sábado, 28 de junio de 2014

Poesía polaca del Romanticismo





Históricamente en una encrucijada geopolítica de consecuencias a menudo fatales, Polonia y sus conciudadanos han hecho del patriotismo una cuestión vital más allá de las preferencias políticas y sociales de cada uno.

Acostumbrados a lidiar con el exilio mientras los países vecinos (principalmente Rusia, Alemania y el imperio Austriaco) se repartían avariciosamente sus territorios, muchos de los relegados al oprobio de hacer las maletas y a convertirse en unos forzosos parias alimentaron su particular trayecto a Ítaca a base de retroalimentar un amor y una identificación con la nación polaca lejos de fáciles interpretaciones chauvinistas.

El Romanticismo polaco (admirablemente reunido en castellano gracias a la titánica labor de Fernando Presa González, entusiasta mayor de la cultura de aquel país, y más tratándose de una edición "popular" de bolsillo) el romanticismo polaco centró gran parte de sus esfuerzos en dicha reivindicación vernácula, como atestiguan los versos de  sus cuatro poetas mayores en dicho periodo -al que habría que sumar un quinto elemento como el compositor Chopin para dar con la foto artística más exacta de aquellos turbulentos periodos-. Con Francia como principal centro de operaciones de estos refugiados intelectuales (con especial intensidad durante el espejismo de una recuperación nacional gracias al hipotético apoyo de Napoleón, además de que era referencia literaria desde los tiempos del Clasicismo), muchos de ellos utilizaron la resurrección de Cristo como metáfora periódica para alimentar la añorada independencia de su país de las sucesivas ocupaciones. Dicho misticismo, como bien indica Presa en el estudio introductorio, desembocará en toda una “apología del sacrificio como redención frente a la realidad histórica”  conectando de paso con algunas constantes del género literario que abrazarían todos ellos: el culto a las formas irracionales, el sentimiento, la fantasía o las alucinaciones.





Adam Mickiewicz

Activista político, inaugurador de la corriente romántica en su país y amigo personal de Pushkin (todo un bastión del movimiento), pasó de los tonos orientales y coloristas de sus inicios a un creciente compromiso con las temáticas religiosas. Destaco su largo poema “Romanticismo”, con referencias a Shakespeare, que habla de una mujer extasiada en mitad del recuerdo de su amado mientras las gentes del pueblo tratan de sacarle de sus fantasías y delirios; a su vez, un tercer personaje –el narrador omnisciente-, en la parte final, defiende a toda costa a la chica y su incómodo discurso, priorizando lo irracional respecto a lo lógico:

“La muchacha siente (…)
y el pueblo cree profundamente;
el sentimiento y la fe me hablan con más fuerza
que el ojo y la lupa de un sabio”





Juliusz Slowacki

Enfrentado al propio Mickiewicz por acusar éste al padrastro de aquél de traidor al servicio de los rusos, trabajó en el ámbito de la diplomacia y fue un entusiasta seguidor de la literatura española (con Calderón y Cervantes a la cabeza). También mezcló exaltación patriótica con misticismo y confrontó su apoyo explícito al pueblo polaco sobre todo desde las clases más humiles con la transmigración de las almas. Igualmente contribuyó desde el destierro a mover los hilos desde la agitación política con el fin de lograr la liberación de Polonia. Y es que lo suyo fue desde siempre una continua fluctuación entre la “Separación” y la “Admiración”:


“Aunque ahora mis ojos no te alcanzan,
ya que conozco tu casa, y los árboles del jardín, y las flores,
sé dónde dibujar con el pensamiento tus ojos y tu figura,
y sé entre qué árboles he de buscar tu vestido blanco.

Pero tú inventarás los paisajes en vano,
los platearás con la luna, los iluminarás con la aurora.
ignoras que hay que abrir el firmamento, tumbarse
bajo las ventanas y nombrar con el azul del lago.”
(“Separación”)


“¿Por qué negaría, ¡oh, Señor!,
que tiritaba y me moria de miedo?

