"Todos tus ídolos están ya muertos/y sus canciones de alguna manera son oraciones que recitas/cuando en tu cabeza todo va demasiado rápido/Copiaste sus tics (...)/tomaste sus costumbres obsoletas/y las repites con gracia/para olvidar que te sientes como un cobarde". De manera tan mortificante arranca esta colección de canciones (diez) pasadas de moda para aquellos que tienen el corazón roto. El último disco del crooner canadiense -estaría de más aclarar que de la parte francófona del país- Pierre Lapointe no se desmarca de su estilo habitual, pero ahonda como nunca en el laberinto emocional al que está afiliado desde su debut, disco homónimo publicado hace ya más de veinte años.
No esperen encontrarse con malabarismos electrónicos o densidades post-rockeras con el fin de actualizar su sonido a esta centuria: lo de Lapointe es deferencia absoluta hacia los clásicos de la chanson, adaptados siempre a la brisa del otro lado del Atlántico. Solo en su "Himno para los que no piden disculpas" ("Hymne pour ceux qui ne s'excusent pas"), mientras nos pone frente al espejo, a modo de alegato urgente, de los que nos decepcionaron y que nunca debieron rendirnos cuentas, Pierre transita entre controlados espasmos eléctricos que parecen anunciar la tormenta de estrellas de la que habla la letra. Un temporal muy diferente al de "Dans nos veines", la más breliana del lote (por ese cabalgamiento tan reconocible) y que celebra el amor con una intensidad desbordante.
"Le secret", después de tanta profundidad de cámara, suaviza el tono arrebatado que venía sucediendo hasta el momento y nos da el conveniente respiro, con un aire soleado a lo Henri Salvador, para ponerse de paso en la piel de alguien que se debate en salir del armario, seguramente, a todos los niveles.
El inmisericorde descreimiento de "Arrête de sourire" nos conduce sin demora al tétrico enfrentamiento con La Ineludible entre cuerdas de despedida, pianos que gotean igualmente sin compasión, y vientos de proximidad irrecuperable.
"¿A dónde irán nuestros recuerdos?" se pregunta susurrante Lapointe para cerrar con el mismo savoir faire con el que se abrió el disco. Dónde irán a parar nuestros sueños, nuestras huellas, nuestros chispazos de inestable felicidad... quizá a estas melodías que alguien tarareará un día sin darse cuenta. Las que luchan contra el olvido absoluto, ni más ni menos.
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