miércoles, 25 de marzo de 2026

Bill Pritchard, "Haunted"

 



Gracias al sello Tapete Records, especializado en la recuperación de viejas glorias -a veces no tan viejas y otras no tan gloriosas, pero siempre con enorme buen gusto- estamos pudiendo disfrutar de la segunda vida artística de Bill Pritchard. En su momento de irrupción -segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa-, para el de Walsall no fue suficiente con contar con la venia de Françoise Hardy -quien participara haciendo segundas voces en "Tommy & Co.", single para el tercer disco solista de Pritchard "Three Months, Three Weeks & Two Days" de 1989-, o hacer un extraordinario álbum a medias con el enfant terrible de la new wave francesa Daniel Darc -"Parce Que", de 1988- o entrar en nómina en un disco tributo tan esclarecedor y en su día mediático como "I'm Your Fan" en homenaje a Leonard Cohen: el nombre de Bill Pritchard quedó relegado para siempre al estatus de mera nota a pie de página de la historia del pop -o prácticamente borrado de la misma-, descontándole de la posteridad toda su presencia como magnífico hacedor de canciones clásicas de pegada exquisita.




Que haya podido grabar con gran periodicidad en los últimos tiempos -tras ver languidecer su trayectoria a finales de los noventa- no deja de suponer un pequeño triunfo para la justicia poética. "Haunted", su última grabación, recupera más que nunca el savoir faire de algunos de sus discos más valiosos, como el citado "Three Months" o "Jolie", gracias a canciones henchidas de vida e inmediatez como las iniciales "Perpetual Tourist", "Lillie" o "Smile", doctas muestras de recio jangle pop.

Más soul-folk son "The Quarter", "Suburb of the World" o "Intrigue and Wonder", dejando "Sweet Melody" como esparcimiento a costa del minué con el fin de tomar respiro hacia el ecuador. Para los momentos de intimismo más incondicional -que más retrotraen en su estado de ánimo a su "Half a Million" de 1988- quedan la propia "Haunted", "Imperfect" u "Oxygen", alzándose esta última como síntesis magistral sobre una caligrafía acotada a lo esencial: sin rodeos y directa a ese corazón todavía manifiesto.

Su mejor disco desde 1991.

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