¿Por qué negaría mi temor
y que en el edificio de mi Señor yo temblaba como una hoja?

No sentiría tanto miedo, Señor,
ni aunque estuviera bajo una pared de espadas.

Aunque sufriera lo mismo que los santos,
no perdería ni mi saber ni mi memoria.
(“Admiración”)





Zygmunt Krasinski

Ahijado del mismísimo Bonaparte e influido convenientemente por Sir Walter Scott, Lord Byron o Schlegel, defendió siempre la independencia de su país por los métodos pacíficos y consensuados, lo que siempre le granjeó más de alguna enemistad con sus coetáneos. Fue durante casi toda su vida el “poeta anónimo de Polonia”, ya que firmaba casi siempre confundiendo a críticos y editores sobre su identidad. Al contrario que Slowacki, veía en la aristocracia la única clase social con legitimidad para sustentar los valores éticos y religiosos de la sociedad polaca. Escribió “La No Divina Comedia”, una obra sobre el conflicto latente entre el hombre, su capacidad cognitiva y la idea de Dios. Quizá sea el más refinado y completo de los cuatro.


“Coge esta sencilla cruz blanca. ¡Que ella cuide de ti
durante el largo y triste viaje de la vida!
En este eterno entierro de esperanzas y sueños,
llévala entre tus manos, cual azucena, ya que no conociste la rosa.

Y cuando, antes o después, en luto solitario
la cinta de mi vida se acabe en esta tierra,
esta cruz, ¡oh, María!, colócala en mi tumba,
y ella nos unirá con la memoria.”
(“Coge esta sencilla cruz blanca”)






Cyprian Kamil Norwid

Obsesionado con el Quijote (que utilizó como metáfora respecto al devenir de Polonia), trató a menudo sobre la desventaja del artista humilde en una sociedad elitista cerrada y a menudo intransigente. Fue precursor del simbolismo y estructuralmente hasta del surrealismo, y cultivó la abstración en el verso al punto de teorizar al máximo sobre cualquier tema recurrente con el objetivo de lograr una autonomía ideológica total. “Contrario al liderazgo cultural de la nobleza polaca” (como nos recuerda Fernando Presa) y fuertemente anti-nacionalista, fue el dandy polaco por excelencia hasta el final de su vida –sumido en la más absoluta de las miserias, por cierto-. Se deduce del siguiente verso que fue un defensor del arte como expresión absoluta frente a la caducidad del ser humano:


“La muerte atañe a las personas, no a las situaciones”
(“La Muerte”)







Nota: El motivo de la portada y el resto de imágenes son reproducciones de cuadros de Witold Pruszkowski, pintor polaco de la segunda mitad del siglo XIX.

jueves, 26 de junio de 2014

Juan Luis Guerra y 4.40: 1985-1990





Al grano: la segunda mitad de los ochenta fue el lustro de revelación y consolidación de uno de los estandartes más aperturistas, cosmopolitas y populares de la música caribeña de los últimos tiempos. Gracias al colectivo dominicano 4.40 el merengue –ese género trepidante y porfiado- abandonó gran parte la rigidez de sus estructuras melódicas habituales (con Dioni Fernández y el Fania All Stars Wilfrido Vargas a la cabeza como ejemplos de un estilo algo inamovible) para abrazar un eclecticismo vibrante con un oído puesto en los sonidos anglosajones (The Beatles, el jazz norteamericano) y otro en la siempre despierta conexión con el son cubano, además de otras influencias imprevisibles lejos del más inmediato de los radios de acción.

La secuencia que va del segundo al quinto álbum del grupo es una de las noticias más felices que tuvo a bien el despegue comercial de los sonidos más calientes en gran parte del mundo por aquellos años. Subrayar este hecho y hacer hincapié en él no es sino un acto de justicia poética del que nos sentimos en la obligación de hacernos eco.





