Esta tenía que haber sido la primera entrada del año del blog. De hecho, la canción "Little Things" fue la que inauguró mi lista de Spotify de 2025 allá por la Noche de Reyes, pero el motivo del retraso en escribirla se ha debido a una inicial reticencia a repetir artistas en mis reseñas, reticencia que procedo a anular provisionalmente. Y es que la ocasión merece saltarse la norma autoimpuesta ya que "Bugs Forever", el cuarto disco del artista británico Sam Sparks bajo el sobrenombre de Gumshoes -el despertador de la temporada por segundo año consecutivo- sigue siendo, a fecha de hoy, el mejor del año para quien esto suscribe junto con el "Teatro" de Marianne Mirage.
"Bugs Forever", lo primero que demuestra es que "Cacophony" (2024) no fue una casualidad, un mero acierto aleatorio. Sparks ha decidido acertadamente dar continuidad al estilo de pop sarcástico y travieso de la anterior entrega, y reincidir en el estilo selecto a la hora de componer y arreglar, con el talento para confeccionar sugestivas rodajas de fibrosa canción atemporal otra vez de su parte. Con todo ello se ha convertido por derecho propio en la realidad más preclara del pop independiente de nuestros días.
Por si fuera poco, además persiste en regar con destreza un concepto hilarante para el conjunto de las canciones. En este caso es una especie de distopía (según se mire: para muchos podría tratarse de una maravillosa utopía) sobre un apocalipsis donde los insectos sean los que controlen y decidan el futuro del planeta, dando su versión de los hechos. También puede verse como una metáfora sobre la situación actual, sin tener que ir a algo muy futurible: el gusanismo en el que estamos inmersos.
El sello absolutamente british del proyecto está más presente que nunca (si cabe), pudiendo rastrear a modo de especulación las huellas de The Band of Holy Joy -"Cockroach Song"-, The Colourfield -en la citada "Little Things"-, The Beautiful South -"The Floor is Yours"- o Hefner -"Paradise is Green"- entre sus acordes. Una estilización y una exuberancia instrumental -entre lo burlesco y cierto aire lánguido- que consiguen una vez más hacernos casi olvidar, gracias a su intuición y muy buen hacer técnico, que estas creaciones están grabadas y editadas en un estudio casero.
Baila la catástrofe hasta el último aliento, canta a voz en grito el derrumbe de la civilización. Y recuerda: de una u otra manera siempre ocurre lo mismo.
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