El ritmo despiadado de la actualidad obliga a una cierta paciencia a la hora de seleccionar aquellas grabaciones que soporten una escucha completa sin aburrimiento, condescendencia o forzosa empatía, merecedoras de un hueco importante más allá de hypes y entusiasmos de quita y pon. Algunas de aquellas saltan más o menos a la vista, otras muchas, además de calma, requieren de criterio a la hora de sonsacar virtudes de largo alcance.
Hasta ahora, la música de la holandesa -afincada en Reino Unido- Tessa Rose Jackson se resistía a provocar un balance plenamente satisfactorio, ya fuese a su nombre o con el alias de Someone, y que ya acumula cinco referencias (dejando al margen la banda sonora para una miniserie facturada en su país natal), incluyendo este reciente "The Lighthouse".
Jackson aparca, quizá momentáneamente, el andamiaje sintético con el que sazonaba aquí y allá diversos momentos de pasados ítems para centrarse en un folk preciosista -aviso- no especialmente original pero, y esto es lo importante, sí tremendamente cohesivo en su última entrega. Desde la pieza homónima con la que arranca el disco, donde podemos oler hasta el detalle el salitre de ese faro impertérrito donde la protagonista se refugia con el propósito de sanarse de una borrosa separación, potenciada tanto por una discreta slide como por unos recios arreglos de cuerda, pasamos por la muy sutilmente psicodélica "The Bricks That Make the Building", que recuerda a la disposición élfica de Linda Perhacs, y terminamos en la confidencialidad de un Nick Drake en "Gently Now", "By Morning" o "Grace Notes", donde replica esas caídas melódicas del de Tanworth-in-Arden entre telarañas acústicas.
"The Man Who Wasn´t Here" aprovecha el título de los Coen para tensionar entre coros incisivos el híbrido entre el art-pop y el gótico americano y, hacia la mitad, incorpora más músculo con guitarra, bajo y batería que la podría acercar tanto a 10.000 Maniacs como a Cate Le Bon -"Dawn", con unos teclados simples pero encantadores, o "Fear Bangs the Drum"-, a Edie Brickell -"Built to Collide"- o a James Yorkston -"When Your Time Comes"-, en definitiva a esa combinación que recoge la post-new wave convencional de los ochenta con tiras de country-pop más o menos para todos los públicos.
"The Lighthouse" no se distingue por canción alguna que despunte por encima del resto: todas cuentan, fibrosas y con gran plasticidad, para un buen rato de sentido disfrute que, al fin y al cabo, ¿es lo único que cuenta?.
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