Después de un primer lp insustancial y pragmático –“Soplando” (WEA, 1984, también bautizado como “El Original 4.40”-, escorado al jazz latino (con algunas influencias del samba carioca) donde brillaban por su ausencia canciones memorables y tenían mucho más peso las evoluciones ceñidas a lo más prosaico del género, todo cambiaría al año siguiente cuando, gracias a la bendita intuición de Bienvenido Rodríguez, capo de Karen Records –donde Juan Luis permanecería hasta mediados de la década de 2000-, la formación decide abandonar los “purismos” del debut y lanzarse a tumba abierta hacia sonidos más comerciales pero no por ello menos audaces.





“Mudanza y acarreo”(1985) es el primer aldabonazo a tan celebrada transformación. Contiene el primer hit compuesto por Guerra –“Si tú te vas”- con los inconfundibles relevos en las estrofas a cargo de todos los vocalistas del grupo, en especial Mariela Mercado, que con su paso por el proyecto hasta 1989 simboliza en gran parte el periodo más fértil de la formación. Pero además pasará a la historia por ser el disco donde le dieron la vuelta al “Yo vivo enamorao” de Camarón de la Isla –incluida inicialmente en el “Calle Real” de éste-, donde la segunda vocalista femenina, Maridalia Hernández, reconstruye parte de la letra original, dando como resultado un brillante e inesperado ejemplo de ‘nuevo flamenco’ cuando el término apenas había echado a andar a través de la cruzada de Nuevos Medios. José Monge “Camarón” les devolvería el homenaje interpretando su “Amor de Conuco” dentro del “Soy Gitano” de 1989. El apartado de versiones célebres se completa con una sorprendente versión del “Don’t Stop ‘Til You Get Enough” de Michael Jackson –aquí denominada “Dame”- y sus electrizantes arreglos de viento.

Otros dos momentos altamente destacables: “Elena”, donde Guerra empieza a mostrar sus contrastadas dotes como cronista social –siguiendo la estela de autores como Rubén Blades-, narrando las duras peripecias de la inmigración suramericana en pleno Manhattan -con inevitable final trágico incluido-, y “Ella dice”, un medio-tiempo de estribillo rotundo, primer baluarte melódico de la revolución tranquila emprendida por sus protagonistas dentro del merengue.





“Mientras más lo pienso… tú” (1987) afianzará definitivamente la línea emprendida en el disco anterior, si cabe superándolo en la apreciación global de ambos repertorios. Además de la citada “Amor de Conuco” –todo un homenaje a campesinado dominicano, reforzado por una bucólica línea de acordeón- tenemos “Me Enamoro de Ella”, donde Juan Luis describe un amor imposible –y deducimos que no correspondido- que “no sabe de cuentas”, impagable en su destreza melódica y su afinado análisis de una sociedad tan clasista y desigual como la de la república caribeña.

Mi favorita de todo el repertorio de 4.40 viene en este disco e, involuntariamente, da titúlo genérico al álbum: “Tú”, de una contumacia pop rayana en la perfección, un prodigio de canción melódica, romántica y elegante. En una orientación muy similar –aunque algo más inclinada a la bolerización de la bachata- despunta igualmente “¡Ay!, mujer”, impregada de una poesía clara y sencilla siempre acorde al tempo de la canción. “Mientras más lo pienso” es, seguramente, su mejor disco.





“Ojalá que llueva café” (1989) fue el primer éxito planetario del combo, más allá del prestigio que hasta ese momento habían adquirido sus cassettes previas entre las pioneras hordas de recién casados extranjeros a la isla. Milagroso: fue un disco que logró poner de acuerdo a viejos “progres” de la cuerda revolucionaria centroamericana con yuppies necesitados de credibilidad más allá de los predicamentos sintéticos de la new age; a modernos contagiados de la epidemia tardo-ochentera del mestizaje con habituales de las implacables FMs del momento. La canción titular abrió la caja de los truenos de la nueva fiebre por los ritmos al otro lado del atlántico y es, con razón, un clásico a favor de la erradicación de la desnutrición infantil y la pobreza en general: un himno.

