lunes, 8 de junio de 2026

Orwell, "Composite"

 



Independientemente de la calidad -algo fluctuante, pero siempre notable- de las canciones de Jérôme Didelot a lo largo del tiempo, hay una cosa que jamás se le podrá rebatir u objetar al francés, tanto en su marca principal Orwell como en el resto de proyectos en los que se haya podido aventurar -incluido un disco de versiones de Simple Minds (!) o el plan paralelo Son Parapluie, con Isobel Campbell, entre el el dub y lo ye-yé, entre otros-, y es esa capacidad para sonar de manera impecable, compulsivamente cuidadosa y absorbente. "Composite" no es excepción y, además, amenaza con conformarse como su trabajo más logrado desde el muy recordado por estos lares "Continental" de 2011.

Arranca el arreglo inicial de "Tout n’arrive qu’à moi" que tanto recuerda al "Make Believe" de Kero Kero Bonito, aunque la canción en sí vaya por derroteros muy diferentes. Ahí ya está el método completo Didelot en su máxima expresión: voz arriba, sinte afortunadamente presente, acústicas acariciando lo justo, bajo delgado pero eficaz y arreglos de violonchelo o flauta proporcionando una creciente y definitoria intensidad. Solo a él le pasa -y a muy pocos más- que sabe cómo ensamblar a la perfección todo esto, mezclarlo con finura y sonar a la vez fresco y maduro: pop imperecedero. "Dans tes rangs", algo más electrónica y oscura, es un canto (elegíaco) a la búsqueda de la inspiración, que no siempre se muestra reconocible. La beatífica -atención a los soberbios coros de Anthéa Faure-Pouget- y algo rococó "Chercher sans relâche", una de las más destacadas, la firmaría sin pestañear el mismísimo Louis Philippe. "Tout jusqu’au bout (Soltanto)" tiene el mejor estribillo de la serie y es, toda ella, una lección de espaciosa expresividad y de emoción contenida.




La segunda mitad ahonda en el gusto en lo adhesivo y lo ambiental, con filtros de cuerda a lo John Barry en "The Goodbye Tree", a sus adorados The High Llamas en "Extralucide", o con querencia por la nana electrónica a la manera de los Portofinos de Raymond Scott en el instrumental que da título al álbum.

El que sigue la consigue (otra vez).


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