La en apariencia apacible "Sprinters" (¿la mejor del disco?) pone en solfa las relaciones convencionales entre pasajes de atardecer paradisiaco, confluyendo en la segunda parte en unos incisivos teclados celestiales realmente inspirados y hasta estremecedores. "Die Pig Die" o la algo más ambiciosa "Ocean/Island" van en la onda de pop costumbrista pero corrosivo de The Housemartins. "Love & Taxes" habla de seducciones por interés, deporte y presión, y mezcla querencias baggy con otras más propias del shibuya-kei (piensen en Flipper's Guitar, por ejemplo).

En el tramo final, la hondura melancólica de "City Lights" o "Rapture 2", propias de un decadente y desesperado musical de Broadway y donde los roles se visten de trágica ironía y soledad militante, emparedan la algo más disco y optimista "Stepping On a Baby Bird", dejando la crueldad humana temporalmente en el banquillo.

Sparks lo ha vuelto a hacer: sin variar en nada el estilo ya consolidado en "Cacophony" o "Bugs Forever", reforzado por ese ep "Bubblegum" de la pasada primavera que también nos ha hecho tan felices, con la fruición vocal intacta, los pianos siempre tan deliciosos y su escritura en el mejor punto de cocción.

Feliz año nuevo: vamos a necesitar, como mínimo, los mejores deseos. Empezamos por esta (gran) señal.


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