La crítica al capitalismo y la alienación laboral de “Visa para un sueño” y la versión de  “Woman del Callao” (“tiene mucho hot, tiene mucho tempo”, original de los venezolanos Un Solo Pueblo) son otros highlights de un disco que ya empieza a incorporar manifiestas influencias de los vecinos marítimos a través del son y la salsa (“Razones”), así como del mbaqanga (“Reina Mía”) y el pop internacional (“De tu boca”).





“Bachata rosa” (1990) cierra el periodo más dulce y fructífero de Juan Luis Guerra y 4.40. Personalizados ya al máximo en la figura desgarbada e idiosincrática de Guerra, “Bachata rosa” supuso otro incuestionable bombazo comercial, un producto repleto de hits a cual más impagable  ahondando en la vertiente más sensible e íntima de la fórmula. Buena prueba de ello es, por una parte, la canción que da título al disco y, por otra “Burbujas de amor”, con esa nada disimulada colección de metáforas eróticas de una osadía no al alcance de cualquiera. Por el lado más festivo están “A Pedir su mano” y “La Bilirrubina”, con esa apoteósica manera de rimar en consonante. Más salsa –“Carta de amor”-, mbaqanga –la propia “A Pedir su Mano”- y denuncia política –“Acompañeme Civil”, que habla a las claras, con una irreverencia cuasi-punk, de la corrupción institucionalizada a base de sobornos y prebendas- en lo que es, junto con “Mientras más lo pienso… tú”, su disco más completo.






Tras este disco terminó por imponerse la individualización de la propuesta, sumando hasta hoy discos con algunos buenos momentos pero ya lejos de la inspiración original que marcó un antes y un después en la revitalización de los sonidos de raíz hispanoamericana a nivel masivo. Sabroso mainstream.

martes, 24 de junio de 2014

Alicia o la última fuga (Claude Chabrol, 1977)





A priori la década de los setenta aparece como la más interesante y fructífera en la carrera de este parisino de filmografía kilométrica. A “El Carnicero” e “Inocentes con las manos sucias” habría que sumarle esta “Alice ou la Dernière Fugue” como de lo más conseguido por Chabrol en dicha etapa. El film tiene dos reclamos: el protagonismo de Sylvia Kristel –actriz fetiche de la saga “S” de “Emmanuelle”- y una temática –fantástico materialista- que, si bien no se aleja en exceso de muchas de las obsesiones del director francés, si que tiene a bien desplazar algunas de las constantes noir sobre las que se apoya gran parte de su cine.

En lo que respecta a Kristel decir que, si bien no es precisamente un prodigio de la interpretación, dicha desventaja sin embargo juega inusitadamente a su favor en su papel en “Alicia”. El escaso carácter y la limitada expresividad en la actuación dota de mayor credibilidad a su personaje: una mujer necesitada de romper los lazos en su relación sentimental decide realizar una huida hacia delante sin un destino concreto, deambulando por todo el metraje como un alma en pena, como ida, aceptando sin excesivo criterio los extraños e incomprensibles sucesos que se van acumulando en la cinta.





Podemos pensar, tras coger el coche y acabar en una extraña mansión en mitad de la noche por culpa de un golpe en la luna delantera de su vehículo que la hace desistir de continuar su viaje, que dicha actitud viene dada por la entrada a una dimensión diferente a lo vulgarmente conocido, pero es ya desde el primer minuto –cuando le comunica a su pareja que le abandona, en un arranque de la película, por cierto, bastante abrupto- donde detectamos esa marcada ausencia en el semblante de la estrella.

Hay mucho de homenaje al “Psicosis” de su admirado Hitchcock –a pesar de la dedicatoria expresa a Fritz Lang al comienzo- en el giro argumental del inicio cuando, tras un trayecto en coche en mitad de la lluvia, llega a la casa misteriosa con el único empeño de pasar la noche tras el imprevisto automovilístico. También de la por entonces reciente “El Unicornio” de Louis Malle, aunque sin el aparato grotesco y delirante de ésta. A partir de ahí se sucederán apariciones –de una naturaleza imprevista- y otro tipo de detalles artísticos de índole pictórica como esa recreación del “Moonrise at the Sea” de Friedrich en la habitación de invitados. Añadir referencias literarias de suspense cósmico como "La casa en el confín de la tierra" de Hodgson o "El fantasma de la mansión Guir", de Charles W. Beale.





Es un fantástico de corte naturalista con previsibles referencias a Lewis Carroll –intérprete femenina que se adentra en una especie de universo paralelo del que no puede salir- con más intriga que ensoñación fabulosa y más misterio que juego ocurrente. El guiño se extiende al propio apellido de la interfecta.

Afortunadamente la película no se recrea –en exceso- en el reclamo explícito de Kristel ni en la desafortunada técnica del zoom que arruinara tantas películas de aquel momento. Por el contrario, juega con la sutilidad del subconsciente –Alicia se resarcirá de su mala experiencia matrimonial elogiada por cuanto espontáneo hace acto de aparición en los recintos de su improvisada prisión- y potencia la mesura a la hora de solventar cuestiones irracionales.


Eslabón perdido –ni siquiera es de las más recordadas de Chabrol- entre “La Semilla del Diablo” y “El Sexto Sentido” o “Los Otros”, se trata de una feliz rareza en la obra del más policiaco de los directores de la Nouvelle Vague.

lunes, 12 de mayo de 2014

Canciones y poemas de amor, de John Donne






A continuación los tres poemas más destacados de este autor isabelino contemporáneo de Shakespeare incluidos en esta recopilación de Hiperión:


THE LEGACY

When I dyed last, and, Deare, I dye
As often as from thee i goe,
Though it be but an boure agoe,
And Lovers houres be full eternity,
I can remember yet, that I
Something did say, and something did bestow;
Though i be dead, which sent mee, i should be
Mine owne executor and Legacie.

I heard mee say, Tell her anon,
That my selfe, (that is you, not I)
Did kill me, and when I felt mee dye,
I bid mee send my heart, when I was gone,
But I alas could there finde none,
When I had ripp’d me,’and search’d where hearts did lye;
It kill’d mee againe, that I who still was true,
In life, in my last Will should cozen you.

Yet I found something like a heart,
But colours it, and corners had,
It was not good, it was not bad,
It was intire to none, and few had part.
As good as could be made by art,
It seem’d; and therefore for our losses sad,
I meant to send this heart in stead of mine,
But oh, no man could hold it, for twas thine.


Uno de los poemas paradójicos más conseguidos, en el que Donne retuerce la temática necrofílica -su propia muerte como metáfora de la distancia entre el sujeto omnisciente y su amada, que termina desembocando en una ensoñación de pérdida conjunta- y recurre al objeto simbólico por antonomasia: el corazón. Es una omnisciencia que  aspira a ser total y destructora, manipuladora y fatal.




Es tal la torsión lingüística -“Me oí decir: “Ve y dile que yo mismo (es decir, tú, no yo) me he dado muerte””- que roza el conflicto en la traducción a una lengua como el castellano donde la delimitación de los dos géneros diluye la pretendida sublimación de la ambigüedad en el idioma original. Esto, por tanto, hará resentir involuntariamente el resto de dicha versión, pero no arruinar la agudeza implícita del texto una vez traspasado.

Un corazón delator envuelto en una transmigración psicosomática y terrible, con la pérdida como pathos concluyente.


THE FUNERAL

Who ever comes to shroud me, do not harme
Nor question much
That subtitle wreath of haire, which crowns my arme;
The mystery; the signe you must not touch,
For ‘tis my outward Soule,
Viceroy to that, which then to heaven being gone,
Will leave this to controule,
And keepe these limbes, her Provinces, from dissoluttion.

For if the sinewie thread my braine lets fall
Through every part,
Can tye those parts, and make mee one of all;
These haires which upward grew, and strength and art
Have from a better braine,
Can better do’it; Except she meant that I
By this should know my pain,
As prisoners then are manacled, when they’are condemn’d to die-

What ere shee meant by’it, bury it with me,
For since I am
Loves martyr, it might breed idolatrie,
If into others hands these Reliques came;
As ‘twas humility
To afford to it all that a Soule can doe,
So,’tis some bravery,
That since you would save none of mee, I bury some of you


Más morbidez. Donne sustituye el objeto corazón, enhebrado casi siempre a la esencia amorosa y animista, por otro tipo de fetichismo conceptual –“porque es mi alma exterior”, aclara-, si se quiere algo más prosaico –se trata de una “guirnalda de cabello”- que desemboca en una pasión desinteresada –menos en su propia superstición-. El autor se desvive –gracias por soportar la broma- en adjudicar a este último objeto cualidades tanto sanadoras como, por si acaso –curándose en salud…-, condenatorias. Apuesta por otorgar al símbolo connotaciones no del todo determinantes con el fin de mantener así el suspense, ayudando con ello a darle un sentido equívoco que ensancha todas las posibilidades del poema.





A NOCTURNALL UPON S. LUCIES DAY, BEING THE SHORTEST DAY

‘Tis the yeares midnight, and it is the dayes,
Lucies, who scarce seaven  houres herself unmaskes,
The Sunne is spent, and now his flasks
Send forth light squibs, no constant rayes;
The worlds whole sap is sunke:
The generall balme th’hydroptique earth hath drunk,
Whither; as to the beds-feet, life is shrunke,
Dead and enterr’; yet all these seeme to laugh,
Comprar’d with mee, who am their Epitaph.

Study me then, you who shall lovers bee
All the next world, that is, at the next Springs:
For I am every dead thing,
In whom love wrought new Alchimie.
For his art did expresse
A quintessence even from nothingnesse,
From dull privations, and leane emptinesse:
He ruin’d mee, and I am re-begot
Of absence, darknesse, death; things which are not.

All others, from all things, draw all that’s good,
Life, soule, forme, spirit, whence they beeing have;
I, by loves limbecke, am the grave
Of all, that¡s nothing. Oft a flood
Have wee two wept, and so
Drownd the whole world, us two; oft did we grow
To be two Chaosses, when we did show
Care to ought else; and often absences
Withdrew our soules, and made us carcasses.

But I am by her death, (which word wrongs her)
Of the first nothing, the Elixer grown;
Were I a man, that I were one,
I needs must know; I should preferre,
If I were any beast,
Some ends, some means; Yea plants, yea stones destest,
And love; All, all some properties invest;
If I an ordinary nothing were,
As shadow; a light, and body must be here.

But I am None; nor will my Sunne renew.
You lovers, for whose sake, the lesser Sunne
At this time to the Goat is runne
To fetch new lust, and give it you,
Enjoy your summer all;
Since shee enjoyes her long nights festivall,
Let mee prepare towards her, and let mee call
This houre her Vigill, and her Eve, since this
Both the yeares, and the dayes deep midnight is.


A pesar de que el criterio del traductor a la hora de ordenar todos los poemas ha sido “siguiendo los cambios [d]el punto de vista del poeta respecto al amor”, me he dado cuenta de que de una manera absolutamente involuntaria e inconsciente estos tres que son mis favoritos aparecen alejados entre sí en la secuencia –sobre todo este último, que cierra el volumen-, conformando sin embargo una pequeña trilogía mortuoria con tantos puntos en común –principalmente el temático, evidentemente- que me parecen por tanto completamente armónicos entre sí.




Aquí el sentido de la pérdida se hace más universal, dando paso a más agentes (envueltos en una alegoría generacional), con lo que la explosión sublime de sensaciones alcanza un punto más extensible. El autor echa mano de una religiosidad puntual para hacer una pequeña gran reflexión sobre la herencia vital y artística –que no es otra cosa que la aceptación de una madurez declinante dentro de la sempiterna cadena evolutiva- en un marco incomparable, para reforzar la sensación de efímera existencia. Quizás mi favorito.

Otros interesantes son "El mensaje", "La aparición", "El jardín de Twickenham", "La paradoja" (cómo no, dado que él está considerado  un maestro de dicho recurso), "Hechizo por una imagen", "El final (una despedida)" o "El cómputo".